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¿Cuál es tu lechuga favorita? Descubre todas las variedades y detalles de la verdura del verano

Es tiempo de ensaladas, platos ligeros y saludables donde la lechuga es la gran protagonista. Te contamos todo sobre su origen y te mostramos algunas de las variedades que puedes encontrar en el mercado
Fuente: Unplash
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Pocos platos son tan versátiles como las ensaladas, que aceptan cualquier hortaliza verde como base, ya sean espinacas, acelgas, canónigos u otro tipo de brotes. Sin embargo, si hay una ensalada canónica y clásica es aquella que tiene un trío de productos que es imposible que no funcionen: lechuga, cebolla y tomate (con su inseparable aliño, claro).

En Galicia somos muy afortunados de contar con tomates, cebollas y lechugas de altísima calidad que se producen muy cerca de casa. Sin embargo, la lechuga se ha ido ganando una desmerecida fama de verdura “de segunda”, a pesar de ser una opción muy saludable y disfrutable a lo largo de todo el verano, que es cuando alcanzan su mejor versión. 

Origen de una hortaliza medicinal

La lechuga (lactuca sativa para los estudiosos), es un producto que lleva poblando las huertas de la humanidad desde hace un buen puñado de años. Como todos los alimentos expandidos a nivel mundial, su origen no está del todo claro. Todo apunta a que la lechuga silvestre se originó en las zonas templadas de Europa y América, aunque hay quien señala que su cultivo comenzó en zonas más orientales como la India.

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Independientemente de su origen, la lechuga fue tratada como alimento y como un remedio medicinal por numerosas culturas. Los romanos, por ejemplo, lo usaban como una especie de “paracetamol primitivo”, ya que era el remedio ideal para combatir dolores de cabeza, No eran los únicos, ya que los persas o los egipcios también la consumían como alimento, como planta medicinal e incluso como aromatizante. De hecho, su consumo se extendió hasta tal punto que existen pruebas escritas de las diversas variedades de lechuga que usaban los romanos y sobre el tipo de cultivo que se utilizaba en el Antiguo Egipto.

Uno de estos registros escritos es una acta legislativa del siglo VII, llamada Capitulare de villis vel curtis imperii, emitida por el mismo Carlomagno. En ella, se reclamaba el cultivo de diferentes plantas y hortalizas en los campos del Imperio, donde se mencionan varias variedades de lechugas.

Con semejante trayectoria histórica, no es de extrañar que la lechuga haya llegado a nuestros días como una de las hortalizas más consumidas en nuestro país. Sin embargo, en los últimos años su variedad y tipología ha crecido considerablemente, ofreciendo nuevos sabores, texturas y colores que añadir a nuestros platos. Pero claro, ¿cuál es la mejor variedad?

Variedades de lechuga: hoja dura

Una de las variedades más conocidas es la Iceberg, una variedad muy producida ya que suele aguantar en buen estado durante un gran período de tiempo. Sin embargo, es cierto que la lechuga iceberg no es precisamente una de las lechugas que más nutrientes o vitaminas puede aportarnos. Por supuesto, incluir verduras en nuestra dieta es algo imprescindible y prioritario, y aunque la textura de la iceberg puede resultar muy atractiva para niños o personas que necesitan un poco más de “verde” en su día a día; puede que no sea la mejor opción a la hora de elegir una base para nuestras ensaladas (aunque es la variedad ideal para hamburguesas, ya que resiste muy bien el calor).

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Gracias a la extensa variedad que nos podemos encontrar en el mercado, lo más útil es dividir los tipos de lechugas en aquellas que tienen las hojas duras y las que tienen las hojas tiernas. En la categoría de las hojas duras, hay un gran protagonista: la lechuga romana, también conocida en España como oreja de burro. Se trata de una de las lechugas más consumidas del país y no es para menos, ya que se trata de una variedad de origen patrio. Se caracteriza por su forma alargada, con hojas de gran tamaño y un nervio marcado. Lo mejor de todo es que se trata de una de las lechugas más nutritivas del mercado, que siempre está disponible (aunque en verano suelen aparecer mejores ejemplares) y que resulta muy económica.

Las lechugas de hoja dura, como la romana, se caracterizan por un ligero amargor que resulta muy disfrutable en diversas elaboraciones. Si lo que buscamos es un toque de color, podemos irnos directamente al radicchio (es decir, achicoria roja), llamada así por el llamativo color de sus hojas. Es una lechuga crujiente, con un sabor muy potente, por lo que se suele añadir como complemento a lechugas más “tradicionales”.

Si queremos alejarnos de la romana por unos momentos tenemos otras opciones igual de interesantes como los cogollos de Tudela (con un menor tamaño y mucho más redondeados). Aquí, al amargor hay que añadirle un pequeño toque ácido que va fantástico con pescados como el atún o las anchoas. Si lo que queremos es disfrutar de una ensalada durante el invierno, nuestra mejor opción es comprar una escarola, que también tiene una ligera acidez que funciona con productos dulces como la fruta, membrillo o vinagretas. 

Variedades de lechuga: hoja tierna

Si nos cambiamos de “bando” y elegimos las lechugas de hoja tierna (que cada vez tienen más seguidores), nos sorprenderemos con un sabor diferente y una textura más lisa y mantecosa. Para hacernos una idea, estas ensaladas se acercan más a las espinacas y a los canónigos que las ensaladas de hoja dura, que han sido las que tradicionalmente dominaban las ensaladeras de las casas españolas.

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Dentro de este subgrupo, las más conocidas son las lechugas francesas (o trocadero), que están de temporada durante la primavera y los primeros meses de verano. Son lechugas con nervios más pequeños y con hojas más despegadas y delicadas. Otra muy similar es la llamada variedad Reina de Mayo, que como su nombre indica, es típica de estas fechas.

Sin embargo, las lechugas de hoja tierna más comunes de Galicia suelen ser la lechuga Batavia, con hojas muy abiertas y onduladas, con colores que van del verde oscuro al morado o marrón. Es una lechuga de sabor potente, como también lo es la lechuga Hoja de Roble, también típica de climas más templados como el nuestro y que se destaca por sus llamativos colores y su sabor mucho más dulce que el de sus “hermanas” de hoja tierna.

Libertad como ingrediente principal

La lechuga no requiere mucha ciencia para conservarla. Lo mejor es lavarla antes de consumirla, y a ser posible, secarla bien (hay miles de cachivaches que “centrifugan” la lechuga, pero podemos ser más clásicos y utilizar un paño o algo similar). En cuanto al aliño, debemos tener en mente que queremos acentuar y, en cierto modo, maridar los sabores de los ingredientes, por lo que no debemos bañar nuestra ensaladera en aceite y vinagre de Módena. Además de matar los sabores, hará que nuestra ensalada se oxide antes.

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Pocos platos tienen tanta libertad creativa como las ensaladas. Elementos salados como las anchoas, el queso curado o las alcaparras; dulces como la fruta, las pasas o mermeladas; ácidos como los cítricos o los vinagres… todo tiene cabida en nuestra ensaladera, y la experiencia mejora si combinamos diferentes lechugas para gozar de todos los toques amargos, crujientes, tiernos y sabrosos que nos pueden ofrecer. El mejor consejo es no tener miedo a incluir nuevas texturas y sabores. ¿Y tú, cómo vas a hacer tu próxima ensalada?

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