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La fiesta del pulpo vuelve a O Carballiño con “sentidiño”

Un año más, el segundo domingo de agosto se celebra la Festa do Pulpo do Carballiño, adaptándose a las medidas sanitarias que exige el coronavirus. Os contamos todo sobre el origen de esta fiesta y la edición de este año
Foto: Unplash
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Si hay un producto emblemático de la gastronomía gallega y que ejemplifica la excelencia proveniente de nuestros mares, este es sin duda el pulpo. Un producto que escasea cada vez más, pero cuya veneración en la población gallega es indiscutible. Y uno de sus mayores homenajes se celebra, paradójicamente, en el interior gallego. La Fiesta del Pulpo de O Carballiño celebra este año su 59º edición con las restricciones sanitarias acordes al momento actual, pero con la misma ilusión que siempre. Una cita imprescindible para los amantes del "pulpo á feira" realizado por manos expertas, gracias a décadas de tradición y maestría. Pero, ¿de dónde sale esta pasión por el pulpo?

El pulpo: de diezmo a banquete

Desde el punto de vista socio-gastronómico, el origen de esta afición por el pulpo en tierras interiores tiene lugar en la vida religiosa del siglo XII en el municipio de Cea, Ourense. Gracias a la documentación elaborada por los monjes del monasterio de Santa Maria de Oseira, conocemos de primera mano el transcurso de la historia en la zona. Cobra especial importancia un noble llamado Diego Arias, que recibe el Coto de Marín como recompensa por su servicio a la corona. Pasa allí gran parte de su vida pero, tras la muerte de su mujer, decide ordenarse monje en este monasterio. Por lo tanto, todos sus bienes pasaron a pertenecer al monasterio, haciendo que la orden recibiese gran cantidad de recursos a modo de pago por el usufructo de las numerosas propiedades pertenecientes al monasterio. Un negocio redondo, vaya.

El pulpo era un producto poco valorado gastronómicamente, y se usaba como pago por usufructo
(Foto: Unplash)

Los pagos que recibía el monasterio eran muy variados, desde dinero (reales, maravedíes o ducados) hasta cereales, ganado, vino o pesca. Y, por supuesto, aquí entra el pulpo. En aquel entonces era muy poco valorado, pero sus posibilidades de conservación en seco y curado lo convirtieron en un pago habitual de la comarca costera. Una comarca que interesaba mucho a los monjes porque suponían una buena fuente de abastecimiento de pescado para las épocas de Adviento y Cuaresma. Poco a poco, el precio de los productos marítimos fue descendiendo y las cantidades que recibía el monasterio eran cada vez mayores.

Las cantidades de pulpo que llegaban a obtener los monjes eran tan grandes que empezaron a repartirlo entre los feligreses de O Carballiño, para su consumo personal y venta. Así, como quien no quiere la cosa, nace el emblemático “pulpo á feira”, creando toda una profesión colectiva alrededor de la adquisición, el transporte y la venta de pulpo cocinado en fiesta y ferias, llegando hasta nuestros días como los aclamados pulpeiros y pulpeiras.

Una profesión (y una receta) con mucha historia

La afición fiestera del pulpo comienza con una feria mensual que se celebraba en Cea para comerciar y recaudar impuestos. Los frailes decidieron trasladar la feria a tierras del monasterio a finales del siglo XVII, contribuyendo a la formación del actual Carballiño. Esta actividad festiva y comerciante sería el germen del oficio de pulpeiro, que está documentado desde el siglo XVIII, sumando 10 profesionales entre Santa María de Arcos y San Juan de Arcos.

Sin embargo, los pulpeiros no se quedaron ahí. Comenzaron a desplazarse por las ferias y romerías cercanas, llevando con ellos y ellas su buen hacer con el molusco. Aunque la tradición se ha difundido por todas las tierras gallegas, Arcos sigue siendo una tierra predilecta en lo que a preparación del pulpo se refiere. Sin embargo, en la actualidad, este colectivo buscaba aumentar su labor fuera de ferias y fechas concretas, lo que hace que las pulperías se instalen en puntos claves de la ciudad, convirtiéndose en un plato estrella en cualquier momento del año. Una actividad profesional que sigue sirviéndose de su pericia y tradición para llegar hasta nuestros días con más de tres siglos de historia.

El pulpo triunfó tanto en la población gallega que su consumo se asocia a las épocas de fiestas y celebración (aunque podemos comerlo cuando queramos, por suerte)
(Foto: festadopulpodocarballino.com)

Y como no podía ser de otra manera, el éxito del pulpo también radica en su receta. Los tres utensilios claves de un buen pulpeiro (que apenas han variado desde sus inicios) son: leña de roble para el fuego, pota de cobre y plato de madera natural de pino. Una vez cocido el pulpo, la cosa va de sencillez y sabor: aceite de calidad (si es gallego, todavía mejor), sal gorda y pimentón. Uno de lo sellos identificativos de un buen pulpeiro es que tenga sus propios platos de madera, con una pequeña marca que simboliza las iniciales o las señas del pulpeiro (esto se hacía con la intención de contabilizar la cantidad de platos servidos, como indicador del éxito del pulpeiro).

A Festa do Pulpo do Carballiño: contra viento, marea y pandemias

Tanto éxito tuvo el pulpo en ferias y romerías que no es raro que se ganase una fiesta con nombre propio: A Festa do Pulpo do Carballiño. Las primeras ediciones de la fiesta fueron en los años 60, inaugurando el segundo domingo de agosto como fecha ideal para aprovechar el calor y atraer a la mayor cantidad de gente (aunque en un principio se celebraba en septiembre, junto a las fiestas patronales de O Carballiño). Como muchas otras fiestas y romerías, la fiesta del pulpo necesitaba un espacio adecuado para realizarse, y el Parque Municipal de O Carballiño era el lugar ideal. Con casi treinta y dos hectáreas de robles, camelios, tilos, abedules y compañía, se trata de un paraje idílico para degustar el mejor pulpo de Galicia.

Con la fecha, el producto, los profesionales y el lugar, poco más necesitó la Fiesta para convertirse en una referencia a nivel nacional e internacional. El éxito fue tal que en 1972 ya fue reconocida como una fiesta de Interés Turístico. Uno de los grandes atractivos era poder ver en vivo y en directo la elaboración del pulpo y la maestría de las manos expertas que lo manipulan, pero no era el único plato a tener en cuenta en la mesa. Platos tradicionales como empanadas y elaboraciones como la carne ó caldeiro también tienen su lugar bajo los árboles del Parque Municipal. En los últimos años, artesanos de otras vertientes (carpinteros, alfareros, zapateros…) también aprovechan para mostrar y vender sus productos en la fiesta.

Como toda buena fiesta, no pueden faltar ni la música ni el folclore. Es habitual que acudan diversos grupos de gaitas a la fiesta, donde tienen lugar muiñeiras y canciones populares a viva voz. Se trata de toda una mezcla y una amalgama de tradiciones gallegas, un día de orgullo cultural y culinario, que rinde homenaje al trabajo artesanal y a la población gallega. En las últimas ediciones, los números asustan: suelen acudir a la llamada casi medio centenar de profesionales pulpeiros, donde se cuecen casi 25 mil kilos del molusco. También corren los litros de vino del Ribeiro, aguardientes y licores.

Sin embargo, el coronavirus ha trastocado los planes de la fiesta. Desde el año pasado, las celebraciones se han restringido, y es por eso que la fiesta pasará a celebrarse en formato de jornadas gastronómicas, de la misma forma que se han adaptado muchas fiestas gastronómicas de Galicia. Esta 59º edición está dedicada a los hosteleros y comerciantes, que tanto han sufrido las restricciones de la pandemia. A diferencia de otros años, la comida popular no se realizará en el Parque Municipal, si no que se repartirán diferentes puestos para servir el pulpo de manera tradicional a lo largo de toda la villa, para poder atender a los vecinos y visitantes sin crear aglomeraciones.

Desde el Concello buscan potenciar la semana previa a la fiesta con diferentes eventos culturales que tienen como objetivo dinamizar el ambiente de la villa. El día 6 tendrá lugar el concierto del músico cubano Pablo Milanés, a las once de la noche en la Praza da Veracruz. El gran colofón final tendrá lugar el domingo 8, también en la Praza da Veracruz, donde tendrá lugar la actuación de Cantigas e Agarimos, a las ocho de la tarde. Un plan perfecto para celebrar y degustar un trozo de historia de Galicia con sal, aceite y pimentón.

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