En cada barrio suele haber al menos una ferretería, comercio superviviente de un sector con no pocos artículos básicos para el hogar pero que pasa por tiempos de dura resistencia, cuando no extinción. En Cuatro Caminos, en A Coruña, cerró una ferretería veterana hace un mes. Otra muy próxima acaba de cumplir medio siglo. Con 43 años se mantiene Luis Lareo al frente del negocio con su nombre en el Agra.
"Esto desaparece". Es contundente este pontevedrés de 86 años, "muy contento con ellos", que desde que "por casualidad" entró en el bajo del número 20 de la calle Villa de Negreira ha estado suministrando herramientas y variedad de utensilios domésticos y de bricolaje al barrio. "Es la única ferretería que queda en esta zona, la más cercana está en O Ventorrillo".
Sin quitarse los guantes negros con los que arregla piezas y aparatos en la tienda, Luis Lareo repasa su trayectoria laboral en un relato salpicado de interrupciones que aprovecha para reflexionar sobre el trabajo, las ayudas del Estado, la juventud o la actualidad del mundo contemporáneo.
Nacido en Vila de Cruces en una familia de herreros, emigró con los suyos a Sudamérica, con escalas en Brasil, Colombia y Venezuela. "A los 13 años ya estaba trabajando, aprendiendo de todo".
Útiles de bricolaje y herramientas en el escaparate del negocio de Luis Lareo.
La ferretería y la construcción fueron sus primeros ámbitos de trabajo, aunque de regreso a España pasó una temporada en Madrid "repartiendo leche por toda la ciudad".
En A Coruña vendía material de ferretería cuando un día entró en un almacén que tenía en Villa de Negreira Suministros Industriales del Noroeste (probablemente se refiera a Suministros Técnicos de A Coruña, Sutenor). "Empecé a trabajar con ellos, pero pronto me quedé con el negocio, lo convertí en ferretería", repasa.
Tras una etapa breve junto a un socio, la tienda, a la que Luis Lareo llamó con su nombre, se asentó en el Agra do Orzán. "Y así pasó el tiempo, poco, 43 años nada más".
Un sector "sin voluntad" de continuar
Podría haberse retirado hace años, pero este veterano ferretero admite que disfruta con lo que le gusta y celebra que la salud le acompañe.
"Haría falta continuar con este negocio, pero no hay voluntad", asume Lareo. "Además, aquí trabajas y al final te queda poco para ahorrar. Y hoy internet es una lacra para el sector".
Entrada a la ferretería de Luis Lareo en Villa de Negreira.
No parece haber pasado el tiempo en el interior del comercio, donde, al contrario que otros del ramo, no se acumulan productos y artículos en estanterías y cajones. "Nunca me interesó tener mucho material, porque si compras en cantidad pronto sube el precio y te lo quedas para siempre", explica, recordando "tornillos que llevan en el almacén desde hace cuarenta años".
En el mostrador reposa sobre una base de madera la rama de un árbol pulida para que un gato doméstico pase por ella sus zarpas. "Me la pidió un cliente una vez y nunca vino a buscarla". Un zapato de bebé está apoyado entre el pequeño tronco y una rama ya sin hojas. "El niño debe haber hecho ya la mili".
