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Ney, mariscal de la plaza de Lugo y el perro más famoso de A Coruña

Hace cinco años que murió, pero su estatua perpetúa su recuerdo. Hablamos con Marisol, su dueña y antigua florista, sobre porqué era tan especial este golden
06:00 · 15/11/2019
Ney, junto a la floristería de Marisol Paz, su dueña, en la plaza de Lugo.

Los más jóvenes de la ciudad, al pasear por la plaza de Lugo se preguntarán quién era ese perro que hoy está esculpido en bronce en este céntrico lugar. Si uno se acerca a esta canina estatua verá grabado su nombre en la placa: "Ney, el mariscal de la plaza de Lugo". Este golden fue en su día el perro más famoso de A Coruña. "Sin hacer nada especial, era maravilloso", nos cuenta su dueña, Marisol Paz, que regentaba la floristería Armonía. Hablamos con ella sobre la historia del can.

Hace un lustro que Ney murió. "Fue cuestión de unos pocos días. Se puso malo y ya no se pudo hacer nada", dice Marisol. Ney tenía 13 años y llevaba con esta florista jubilada desde que era un cachorro. "Recuerdo que mi marido no quería tener perros, así que tuve que convencerlo. 'Que sea uno pequeño', me advirtió. Pero al ir a la protectora con mis hijos, se encariñaron al instante de este golden. Le pregunté a la veterinaria si crecía mucho y me dijo: 'Bueno...'", recuerda Marisol.

Fue en noviembre cuando Ney llegó a su vida y a los pocos meses ya la acompañaba durante sus largas jornadas haciendo ramos y vendiendo flores en la plaza de Lugo. "¿Dónde lo iba a dejar? Estaba conmigo todo el día y apenas daba problemas. Al poco tiempo, ya pude dejarlo suelto", cuenta.

Fue entonces cuando se forjo su leyenda. Una gran mayoría de viandantes se paraban a acariciar y sacarse fotos con este famoso golden. "Recuerdo que tenía el pelo muy suave y era guapísimo", cuenta Marisol. Pasaron los inviernos y los veranos y allí seguía Ney, un imán para los más pequeños, que no dudaban en jugar con él.

Acaparaba tanta atención que su dueña tuvo que colocarle un cartel que ponía "No me des comida, gracias" para evitar tener que abandonar su puesto de trabajo cada vez que un niño le daba una gominola. Pronto, Ney dio el salto a la prensa, apareciendo en publicaciones locales y nacionales.

Del Dépor y fan de los disfraces

Marisol Paz es vecina de Riazor y recuerda cuando Leo Scaloni, excapitán del Deportivo, le regaló una camiseta. "Siempre que jugaba el Dépor, yo se la ponía a Ney e iba hasta la plaza de Lugo con ella. Mucha gente le sacaba fotos", cuenta. La de deportivista fue solo una de las muchas facetas de este can.

Por Navidad, también se le podía ver con un característico disfraz de Papá Noel. "Le puse mil trajes. También se vistió de Superney o de Bob Esponja. Le sentaban todos fenomenal y a la gente le gustaban", cuenta Marisol. Incluso se celebraban sus cumpleaños por todo lo alto en la plaza de Lugo. "En el último, vino mi hijo, Jacobo Paz, a tocar y repartimos tarta y camisetas con la imagen de Ney. Vino muchísima gente", dice su dueña.

Una "medicina" para las personas que dejó un recuerdo imborrable

Ney era mucho más que una mascota. "No salvó a nadie, pero todo el mundo lo quería", dice Marisol. Recuerda su dueña dos casos en particular. El de una mujer que estaba diagnosticada con depresión que "antes de ir a trabajar, pasaba por la plaza de Lugo y le daba un abrazo a Ney". "Ella decía que le ayudaba mucho", cuenta Marisol. El otro caso era el de un hombre mayor que padecía Alzheimer. "Sus hijas lo bajaban a pasear en su silla de ruedas y el no dejaba de decir: 'Perro, perro, perro...'. Ney se acercaba siempre a él y este hombre le ponía la mano encima y así se quedaban largos ratos", recuerda la antigua florera de la plaza de Lugo.

El día de su muerte, las flores de Armonía no fueron las únicas que llenaron la plaza. "Mucha gente trajo ramos y cartas para Ney, algunas muy largas. Salió en muchos sitios la noticia y recuerdo especialmente el telediario de Telecinco, que cerró con esto. Me llena de orgullo que la gente quisiese tanto a Ney. Son cosas que nunca olvidaré", cuenta emocionada Marisol.

Tras su muerte, se consiguió erigir una estatua de bronce en su honor en la plaza de Lugo. Costó 12.000 euros y fue financiada a través de donaciones. "Ahora, cada dos por tres intentan robarla, porque vale mucho dinero, y hay que estar pendiente", denuncia Marisol. La florista, ya jubilada, ahora tiene a Coquiño como fiel compañero. "Es algo más rabudo, pero tiene un aire con Ney. Lo habían abandonado y decidí quedármelo", cuenta. Un gato completa su compañía, pero en el recuerdo de ella y de todos los coruñeses siempre estará Ney, el mariscal de la plaza de Lugo.

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