Vista aérea de Santiago de Compostela (izquierda) y Lugo (derecha)
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La batalla silenciosa que está cambiando desde dentro a la Galicia de la teja y la pizarra
Arquitectos y expertos explican cómo han evolucionado las cubiertas gallegas, por qué la estética gana peso frente al precio y qué papel juega la normativa en un paisaje que mantiene su identidad
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La imagen es una de las más reconocibles de Galicia vista desde el cielo: una mitad occidental teñida de tonos rojizos por los tejados de teja y otra oriental dominada por el gris azulado de la pizarra. Una frontera casi perfecta que durante siglos ha definido el paisaje de la comunidad y que responde a factores como la geología, el clima, la tradición constructiva o la proximidad a los materiales.
A día de hoy, la pregunta más pertinente sobre este asunto ya no es tanto por qué Galicia se cubrió de teja en unas zonas y de pizarra en otras, sino si esa fotografía aérea seguirá siendo la misma dentro de varias décadas. La respuesta de arquitectos y especialistas apunta a que sí, aunque con importantes matices.
“En el futuro, la imagen de Galicia desde el aire será bastante semejante en cuanto a las cubiertas de las edificaciones, pero no en general, porque el territorio se está transformando drásticamente con la construcción de infraestructuras y con las políticas forestales y energéticas”, explica el diseñador y consultor Xoán Mosquera Muíños.
Aunque tradicionalmente se ha asociado la elección entre teja y pizarra a cuestiones económicas, los expertos consideran que esa explicación resulta insuficiente.
Lo que más suele condicionar el precio es la preferencia estética
Xoán Mosquera Muíños, diseñador
“El precio entre pizarra y teja no es un factor decisivo. Sí que es influyente a la hora de emplear materiales originales o materiales que imiten el aspecto de estos. La que más suele condicionar es la preferencia estética”, sostiene Mosquera.
El especialista recuerda que los materiales también siguen modas. “Muchas veces hay algún tipo de material que se adscribe a una imagen de prestigio durante una determinada época y que, curiosamente, a causa de abusar de él se devalúa y acaba dando un pendulazo al lado contrario”. Como ejemplo cita lo ocurrido entre los años setenta y principios de los ochenta: “La pizarra estuvo vinculada a un imaginario de prestigio, como los chalets, y esto provocó que la teja saliera temporalmente de sus zonas de aplicación habituales”.
En esa misma línea, Natalia Alvaredo, responsable de la Comisión de Urbanismo del Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia (COAG), rechaza que exista un único factor determinante a la hora de escoger una cubierta.
“No se puede hablar de factores predominantes, ya que en cada situación prevalecerán unos u otros. La normativa urbanística, el hecho de ser obra nueva o rehabilitación, el contexto cultural y material, la tipología de la edificación o las exigencias técnicas, entre otros, pueden decantar la elección del sistema de cubierta, pero habitualmente es un conjunto de variables las que lo acaban determinando”.
Una normativa cada vez más pendiente del paisaje
Si bien los factores son múltiples, lo cierto es que la legislación ha ido adquiriendo un peso creciente en la configuración del paisaje de las cubiertas gallegas.
“El origen de esto está en el miedo a la pérdida, porque localizamos en el pasado una identidad tradicional respecto a la que las dinámicas presentes son divergentes”, reflexiona Mosquera. Según explica, la tendencia actual es avanzar hacia “una especie de legislación soft, con guías de buenas prácticas en forma de rangos de color, materiales, etcétera, que puedes escoger”.
Alvaredo coincide en que la realidad normativa es mucho más compleja de lo que parece. “En general, la legislación actual no concreta el uso de materiales, aunque puede dar indicaciones sobre la adaptación al paisaje rural o la conservación de las características esenciales de las edificaciones tradicionales”. No obstante, recuerda que existen planeamientos y normas específicas que sí pueden favorecer determinados materiales frente a otros.
Para el arquitecto coruñés Jorge Cao Abad, el problema va incluso más allá. “Los planes urbanísticos, el plan básico autonómico, las diferentes normas de diversos rangos y el llamado ‘soft law’, por supuesto que determinan y limitan las soluciones materiales y plásticas de las construcciones contemporáneas en Galicia”, sostiene.
A su juicio, esta “urdimbre legislativa” acaba generando “arquitecturas, bien mediocres, bien ajenas de interés y, sobre todo, extemporáneas”. Por ello reclama que la sociedad “vuelva a depositar su confianza” en los arquitectos para que la arquitectura gallega “se vuelva a construir con la vitalidad propia del objeto de nuestra profesión”.
Cubiertas tradicionales, pero muy diferentes por dentro
Aunque desde el exterior muchos tejados mantienen el mismo aspecto que hace décadas, la realidad constructiva ha cambiado.
“A día de hoy, cuando hablamos de materiales tradicionales como la teja y la pizarra, generalmente a lo que nos referimos es al material de acabado de la cubierta, y lo que hay debajo varía”, explica Mosquera. “Es similar a lo que ocurre con las prendas de vestir, en las que el lino sigue pareciendo lino estéticamente, pero cambia el patronaje y las costuras”.
Desde el COAG reconocen que todavía no existen datos que permitan saber con precisión si hoy se instala más teja o más pizarra en Galicia. “En la actualidad no recogemos esta información, aunque estamos trabajando en una herramienta apoyada en inteligencia artificial para poder disponer de este tipo de datos y otros en el futuro”, avanza Alvaredo.
La misma falta de información impide confirmar si determinadas comarcas están sustituyendo un material por otro o si el cambio climático está modificando las preferencias constructivas, aunque la arquitecta recuerda que son las exigencias técnicas fijadas por la normativa las que determinan cómo deben responder las cubiertas al contexto climático.
¿Cambiará el mapa de Galicia?
Si algo tienen claro los expertos es que la histórica división entre la Galicia de la teja y la de la pizarra seguirá existiendo, aunque cada vez resulte más difícil resumir el territorio en una simple línea divisoria.
“Cada contexto cultural tiene sus características materiales que repercuten en la forma de percibir el paisaje, por lo que profundizar en esta dicotomía teja versus pizarra requiere un análisis mucho más profundo”, señala Alvaredo, quien recuerda que “además de la teja y la pizarra existen otros materiales que pueden ser apropiados, en función del contexto, para la materialización de una cubierta”.
Mosquera coincide en que la identidad visual de los tejados probablemente permanecerá, pero advierte de que el verdadero cambio se está produciendo en el resto del territorio. “El deber de mantener una imagen fija e idílica se transfiere a las pequeñas edificaciones, a las aldeas, etcétera”, afirma.
Y, frente al aumento de los fenómenos meteorológicos extremos, lanza una última reflexión: “La teja y la pizarra tradicionales son materiales de cubiertas bastante pesados, por lo que un temporal no suele afectarlas especialmente. Como mucho puede moverte las tejas, pero no causa grandes estragos. Esto hace que seamos menos conscientes de los riesgos de este tipo de fenómenos meteorológicos extremos”.