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Cata Puelles, educadora con discapacidad en Santiago: "No cambiaría mi vida por otra sin mi cardiopatía"

Estudió Educación Social en Santiago y ahora tiene una cuenta de Instagram donde habla sobre su experiencia con cardiopatía congénita y donde da visibilidad a personas con otras discapacidades
Cata Puelles.
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La compostelana Cata Puelles tiene 27 años y está a punto de acabar su máster de Educación Social. Su profesión es también su vocación, pues la discapacidad que padece desde nacimiento, hipoplasia del ventrículo izquierdo, la ha motivado a ayudar y trabajar por los derechos de quienes viven en su misma situación.  

La suya es una patología congénita por la cual, cuando se desarrolló el corazón en el  feto este no lo hizo correctamente y, en su caso, afectó al ventrículo. “Existe, pero no hace la función que le corresponde, es como si estuviera ausente de por vida”, explica.  

Su discapacidad le genera un cansancio mucho más extremo que el del resto aunque,  según dice, “tiene una vida completamente normal a pesar de contar con un 89% de discapacidad”. Desde esa normalidad, Cata es graduada en Educación Social, está acabando el máster y tiene una cuenta en Instagram, @discapacidad.eduser, donde da voz a otras personas con discapacidad.  

Su sueño es mejorar la vida de estas personas, reivindicando sus derechos y abriendo los ojos a una sociedad que “todavía tiene mucho rechazo y mucha desinformación sobre el tema”. 

Cómo es crecer con discapacidad  

Cata descubrió muy pronto que tenía una discapacidad pues su madre, quien sufrió realmente la parte dura de su enfermedad, siempre le habló del tema de forma muy abierta:  

“Mi madre es la que sufrió la parte dura, yo era un bebé cuando tuve la mayor parte de las operaciones o el ingreso de 7 meses continuados en la UCI. Ella siempre me explicó las cosas y yo me daba cuenta porque tenía los dedos de palillo de tambor y me cansaba mucho más que los demás, iba mucho a fisioterapia, estuve muchas veces ingresada de niña…” 

Para ella, aceptarse a sí misma no fue un problema, pues la mayor parte de las trabas se las pusieron en el colegio: “sufrí acoso escolar, ni mis compañeros ni muchos de mis profesores entendían mis dificultades”.  

Subir escaleras, cargar cosas o, incluso, dar un paseo es cansado para ella. Por ello, la Educación Física siempre ha sido y es una asignatura pendiente que, de pequeña, no le ayudaron a superar: 

“En un camino de 100 metros, igual me tengo que parar tres veces, ¡imagínate hacer deportes cardiacos! Muchas veces mi profesor no lo entendía. Mi madre tuvo que ir varias veces al centro a decir que yo no podía hacer las actividades y el profesor siempre le decía que eso es lo que estaba en el programa de ese curso y que si hacía excepciones conmigo los compañeros y sus familias se iban a quejar”, relata. 

Su labor como educadora  

Pese a estas dificultades Cata asegura que “no cambiaría su vida por otra, que no cambiaría para vivir sin cardiopatía”. Gracias a su propia experiencia, se ha dado cuenta de que todavía queda mucho por hacer en el terreno de la discapacidad.  

“Siempre lo he tenido claro, no sabía cómo se llamaba, pero siempre he tenido claro que quería trabajar con personas con discapacidad. Desde muy pequeña he sabido que tenía que trabajar para los derechos de las personas con discapacidad, para que  pudieran acceder a una escuela, a un empleo, a una vivienda… que se adaptara a sus necesidades”.  

Si bien es verdad que, gracias a las redes sociales, cada vez hay más visibilidad, insiste en que todavía falta mucha conciencia y empatía: “Las personas con autismo no cuentan con sistemas de comunicación alternativos en parques, colegios o sitios públicos a los que todos tenemos acceso. Y la gente en silla de ruedas cada día tiene que mancharse porque hay muchas personas incívicas que no recogen la caca de sus perros”.  

Aunque las trabas no sólo las pone la gente, Cata asegura que la administración también dificulta las cosas muchas veces: “pedir un certificado de discapacidad o una tarjeta acreditativa, que son trámites necesarios y que no hacemos por hacer trabajar a los funcionarios, se hacen eternos”. 

Tarjetas que, en la mayor parte de los casos, ni siquiera son respetados: “los camiones de reparto aparcan en las plazas de movilidad reducida constantemente. Si yo, que tengo la tarjeta de movilidad reducida pero puedo aparcar en una plaza no adaptada, aparco fuera de esta zona porque hay gente que sólo tiene esa vía, ¿por qué la gente sin movilidad reducida no lo hace por ahorrarse 5 minutos?”.  

Las redes sociales como herramienta de divulgación  

Para tratar todos estos temas y dar voz a personas con discapacidad y distintos profesionales del sector, Cata abrió @discapacidad.eduser. Se trata de una cuenta de Instagram dando comparte su propia experiencia y donde organiza directos en los que habla con gente en su misma situación.  

A pesar de llevar tan sólo un año en marcha, la cuenta registra más de 1.300 seguidores que, a diario, interactúan con el contenido y preguntan sus dudas: “estoy muy contenta porque creo que está gustando. La gente me dice que le encanta la labor que hago, que debería haber más perfiles como el mío”, explica.  

La empatía y la naturalidad con la que trata todos los temas ha conseguido enamorar a sus seguidores mientras se nutre de experiencia y herramientas de cara a una búsqueda de empleo que sabe, va a ser complicada: 

“Tengo muy claro que para encontrar empleo voy a tener más dificultades que el resto, porque voy a tener muy probablemente más bajas que otras personas, y a veces eso no gusta, aunque es injusto porque no es mi culpa. Yo prácticamente no puedo hacer ningún trabajo, salvo que sea de oficina, sentado, sin cargar peso, sin estar demasiadas horas de pie… aquí se me reducen muchos puestos”. 

¿Cómo ser parte del cambio?  

Desde su perfil Cata ofrece apoyo a las familias de niños y niñas con discapacidad, proporciona voz a todo tipo de casos y da consejos sobre cómo tratar y ayudar a  personas en situaciones de dependencia: 

“Es tan sencillo, tan básico y tan tonto como dirigirte a esas personas. Muchas veces pasa que van al hospital y que el médico se dirige a su familiar en vez de a él por tener discapacidad, o que van al bus o a una cafetería y les pasa lo mismo”, cuenta. Cata asegura que hay que huir del cotilleo y las miradas incómodas. Sin embargo, pone la clave en otro sitio, en preguntar: “la clave es preguntar, con respeto, pero preguntar”. 

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