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El pavimento de A Coruña

El pavimento de la ciudad suele ser un elemento arquitectónico silencioso. Pero en A Coruña hay ciertos espacios públicos que se encuentran protegidos de tal forma que ni la atmósfera ni la memoria del lugar desparezcan
Nuria Prieto
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La piedra es un material que atraviesa el tiempo. Siempre tuvo esa capacidad, lo que la convierte en un extraño ser inanimado y mutante que está presente en obras milenarias, pero también contemporáneas, sin que el ojo de quien la observa sienta que algo pueda estar fuera de lugar. Aunque quizás sea esa experiencia prolongada de su relación con el ser humano la que, como al arte, la hace más astuta. El ser humano envejece y muere, mientras que la piedra permanece. Y es que no es ella quien muta o se transforma, sino la humanidad la que ha convenido sentirla como permanencia y material siempre moderno a lo largo de los siglos. 

“En esta ciudad es la que es obligatorio cubrir las fachadas con la llamada piedra de Jerusalén-caliza de color blanco cremoso y de gran resistencia-, su edificio más emblemático, el Domo de la Roca, está cubierto de cerámica” Mikel Ayestarán. Jerusalén Santa y cautiva

La persistencia de la piedra, incluso en los lugares más sagrados para varias culturas, la dota de un simbolismo magnético. Desde la adoración de los Shiva Lingams hindúes, a los encajes de la sillería inca, pasando por las grandes infraestructuras griegas, las excavaciones persas o los imponentes techos a base de losas de piedra maciza de la siempre apasionante arquitectura egipcia, la piedra era el material presente en el lugar, aquel que nunca cambiaría y cuyas propiedades determinarían la cultura. No en vano el origen de los números, según explica el arquitecto Justo Isasi (Pensar a rayas, 2016), tiene que ver con las indicaciones manuales sobre los cortes de la piedra y su traslación al propio material (originado en la India, pero también en las culturas occidentales). Los tres primeros cortes son visualmente distinguibles: uno, dos, tres dedos, pero el cuarto y el quinto podrían generar confusión por lo que la V indicaría el espacio entre el índice y el pulgar y por lo tanto la mano completa, mientras que, al plegar el pulgar sobre la mano, daría origen al cuatro. De esta forma, la grafía sobre la piedra y la expresión de la mano compartían lenguaje: el ser humano y la piedra habían encontrado la forma de relacionarse. 

Las características propias de la piedra como su resistencia al corte, a los esfuerzos de compresión, a la abrasión superficial o su peso propio, la convierten en un material único. Si bien es evidente que no toda la piedra tiene las mismas características y que su origen geológico determina sus propiedades. A pesar de la estética singular de la piedra, sus propiedades han determinado su uso, en una aplicación funcionalista a través de la cual, las piedras más duras se utilizaban para las condiciones más extremas. Incluso adaptando elementos constructivos existentes como las ruedas de molino antiguas que se colocaban en los zócalos de las viviendas para evitar daños provocados por los ejes de los carros. La construcción con piedra, su estudio y desarrollo a través de la estereotomía, de los ensayos prueba error y la tecnología han evolucionado de tal forma que el material se ha ido adaptando a la vida del ser humano con total naturalidad, con tanta, que este casi ha olvidado su presencia constante en la ciudad. La piedra se ha convertido en una percepción silenciosa que abraza a la ciudad como legado de su pasado. 

“Yo creo sentir la poesía y creo no haberla enseñado. No he enseñado el amor de tal texto, de tal otro: he enseñado a mis estudiantes a que quieran la literatura, a que vean en la literatura una forma de felicidad” Jorge Luis Borges. Siete noches

La presencia silenciosa de la piedra no se enseña, solo se percibe. La convivencia con la piedra en la construcción del hábitat es una forma de caminar el silencio. Los pavimentos de piedra son un enorme archivo urbano que determinan el crecimiento de la ciudad a lo largo de los siglos y, en consecuencia, su historia y sus pequeñas anécdotas. 

El pavimento de Coruña

En A Coruña, como en muchas ciudades el pavimento de algunas áreas está formado por losas de piedra. Además, cada pavimento de piedra se encuentra contextualizado en un lugar y pertenece a un tiempo. La intervención de los espacios públicos a través del pavimento es una labor arquitectónica complicada, ya que han de integrarse dentro de esa condición silenciosa no escrita y al mismo tiempo proporcionar una lógica compositiva de acuerdo con el contexto al que sirven. El pavimento que el arquitecto Dimitris Pikionis diseñó para la acrópolis de Atenas (1950) es una fantástica intervención, pero también una enorme responsabilidad al convertirse en la alfombra de acceso a esta. Al igual que la plaza de Stortoget en Kalmar (Suecia) obra del estudio de arquitectura británico Caruso St John, donde la pavimentación discreta pero sutilmente matizada crea vibraciones y dinámicas en un espacio sereno y neutro. La intervención contemporánea en espacios históricos o tradicionales requiere de cierta sensibilidad capaz de comprender el silencio y la dicotomía de la silenciosa neutralidad en combinación con una lujosa alfombra que construyan los caminos del hábitat. 

La pavimentación urbana en zonas históricas, simbólicas o tradicionales, en la actualidad, suele encontrarse protegida y, por tanto, regulada a través de la normativa que fija sus características y cualidades de tal forma que estas intervenciones no alteren la percepción del espacio histórico. Esta protección, aunque a veces se torne excesiva y muy conservadora, impidiendo obras creativas pero respetuosas, actúa como garantía de protección de una atmósfera histórica. El debate sobre las intervenciones urbanas en espacios históricos es amplio y cataloga una lista interminable de argumentos de índole diversa, la cuestión, sin embargo, se reduce a un sencillo planteamiento enormemente complicado de ejecutar: realizar una intervención reconociblemente contemporánea sin alterar la memoria de la historia ni la atmósfera construida a lo largo de los siglos. 

Catalogación de pavimentos según PEPRI

En A Coruña, el casco viejo tiene ciertas áreas en las que el pavimento se encuentra protegido mediante el PEPRI (Plan Especial de Protección y Reforma Interior) aprobado en 1998 al que refiere la normativa actual. La clasificación de la pavimentación de la ciudad vieja hace referencia específica al pavimento tradicional de la Cidade alta, (Damas, Amargura, Parrote, Zapatería, Príncipe, Padilla, Santo Domingo, Santa María, Herrerías, Puerta de Aires, Alfonso IX, Repeso, Veeduría, Santiago), Praciña de los Ángeles,  Praza de Azcárraga,  Praza da Constitución, Praza de Cánovas Lacruz, Colexiata de Santa María, rúa Sinagoga,  Praza das Bárbaras, Adro de Santo Domingo,  Santo Domingo e Cortaduría, Praza de Carlos I, zona sur de la Igrexa de San Xurxo, soportales de la  Praza de María Pita,  Adro de San Nicolás,  Rúa Real,  Riego de Agua y rúa Agar, rúa Marchesi e Dalmau, rúa Santa Catalina,  Adro das Capuchinas y las rampas y escaleras de las Escolas Da Guarda.

Cada uno de estos pavimentos presenta dimensiones o acabados diferentes, pequeños matices que derivan de su inserción en el espacio público. El pavimento, conformado en su mayor parte por losas de granito representa una distinción histórica de la ciudad. Este revestimiento continuo en el suelo determinaba aquello que era ‘la ciudad’, es decir, el espacio urbano consolidado. El resto de las vías de la ciudad eran caminos de tierra más o menos compactada. Esta distinción entre las formas de caminar la ciudad provocaba consecuencias directas sobre la sociedad, entendiendo las áreas pavimentadas como espacios ‘limpios’ y las de tierra como caminos sucios. La ciudad pavimentada adquiría un carácter más sólido y grave, pero también se constituía como espacio ‘culto’ en términos antropológicos. La pavimentación simbolizaba, de forma silenciosa, el crecimiento de la ciudad. 

Fotografía: Nuria Prieto

Las cicatrices sobre la roca

Con carácter general, el pavimento de la ciudad vieja se compone de losas de grandes dimensiones, con un acabado hoy en día casi pulido por el uso, pero entonces ligeramente careado y cantos rodados en menor cantidad. Estas se solían asentar sobre arena, al igual que los adoquines, y su peso determinaba su estabilidad. El uso y los posibles errores constructivos han provocado deformaciones y variaciones superficiales de las piedras. Esta deformación es una característica de la pavimentación histórica de la ciudad y que suele revelar las dinámicas del pasado, como las marcas de las ruedas de los carros en las antiguas vías urbanas de ciudades romanas como Roma, Pompeya o Palermo, las marcas de los tacones de las prostitutas en el barrio chino de Barcelona o los tortuosos escalones de muchas iglesias que revelan el camino de entrada y salida de los fieles.

En A Coruña, estas marcas no son tan fáciles de percibir, y no es por ausencia de dinámica social, que seguro, fue intensa al igual que otras ciudades, sino por el uso de una piedra enormemente resistente a la deformación y a la abrasión superficial como el granito. En otros lugares el uso del mármol (roca metamórfica) o de calizas (roca sedimentaria), menos resistentes, permiten ver esos surcos y deformaciones, el granito o las rocas similares (roca ígnea) necesitarían que el paso del tiempo fuese mucho más dilatado para comenzar a mostrar sus cicatrices. 

Las diferentes pavimentaciones que aparecen en las áreas recogidas en el planeamiento pertenecen a épocas diferentes, y se pueden asociar a edificaciones que llevan asociadas una intervención urbana: iglesias o edificios representativos para la ciudad como el palacio del ayuntamiento o las escuelas. Estas pavimentaciones suelen estar en muchos casos adscritas al tiempo en que se construyó esa obra. Lo cierto es que, en muchos casos puede resultar complejo determinar la fecha exacta puesto que, al tratarse de elementos constructivos sometidos a un uso constante muy agresivo, muchas piezas han podido ser sustituidas o consolidadas desde el momento de su colocación. La morfología del pavimento histórico coruñés, constituye una arquitectura silenciosa, que cambia y se adapta a las dinámicas sociales. De edad a veces indeterminada, otras cierta, estos proyectos urbanos surgen y se desarrollan de forma natural como símbolo del crecimiento urbano y de la consolidación de la ciudad.

Las piedras del camino

Según Shakespeare “las piedras se mueven y los árboles hablan”. Quizás no es que las piedras se muevan, sino que todo se mueve sobre ellas hasta el punto en que la dinámica de la ciudad es la que hace que todo vibre. El arquitecto John Ruskin dedica uno de sus tratados a las piedras de Venecia, exhortando al lector “contadlas y apreciadlas como las de una corona”. Cada piedra del suelo de una ciudad, tiene una razón de ser y un significado. 

“Siempre habrá rocas en el camino delante de nosotros. Serán piedras de tropiezo o escalones; todo depende de cómo los uses” Friedrich Nietzsche

Fotografía: Nuria Prieto

Las piedras de la ciudad, protegidas, catalogadas, perfectamente definidas en la normativa o en los registros de la historia, construyen una realidad emocional. Caminar por la ciudad es un paseo silencioso por su memoria. Y aunque las piedras se muevan siempre estarán a los pies de los habitantes de la ciudad. 

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