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El Cotarro: Un banquete casero en A Coruña trasladado a un restaurante al aire libre

Delicias como la picaña o el abanico de cerdo ibérico junto a opciones tradicionales como la tortilla pasaiana, sanas como los nidos de verduras y dulces como la panacota con un sabor que nunca se repite son parte del menú que se puede encontrar en este joven restaurante coruñés
Daniel Abruñedo, dueño de El Cotarro.
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Daniel Abruñedo, dueño de El Cotarro.
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El verano es la época preferida para muchos ya que el buen tiempo invita a agradables comidas con amigos al aire libre y en esta época son muy comunes sobre todo las churrascadas para reencontrarse con amistades o reunirse en familia. Esta filosofía de comer bien y pasar un rato agradable con los más allegados en un ambiente festivo es la que sigue El Cotarro, un restaurante joven (abrió hace dos años) ubicado en Santa Cruz (Oleiros, A Coruña) que ofrece comida de toda la vida combinada con propuestas más modernas y este equilibrio entre ambas opciones se combina con un entorno único, ya que el local cuenta con un amplio jardín con mesas de piedra.

La carta ofrece infinidad de opciones para todos los gustos y se divide en productos de la huerta, del mar y de parrilla. Los productos estrella de este establecimiento con capacidad para hasta 150 personas y en el que se pueden realizar también eventos privados, son: la picaña, el abanico de cerdo ibérico, croca salteada con pimientos del piquillo y cebolla, zamburiñas braseadas con tocino ibérico y salsa de mango, nidos de verduras, tortilla paisana (con cebolla, pimiento rojo y verde) o langostinos crujientes.

Antes de la crisis sanitaria, El Cotarro explotaba mucho su faceta coctelera sobre todo en tardes de sol en la zona de jardín, ya que en la sobremesa ofrecían a los clientes y a la gente que se quería acercar al local música en directo (guitarra y acústico) y cócteles como el mojito Cotarro, la caipiriña o la capiriroska. Ahora en plena pandemia y aún con una situación sanitaria complicada en el área coruñesa, el dueño del restaurante, Daniel Abruñedo, se muestra satisfecho con que sus clientes fieles sigan llenando las mesas y ya tiene en mente proyectos de futuro como Un Cotarro más enfocado a la música y las bebidas.

Cocina clásica con toque moderno y presentación cuidada

Abruñedo cuenta que el aspecto actual de El Cotarro sorprendería a muchos clientes que acudieron durante más de 20 años a la parrillada que estuvo ubicada donde ahora está su local. Esto es debido a que le hizo un lavado de cara al espacio cambiando toda la decoración y aprovechando más zonas como el jardín. "Busqué locales por todos lados, pero lo que quería era un sitio con magia, encanto y que fuera diferente y todo eso lo encontré aquí", cuenta del establecimiento de Santa Cruz donde ha ubicado el proyecto personal que llevaba muchos años queriendo que se volviese una realidad.

"Este es el sitio ideal para comer churrasco, picar algo, tomar vermú de risas con tu gente y amigos. como la churrascada que haces en casa pero trasladada a un restaurante", afirma, a la vez que destaca que "les da mucho juego la terraza en verano, a parte del comedor interior y la zona de cervecería. Abruñedo fue encargado de varios locales "de moda" de la ciudad herculina durante años y cuenta que eso le ha beneficiado a la hora de crearse una clientela para El Cotarro porque mucha gente ya le conocía, pero el boca a boca también reconoce que fue muy importante.

Se declara un enamorado de Santa Cruz y de la tranquilidad de la zona y ha apostado como fórmula ganadora por "una cocina tradicional con un toque moderno y presentación elaborada", algo que queda patente en las delicias que se pueden probar en El Cotarro. Varios puntos positivos en cuanto a la cocina del local coruñés es que es casera y se nutre sobre todo de proveedores locales. Abruñedo cuenta que los grupos grandes optan sobre todo por las carnes como el cerdo y la picaña para combinar "carne de ibérico con carne de vaca vieja", una buena opción si se tiene en cuenta que familiares del dueño del local son argentinos y parrilleros y ha aprendido de ellos cómo macerar a la perfección una carne, entre otras ténicas.

A su vez, la extensa carta varía cada cierto tiempo (sobre todo antes del verano y en septiembre), muy condicionada a veces por el momento del año. Esto influye sobre todo en las opciones del mar, donde lo que más triunfa son los langostinos crujientes, aunque cuando es época Abruñedo reconoce que son muy demandados los calamares y mejillones. En verano, gran parte de la clientela de El Cotarro combina las carnes con pimientos de padrón y opciones más ligeras como ensaladas, en especial la de queso de cabra y frutos rojos por su frescura, además de nidos de verduras (calabacin, calabaza, zanahoria y cebolla en forma de sacos en tempura).

Como los clientes siempre tienen la última palabra y son el motor del restaurante, el equipo se adapta a los diferentes gustos sobre todo en cuanto a las tortillas, ya que algunos comensales piden incluir entre los ingredientes chorizo o cebolla. En cuanto a los postres, el factor sorpresa está presente sobre todo en la panacota porque el sabor "nunca es el mismo" y varía cada semana gracias a ingredientes como el mango, los frutos rojos y otras frutas. La tarta de la abuela y la de queso y la crema de limón también son opciones ganadores para darle un cierre de oro al banquete.

Viajes para explorar vinos y un futuro local de música en directo

Abruñedo se muestra orgulloso de la carta de vinos de El Cotarro, cuyas opciones están cuidadas al detalle, tanto que los propios camareros ha probado antes las variedades que ofrecen para intentar que la experiencia del cliente sea lo más óptima posible en todos los aspectos. "Cada cuatro o cinco meses cambiamos la carta de vinos y hemos realizado tres viajes ya toda la plantilla para probar los vinos y aprender cómo se elaboran, el último a una bodega de Burgos", rememora el dueño.

Las características del establecimiento hacen del espacio un lugar ideal para adaptarse a diferentes eventos, desde prebodas, cumpleaños y bodas de plata hasta presentaciones de joyas o catas de vinos. Asimismo, Abruñedo admite que "la cabeza nunca le para" y que "si no hubiese estallado el coronavirus ya habría llevado a cabo algún proyecto nuevo". "Queremos coger parte del almacén y hacer una terraza interior, sobre todo para el invierno, para que se conecten el interior y el exterior del local a través de una cristalera", revela, al mismo tiempo que desvela su proyecto de abrir un nuevo local de El Cotarro en la misma línea "pero que en vez de comida ofrezca coctelería, copas, cañas, vino, música en directo y eventos".

En cuanto a la acogida del establecimiento, Abruñedo afirma que "si le dicen cómo ha ido todo antes de abrir las puertas firmaba sin dudarlo". "Nada es perfecto y todo se puede mejorar, pero no me puedo quejar", asegura con ilusión.

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