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La arquitectura de posguerra en A Coruña

Hay arquitecturas silenciosas en la ciudad que pasan desapercibidas. La arquitectura de posguerra presenta unos rasgos concretos para los que los arquitectos Juan González Cebrián y Santiago Rey Pedreira crearon un modelo adaptable a cualquier zona de la ciudad
Nuria Prieto
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La sombra de la Primera Guerra Mundial se deslizó de forma silenciosa a lo largo del siglo XX. El belicismo subconsciente moldeó un pensamiento social abstracto que se filtró poco a poco en la sociedad. André Breton narraba a menudo que no sirvió en la Primera Guerra Mundial, pero a cambió trabajó como interno en el hospital psiquiátrico Saint-Dizier tratando a las víctimas de la neurosis de guerra. Los intelectuales del momento afirmaban que Europa enviaba a sus jóvenes a morir a la guerra. La forma de mirar el mundo cambió y en 1934 René Magritte pintó “El umbral de la libertad”: una ventana abierta hacia un hermoso campo que en realidad no es una ventana. 

“El resultado de mirar algo que en sí mismo no tiene ninguna calidad ni encanto. Recojo algo que en sí no significa nada. Paso por completo de la calidad estética del objeto; estoy en contra de la artesanía. Opino que el mundo está lleno de artesanos maravillosos, pero hay muy pocos soñadores prácticos […] Nada es realmente inútil. Siempre se puede encontrar un uso incluso para el objeto más extravagante” Man Ray

Una guerra siempre crea un punto de inflexión, al que sigue un estado catatónico que afecta a todos los aspectos de la vida: un hábitat devastado, una cultura rota, una economía hundida, y una sociedad que navega entre la tristeza, la ira, el odio y la frustración. Tras una etapa de luto social, de dolorosa digestión y toma de conciencia de la situación, comienza un periodo de reconstrucción. En el caso de la arquitectura,  de manera literal. Lamentablemente este estado de destrucción-reconstrucción ha sido tan habitual en la historia reciente que se ha acuñado un término específico para su análisis: arquitectura forense. Una de las primeras veces que se aplicó este término en el estudio urbano fue en la ciudad de Belgrado tras la guerra de los Balcanes. El alcalde de la ciudad en un primer discurso entre ruinas, utilizó el término para estimular los ánimos de reconstrucción de sus ciudadanos. 

Las fotografías de Gervasio Sánchez muestran una mirada visceral, pero cargada de ternura de los hábitats de la guerra. Son imágenes de vocación instantánea pero espíritu de permanencia, algo que parece una definición obvia de la fotografía y que, al pensar en ello contemplando sus imágenes adquiere una segunda lectura: esto sólo puede ser temporal, todo pasará, pero nada se olvidará. La reconstrucción tiende a apoyarse en la memoria cuando ha pasado suficiente tiempo, pero si esta se produce pocos años después de la destrucción, buscará emociones que olviden los eventos recientes. Berlín y Alemania en general se reconstruyó con lenguaje contemporáneo para olvidar la herencia del Nazismo, pero de forma extraordinaria, algunos edificios se volvieron a construir a imagen y semejanza de sus originales, especialmente en obras románicas o barrocas de valor patrimonial. La ciudad de Varsovia se reconstruyó al completo ‘en estilo’, de tal forma que parece que nunca fue atravesada por una cruenta guerra. Y el puente de Mostar sigue en pie, y salvo que la memoria recuerde su arco ‘sangrando’ arenas y pequeños fragmentos de piedra hasta que la clave cedió dejando los arranques como miembros mutilados, su esbelta silueta otomana parece haber sobrevivido a un infierno de bombas, como indican algunos edificios próximos. 

Foto: Nuria Prieto

El lenguaje de la arquitectura de posguerra

Cuando tras una guerra o un golpe de estado se impone un régimen autárquico, el autoritarismo alcanza, al igual que el conflicto bélico a todos los estratos de la vida. En el caso de la arquitectura suele imponerse un estilo arquitectónico adscrito al régimen. El estilo fascista italiano, el monumentalismo alemán del nazismo o ruso durante el estalinismo, son ejemplos que se configuran a partir de un lenguaje megalómano que referencia siempre a los grandes imperios de la historia, especialmente al Imperio Romano o a la Grecia de Alejandro Magno. A veces simplemente impostando elementos que se elevan como símbolos universales de poder como el águila, las columnatas, el saludo elevando la mano o los arcos triunfales. 

En España, el régimen franquista introduce un lenguaje que en las últimas décadas se flexibiliza debido a la incorporación de arquitectos jóvenes que intentan empujar los límites dogmáticos impuestos (en los sesenta y setenta se construyen algunos edificios públicos brutalistas). La arquitectura del movimiento, se inspira en el monumentalismo del monasterio del Escorial (1563), recordando con nostalgia los tiempos del Imperio Español. El estilo escurialense o herreriano. El arquitecto autor del monasterio del Escorial, Juan de Herrera (1530-1597), es también autor del Palacio Real de Aranjuez (1561), la Catedral de Valladolid (1589), y el Archivo de Indias de Sevilla (1583, ejecutado por Juan de Minjares entre 1584 y 1598). Su obra se caracteriza por un monumentalismo sobrio, pero no exento de elementos simbólicos y discreta opulencia.

Algunas otras obras, como las firmadas por el arquitecto Pedro Muguruza (1893-1952) interpretan ese monumentalismo escurialense con ciertos manierismos personales. Otros arquitectos transforman su estilo para adaptarlo como Luis Gutiérrez Soto (1900-1977) que abandona el racionalismo para incorporarse al monumentalismo historicista escurialense produciendo un gran contraste en su obra, algo palpable si se comparan los icónicos cines Barceló (1930) o cine Callao (1926) con el Ministerio del Aire (1940) para el que el arquitecto viajó a Alemania con el objetivo de inspirarse en la obra del arquitecto adscrito al régimen nazi Albert Speer. 

Foto: Nuria Prieto

Un edificio adaptable

En A Coruña se realizan una serie de obras que a modo quirúrgico buscan reconstruir áreas deterioradas de la ciudad. Para ello se define un ‘modelo’ adaptable, que sigue los criterios compositivos y el lenguaje impuesto por el régimen franquista. La capacidad adaptativa del proyecto permite que se pueda aplicar sobre manzanas de grandes dimensiones modificando la imagen de la ciudad. Uno de estos modelos fue desarrollado por los arquitectos Juan González Cebrián y Santiago Rey Pedreira y aplicado durante dos décadas a partir de 1945.

Foto: Nuria Prieto

El modelo presenta un esquema distributivo, una materialidad y un lenguaje que se repite de forma constante en cualquier parcela. La distribución, se realiza a partir de un pasillo central que se dispone en sentido perpendicular a la fachada. Este pasillo termina en el núcleo de comunicaciones, en el que se encuentra una escalera de cuatro tramos. Los dormitorios y salón se colocan en la fachada, mientras que la cocina, el comedor y los baños se abren al patio central, entre ambos se disponen gabinetes o habitaciones italianas. La materialidad es muy austera, debido en parte a la escasez de medios, utilizando un revoco con mortero gris lo cual permite modelar algunos elementos decorativos como el dibujo de juntas simulando un despiece pétreo, pequeñas cornisas y molduras. Los huecos tienden a la proporción horizontal, discretizándose en hojas que se resuelven con ventanas de guillotina. En ocasiones los huecos se unen creando una imagen homogénea mediante la adición de cornisas continuas. 

Foto: Nuria Prieto

Uno de los ejemplos más destacados de este modelo es el situado entre la calle Marcial del Adalid y Juan Flórez. Este edificio consta de tres fachadas, las cuales se articulan entre sí y con las medianeras a través de un volumen curvo. La curvatura suaviza las aristas de la manzana, pero sirve también como estrategia compositiva que rompe a monotonía  de la fachada con medios austeros. El conjunto puede verse replicado en otras calles de la ciudad como en la calle Médico Durán, Alfonso VII o Enrique Dequidt Hevia. De hecho, es interesante buscar los característicos rasgos de este modelo arquitectónico, ya que sitúa el desarrollo urbano de ese ámbito urbano en una horquilla temporal muy específica. 

Siguiendo los silencios de la arquitectura

Hay una parte de la arquitectura de posguerra española que tiene una presencia silenciosa en la ciudad. El crecimiento de la ciudad, mediante un criterio repetitivo y homogéneo neutraliza la presencia de las nuevas obras. El estilo se impone, pero la repetición funciona como una ola de regularización que introduce una nueva imagen de la ciudad. A diferencia de otros edificios de vocación presencial como los edificios de organismos administrativos o gubernamentales, los edificios residenciales ocupan una jerarquía más discreta. 

Foto: Nuria Prieto

“Un objeto que comenta la pérdida, destrucción, desaparición de objetos. Que no habla de sí mismo Que habla sobre los demás. ¿Los incluirá?” Jasper Johns

La arquitectura neutra y silenciosa es, en ocasiones, capaz de narrar historias. Sólo necesitan suficiente tiempo y una mirada observadora capaz de encontrarlos dispersos entre las calles de la ciudad. 

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