Mostrador de la carnicería Pícaros
El precio de la carne de vacuno se dispara en A Coruña: "La gente de las aldeas ya no quiere criar"
El encarecimiento de la ternera desplaza el consumo hacia carnes más económicas como el pollo o el cerdo
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El precio de la carne en canal alcanza subidas históricas, disparándose un 32% en el último año, al pasar de 6,10 euros a 8,05 euros por kilo, según un informe publicado por la Fundación Juana de Vega. Un contexto económico que las carnicerías de A Coruña confirman que ya está repercutiendo en sus negocios. "En 40 años en esta carnicería no me había encontrado con una situación así", explica Ángel Campo, propietario de la carnicería Campos. "Nos está costando conseguir ternera suprema, incluso hay compañeros que me dicen que ya no la encuentran", añade.
El estudio, titulado 'El sector del vacuno de carne en Galicia: situación actual y evolución reciente', explica que el sector cárnico atraviesa un escenario "marcado por una fuerte tensión entre oferta y demanda", una dinámica que no es exclusiva de Galicia, sino que se produce también a nivel europeo.
Esa presión sobre la oferta la notan directamente los carniceros. "La gente de las aldeas ya no quiere seguir criando vacas; se jubilan los mayores y no hay relevo generacional", señala Rubén Bodelo, propietario de la carnicería Pícaros. A esto se suma, añade, la exportación de ganado al extranjero, lo que reduce todavía más la disponibilidad de reses en el mercado local. Miguel Rodríguez, propietario de carnicería Miguel, coincide en ese diagnóstico: "No hay muchos animales de raza autóctona de aquí, ese es el gran problema. El sector agropecuario está bastante tocado y cada vez hay menos producto".
Galicia se mantiene como la principal comunidad autónoma en explotaciones de vacuno de carne en España, el 23% del total. Sin embargo, la producción es menor que hace una década y con una pérdida del 24% de las explotaciones desde 2021.
El comprador opta por el pollo y el cerdo, frente a la subida
La subida de precios ya se refleja en el bolsillo del consumidor. "Hace dos años una canal de ternera suprema de 200 kilos costaba unos 1.500 euros; hoy esa misma canal ronda los 2.100", detalla Campo. Ese incremento obliga a repercutir costes especialmente en las piezas nobles, como filetes, chuletas o solomillos. En Pícaros, los precios actuales ilustran bien la diferencia: un kilo de filetes de ternera alcanza los 22,90 euros, frente a los 8,90 de la chuleta de cerdo o los 9,90 del filete de pollo. Miguel Rodríguez añade otro ejemplo: "Hace dos o tres años se podía comprar un ternero del país a unos 7 euros el kilo; ahora estamos hablando de 10 euros. Es casi un 30% más".
Ese encarecimiento está modificando también los hábitos de compra. "La gente, al tener que pagar más, compra más pollo y cerdo", explica Bodelo. "No todo el mundo puede pagar filetes de ternera a 22 o 23 euros el kilo", añade. En la misma línea, Rodríguez confirma ese cambio en el consumo: "A poco que sube el producto, la gente ya es más reacia a comprar. Al final todos actuamos igual: tienes que limitar gastos y adaptarte a lo que realmente puedes hacer". Aun así, ambos carniceros coinciden en que la demanda se mantiene, aunque más contenida y selectiva.
También, se identifica como uno de los principales riesgos estructurales la falta de relevo generacional en el sector ganadero, "agravada por las importantes barreras de entrada". Entre ellas destacan el elevado coste del ganado, el incremento de las inversiones iniciales necesarias, el encarecimiento de los materiales y la complejidad burocrática dificultan la incorporación de nuevos productores.
Los carniceros sufren ese impacto en cadena. "Lo que más quebraderos de cabeza me da es la hostelería", reconoce Campo. "Pactas un precio y a los dos meses tienes que volver a decirles que ha subido. Intentas no repercutir todo lo que te suben a ti, pero es una lucha constante", destaca.
En medio de un escenario de precios elevados, el sector presenta una capacidad muy limitada para aumentar la producción en el corto plazo. "Viene determinada, en gran medida, por el propio ciclo productivo del vacuno de carne", señalan. Ya que la incorporación de nuevas vacas nodrizas y su entrada en producción requiere sobre tres años, lo que impide una respuesta rápida de la oferta para paliar la subida de precios.