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Andrés Fernández-Albalat y su legado en la ciudad de A Coruña

La ciudad de A Coruña en colaboración con la escuela de Arquitectura y el Colegio de Arquitectos, ha dedicado la semana de la arquitectura a Andrés Fernández-Albalat. El arquitecto coruñés, fallecido en 2019, ha sido declarado hijo predilecto de la ciudad el pasado 1 de Octubre. Su obra supone una contribución ineludible para la cultura, la arquitectura y la identidad de A Coruña.
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La sonrisa de Peter Sellers esconde algo indescifrable. Es complicado determinar si tras esa mueca divertida hay un personaje más de una película o una persona real. Y es inquietante. La incertidumbre de una personalidad errática que se transformaba con cada nueva película, y se trasladaba a su vida personal. A pesar de todo era poseedor de un talento único, inmenso y magnético

Y es que a veces sucede que un personaje es capaz de dar forma a la cultura: el París de Baudelaire, la Venecia de Mahler, el Estambul de Ohran Pamuk o el Manhattan de Woody Allen... Pero también los lugares son capaces de albergar varias capas sobre sí mismos, en un diálogo constante, cambiante como la personalidad de Sellers. Hay Londres en Zadie Smith, pero también en Haendel, Dickens,  John Soane, los Sex Pistols, los Monty Python, Norman Foster o Guy Ritchie, y tantas otras personalidades que componen una amalgama compleja que permite reconocer la ciudad en diferentes miradas, como los diversos estados de ánimo de un ser consciente. Hay una ciudad, pero es caleidoscópica,  por eso el chovinismo urbano se desmonta a sí mismo cuando la ciudad intenta interpretarse a sí misma.

"Si me pides que me interprete a mí mismo, no sabré cómo hacerlo. No sé quién soy o lo que soy"

Peter Sellers
Foto: Nuria Prieto

La Coruña de Fernández-Albalat

A Coruña es igualmente una ciudad de muchos, en términos arquitectónicos. Varias miradas que componen el tejido urbano y las grandes obras de una ciudad que se percibe como un organismo vivo, pero sólido. Como decía Walt Whitman "La ciudad, la obra más importante el hombre, lo reúne todo, y nada que se refiera al hombre le es ajeno".  Julio Galán Carbajal, Santiago Rey Pedreira, Antonio López Hernández, Antonio Tenreiro, Rafael González Villar, Leoncio Bescansa, Ramón Vázquez Molezún, Xosé Bar Boo, Manuel Gallego, Gerardo Salvador Molezún, Javier Suances o Carlos Meijide, son tan sólo algunos nombres que definen, cada uno de ellos, una mirada sobre la ciudad. Son todos actores de una construcción colectiva que dan estructura, imagen, forma y función a A Coruña. Y aunque en esa lista aún faltan muchos nombres, hay uno que es fundamental para la arquitectura de la ciudad: Andrés Fernández-Abalat Lois.

Quizás muchos nombres de los arquitectos que han construido la ciudad parecen desconocidos de anonimato inmerecido, pero en realidad son figuras más cercanas de lo que parece.

Construcción del edificio Ocaso en la Plaza de Pontevedra

"Una vez me preguntó algo sobre un tal Mozart, y por un momento me quedé parado. Y eso que me suena ese nombre"

Woody Allen en Toma el dinero y corre

Andrés Fernández-Albalat (A Coruña,1924) es quizás anónimo para muchos, pero es uno de esos profesionales que ha dado imagen a la ciudad. Su obra es imagen y soporte de la modernidad coruñesa, que comienza a finales de la década de los cincuenta y se desarrolla durante los años sucesivos. Durante su juventud se había formado en Santiago y en Madrid, y es en esta última ciudad en la que entra en contacto con la modernidad internacional gracias a visitas como la del arquitecto austriaco afincado en EEUU Richard Neutra. Posteriormente, los viajes por Italia, Alemania y otros lugares de Europa terminan por definir una nueva forma de hacer arquitectura que, a su vuelta a A Coruña, desarrollará cambiando radicalmente la atmósfera de la ciudad. 

A lo largo de un sencillo paseo por A Coruña es fácil encontrarse con varias obras icónicas de este maestro de la arquitectura: la Sociedad Hípica (A Coruña, 1966-1967), el edificio Ocaso (Junto con Jacobo Rodríguez-Losada. A Coruña, 1967), la SEAT (A Coruña, 1964), edificio para Citroën (A Coruña, 1959-1966), la Coca-Cola (A Coruña, 1963-1965), Convento para los Padres Pasionistas (A Coruña, 1965), Colegio para los Padres Escolapios (A Coruña, 1962), Conservatorio Profesional de Música (A Coruña, 1985), Facultad de Filología (A Coruña, 1993), Vivienda colectiva en avenida de la Marina (A Coruña, 1969), Viviendas colectivas en la Plaza Luis Seoane (A Coruña, 1979), Escuela de Idiomas (A Coruña, 1980), las viviendas y el plan para el Barrio de las Flores (esta última intervención asociado en equipo con arquitectos como José Antonio Corrales, Milagros Rey o Ignacio Bescansa entre otros).

En esta breve selección faltan dos tipos de obras, aquellas que tienen un carácter más discreto como las viviendas unifamiliares u otros edificios residenciales, y aquellas que se encuentran fuera del casco urbano de A Coruña pero que son, indudablemente, relevantes en su trayectoria profesional como el Centro de Cálculo de Caixagalicia (A Coruña, 1979), el estadio de San Lázaro (Santiago de Compostela, 1990), la Fábrica de Sargadelos (Cervo. Lugo, 1967), Iglesia de San Fernando (Santiago de Compostela, 1968) o la Facultad de Matemáticas y Biología (Santiago de Compostela, 1978).

Viviendas Plaza Luis Seoane, via Metalocus

Una enumeración larga que constituye un legado físico e inmaterial para el mundo de la arquitectura y para el patrimonio de la ciudad. Los edificios son obras tangibles, y conforman el escenario urbano e imagen de la ciudad, pero transmiten a su vez una identidad que trasciende el tiempo creando un lugar.

"Siempre he afirmado que los lugares son más fuertes que las personas, el escenario más que el acontecimiento. Esa posibilidad de permanencia es lo único que hace al paisaje o a las cosas construidas superiores a las personas"

Aldo Rossi

Es precisamente este lugar, A Coruña, al que Fernández-Albalat ha proporcionado junto con otros compañeros una identidad indiscutible. Y es que el movimiento moderno llegó a la ciudad a través de sus planos. La imagen de una arquitectura ligera, de materialidad innovadora a través del acero, el hormigón y los prefabricados, de estética tectónica frente a la estereotómica existente hasta entonces. 

"Dentro de la arquitectura, la tectónica aparece como una categoría mítica a través de la cual ingresar a un mundo donde la "presencia" de las cosas facilite la aparición y experiencia de los hombres. Más allá de las aporías de la historia y el progreso, y por fuera de enmarques reaccionarios del Historicismo y las neo-vanguardias, yace la potencialidad para una contra-historia marginal"

Kenneth Frampton, "En defensa de la tectónica"

Christian Norberg-Schulz describe este nuevo pulso de  forma gráfica: ''Los análisis que hemos realizado de la planta libre y la forma abierta han mostrado que se trata de aspectos interrelacionados de un único fenómeno: la nueva arquitectura. Una planta libre exige formas abiertas, y las formas abiertas constituyen la planta libre. Así surge una nueva clase de lugar que implica una simultaneidad de múltiples referencias''. La libertad de esta arquitectura, tiene su reflejo directo en la ciudad.

La fábrica de Coca-Cola y el concesionario de SEAT son los dos primeros edificios que a través de la tipología industrial cambian la forma de hacer arquitectura. Las fachadas se desmaterializan en favor del muro cortina que permite transparencia, así la composición y la estructura se vuelven más elocuentes definiendo una honestidad constructiva de materialidad vanguardista. Estos nuevos rasgos que tienen su referencia directa en Richard Neutra, Jean Prouvé o Gio Ponti, permiten formular en la ciudad la cuestión de la modernidad, y dar inicio a una investigación colectiva dentro de la arquitectura en busca del futuro. Una arquitectura que parte desde la asertividad más sensata y que actualmente se percibe con una potente componente sensorial, en palabras de Hannah Ardent  ''Es como si la estabilidad mundana se hubiera hecho transparente en la permanencia del arte, de manera que una premonición de inmortalidad, no la inmortalidad del alma o de la vida, sino de algo inmortal realizado por manos mortales, ha pasado a ser tangiblemente presente para brillar y ser visto, para resonar y ser oído, para hablar y ser leído''.

Fábrica de Coca-Cola

Cuando la modernidad se encuentra instalada en A Coruña, y grandes intervenciones como el trazado de la avenida de Lavedra (actual avenida Alfonso Molina) y el Barrio de las Flores se están desarrollando con un lenguaje contemporáneo, se olvida la concomitancia de la tipología industrial con la materialidad, para entender ya la narrativa moderna como un discurso armonizado y sometido al ritmo de su tiempo. Fernández-Alabalat desarrolla con maestría obras tejidas en este contexto cultural. La Sociedad Hípica es un ejemplo de sensatez y honestidad constructiva moderna. El listado de materiales utilizados es breve y sin embargo se encuentran optimizados de tal forma que los volúmenes creados son limpios, funcionales y ricos. 

Concesionario SEAT

Paseando por la ciudad

Siguiendo el paseo por la ciudad, uno de los edificios más llamativos es La Casa Sindical de la Plaza de Pontevedra, popularmente conocida como edificio Ocaso, debido al gran cartel de su cubierta. Esta obra desarrollada junto con Jacobo Rodríguez-Losada, es una pieza radical y rompedora: un edificio que se alza sobre un zócalo, con una estructura que se intuye desde el exterior y una fachada de composición rotunda. En un plano sensorial, este edificio remite a la arquitectura representativa americana o alemana, bien podría encontrarse un edificio similar en Nueva York, Chicago, Sttutgart o Berlín. Es una pieza que se escapa del lenguaje de la arquitectura del Movimiento impuesta por la dictadura franquista, una obra consciente del lugar que determina una nueva identidad para la plaza. Un edificio único que desmaterializa la monumentalidad para reconstruirla con un lenguaje contemporáneo. 

Edificio Ocaso

Como arquitecto coruñés, Fernández-Albalat interpreta también en su obra uno de los elementos compositivos icónicos de la ciudad: la galería. Las viviendas en la avenida de la Marina son un ejemplo de esta traducción de la galería al lenguaje del movimiento moderno. La superficie tersa y limpia de este edificio abstrae la emoción que provoca la galería en el tejido urbano. El reflejo, la transparencia y la ligereza están presentes en la fachada del edificio, y supone un paso más en la historia de la galería. La ciudad hace el camino de la construcción tradicional hacia la vanguardia a través de principios conceptuales como la fachada de la Lever House (Nueva York. SOM, 1951). Un pequeño destello cosmopolita que alumbró la ciudad de la mano de Albalat, en la fachada urbana que recibe a los visitantes.

"Entre cuatro paredes ocurren cosas. Existe un espacio. Transcurre un tiempo, quizá no más que "una percepción de la conciencia, de una conciencia irremisiblemente sujeta a la sucesión?". Están las horas, las noches y los hallazgos que pintan allí la vida, justifican un lugar y explican, en su sentido más hondo, una arquitectura"

Fernández-Albalat

Continuando el camino hacia el barrio de Elviña, en la Plaza Luis Seoane se encuentra un proyecto innovador en términos constructivos. Se trata de un grupo de viviendas en torre, que incorporan una fachada resuelta con prefabricación. De apariencia sencilla y sobria, incorporan numerosas innovaciones tecnológicas como contadores individuales, tendederos ocultos o una disposición singular de las instalaciones como describía el propio Albalat: ''La escalera tiene dos tubos de arriba abajo que sostienen pasamanos y barandilla y son las acometidas de agua, luego hay unas llaves de paso encima de la puerta de cada vivienda. Instalaciones vistas en los rellanos, columna seca, ascensores etc...''. Una modernidad que en este caso parte del interior hacia el exterior, proporcionando una imagen modesta o neutra frente a un conjunto realmente rompedor que aporta una nueva forma de diseñar viviendas en altura desde una perspectiva poco ensayada aún en la ciudad. 

El Conservatorio y la Escuela de Idiomas

El espacio de la arquitectura tiene un valor emocional, este suele ser el primer contacto de cualquier persona con una obra, pero hay lugares que reúnen un conjunto de elementos que hacen que esa experiencia sea diferente. El conservatorio de música de  A Coruña es un lugar en el que Fernández-Albalat busca conseguir la iluminación de los cuadros de Vermeer. Una composición que induce a una cierta musicalidad como los cuadros del pintor holandés.  Situado en la proximidad de la Escuela de Idiomas, también obra de Fernández-Abalat, se produce un diálogo cómplice entre ambos edificios.

La composición de los espacios y la relación entre lo público y lo privado se asimilan para crear un edificio funcional pero cálido al mismo tiempo. Todo esto es posible a través de una estructura portante de hormigón armado, combinada con soluciones constructivas de materiales sobrios y de origen prefabricado en muchos casos como el fibrocemento, el pavés o las celosías de madera. En ocasiones los materiales de cubierta se utilizan en interiores o fachadas, los huecos se resuelven con muro cortina, siguiendo esos principios que se establecen en la cuestión introductoria sobre la modernidad, dando forma ya una línea de investigación o una deontología arquitectónica moderna. 

El paradigmático Barrio de las Flores

El Barrio de las Flores es una intervención arquitectónica que constituye un paradigma. La resolución de un barrio en la que intervienen factores muy complicados y cuyo resultado será muy determinista en tanto en cuanto el barrio constituirá el hábitat y el espacio doméstico de una gran población. Fernández-Albalat forma parte del equipo que desarrolla esta singular intervención urbana, y contribuye al mismo no sólo en la planificación a gran escala, sino también en el desarrollo de una serie de bloques de viviendas en bloque fundamentales en la descripción de la arquitectura del bloque contemporáneo en la ciudad.

Desde Aldo Rossi a James Stirling, pasando por Alison & Peter Smithson, son muchas las lecturas referenciales que admite este barrio, y es precisamente esa conexión con la arquitectura internacional la que marca la diferencia. El barrio de las Flores pivota entre la deliciosa domesticidad que transmite Manuel Rivas en su relato ¿Qué me queres amor? (incluido en la publicación de nombre homónimo) al que sirve de escenario, y la estricta definición arquitectónica de lenguaje radicalmente moderno que recuerda al Barbican Centre o a los Robin Hood Gardens de Londres. Y aunque el Barrio de las Flores es percibido de una forma casi desdoblada por la opinión entre los que lo consideran una obra maestra y los que lo detestan, la aportación de este proyecto es fundamental para la arquitectura de A Coruña y su imagen. Destino similar a otros proyectos de principios análogos, pero al menos no tiene el dudoso título con el que la opinión inglesa galardonó al Barbican Center como edificio más feo de la ciudad en 2003. Siendo éste un icono de la arquitectura londinense.

El paseo sigue, la ciudad ya no parece tan homogénea, si no una composición de armonía variable en la que aparecen reflexiones diversas. Reflexiones que culminan en un debate siempre latente sobre el urbanismo, de posturas diversas en las que la obra de Fernández-Albalat da forma a una de esas capas de pensamiento en forma de arquitectura moderna. Su obra dio forma a A Coruña, y junto con otros compañeros de profesión, autores de la imagen con la que se asocia la modernidad de la ciudad y el escenario urbano contemporáneo. 

Sociedad hípica publicada por la Revista COAM, 1968 n117

La visionaria Ciudad de las Rías

No se detiene aquí el camino, sino que los pasos pueden seguir hacia la utopía realista de La ciudad de las rías (1968), una ambición casi estructuralista por crear un área metropolitana fluida y bien conectada. Y es que esa es la ciudad del futuro cercano que se quedó detenida en el tiempo, quizás por anticipación. La previsión de esta ciudad imaginada con un plan detallado de 40 años, acertó en sus previsiones socioeconómicas: 700.000 habitantes del Golfo Ártabro relacionándose a lo largo de un territorio en el que, gracias al intercambio, se implementaría la riqueza de la región. Un proyecto exigente en términos de coordinación territorial, pero tan honestamente sensato que su adaptación contemporánea resultaría aún realista. Quizás las utopías  que terminan haciéndose realidad nos parecen tan contemporáneas que resulta difícil ver su espíritu de futuro.

Ciudad de las ría

La mesa del arquitecto

El estudio de Fernández-Albalat era un espacio de esos que producen la sensación de estar en un lugar en el que se producen grandes proyectos. Dotado de la pátina de la experiencia a través de la que se ha ido transformando con el paso de los años la profesión, en su estudio convivía un tecnígrafo alemán, con ordenadores, muestras de materiales, maquetas y una excepcional biblioteca en la que muchos libros eran incunables a ojos de un arquitecto joven. La instantánea de Don Andrés inagotable, consultando algún libro o pensado sobre un plano extendido en la mesa de dibujo es la imagen de la perseverancia serena en el trabajo del arquitecto. Un lujo desde una perspectiva contemporánea para el profesional que sabe entender la arquitectura como él lo hacía. Porque si hay un gesto que es capaz de trascender el trabajo del arquitecto y ser un testigo de generación en generación, es que cualquier proyecto se piensa mejor sobre la mesa de dibujo. Y si puede ser con una buena biblioteca alcanzable a un giro de silla de distancia.

"Alguien dijo: la Arquitectura es el Libro de Historia de un país. Pienso que es mucho decir. Si bien es innegable la influencia, como condiciona la vida de un país su arquitectura, y, a su vez, cómo la Arquitectura es influida por lo que ocurre en el país"

Fernández-Albalat en el prólogo de La recuperación de la Modernidad de Antonio S. Río
Fernández-Albalat, por Nuria Prieto

A Coruña de Fernández-Albalat es una forma de mirar o de entender la ciudad, tanto como la mirada de un escritor o un director de cine, desde la arquitectura. Una disciplina que proporciona el escenario para la vida, pero también la identidad del lugar como aspecto genuino, e inimitable sin caer en la farsa. Desde la reflexión en su mesa de dibujo Fernández-Albalat pensó la arquitectura de su ciudad, trazando un legado de valor inmenso, un regalo. Quizás el mayor agradecimiento a toda la riqueza que nos deja en herencia sea simplemente pasear por su obra pausadamente, con atención a los detalles, o simplemente dedicar más tiempo a pensar sobre un mesa de dibujo. 

La exposición dedicada a Albalat puede visitarse en  la biblioteca de Durán Loriga

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