Los bomberos de A Coruña atendiendo una incidencia en la Ronda de Nelle.
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El caos del apagón en A Coruña, un año después: "Hubo 20 avisos de ascensores a la vez e incendios al volver la luz"
El 28 de abril de 2025 dejó semáforos apagados, ascensores bloqueados y una ciudad improvisando soluciones entre radios, linternas y solidaridad
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A Coruña amanecía como cualquier otro día el 28 de abril de 2025 hasta que, de golpe, todo se apagó. Semáforos fuera de servicio, comunicaciones caídas y una ciudad que, en cuestión de minutos, tuvo que reinventarse sin electricidad.
Un año después, los recuerdos de aquel apagón siguen muy vivos en quienes estuvieron en primera línea, desde la Policía Local hasta los bomberos.
Uno de los mandos, el inspector principal Juan Puente, lo vivió desde el Centro de Movilidad. "Empezamos a ver cruces semafóricos que dejaban de tener alimentación eléctrica y al principio parecía algo puntual", recuerda. Pero la situación fue escalando rápidamente. "Vimos que no era un simple cruce, sino algo mucho más serio", añade.
La ciudad pasó en poco tiempo de la normalidad al caos organizado. Sin telefonía y con la red semafórica caída, la Policía Local desplegó agentes en los principales puntos de regulación. "Plaza de Ourense, Ronda de Outeiro, Avenida de Arteixo… empezamos a distribuir dotaciones", explica. La clave, en aquel momento, fue una herramienta casi olvidada: la radio.
La Policía Local pudo comunicarse con su equipo de telecomunicaciones, que no falló
La Policía Local contaba con un recurso extra que no pudieron disponer el resto de ciudadanos: su propio equipo de telecomunicaciones, donde incluso los coches hacían de repetidores.
"Nosotros sí teníamos comunicación a través de la red de telecomunicaciones. Trabajamos en modo directo, utilizando los vehículos como repetidores", relata. Esa capacidad permitió mantener un mínimo control en una ciudad que, de repente, volvía a funcionar "a la antigua usanza". "La gente se comunicaba en la calle, preguntaba, transmitía dudas… recuperamos algo muy básico".
La situación se volvió especialmente delicada en los casos más vulnerables. "Con las víctimas de violencia de género perdimos el contacto telefónico y nos personamos en sus domicilios", explica.
También se activaron dispositivos para personas con dependencia eléctrica, como usuarios de respiradores. "En un caso tuvimos que trasladar a una persona al CHUAC porque no tenía autonomía suficiente".
Los bomberos, de rescatar personas en ascensores a tareas físicas y apagar incendios a la vuelta de la luz
En el parque de bomberos, el apagón también se sintió de golpe. "Pensamos que era algo puntual porque entró el generador", recuerda Víctor, sargento del cuerpo.
Pero en cuestión de minutos llegaron decenas de llamadas. "Empezaron a acumularse avisos de gente atrapada en ascensores. Llegamos a tener 17 o 20 a la vez".
La falta de comunicaciones complicó aún más el trabajo. "No funcionaban los talkis, ni la telefonía. Llegó un momento en que solo podíamos coordinarnos volviendo al parque", explica.
Aun así, la ciudad empezó a llenarse de imágenes difíciles de olvidar: vecinos asomados a ventanas pidiendo ayuda o equipos improvisando rescates.
Uno de los momentos más críticos fue una parada cardiorrespiratoria en la calle. "Un compañero empezó la RCP mientras otro fue a buscar la ambulancia a pie, porque no había forma de avisar", relata. La persona logró salir adelante en ese momento.
El trabajo se prolongó durante horas. Ascensores bloqueados, personas mayores trasladadas a mano por escaleras, y colaboración constante con Protección Civil. "Subimos y bajamos gente por edificios enteros, algunos a pulso", recuerda.
Incluso cuando la situación parecía estabilizarse, la noche trajo nuevos problemas: locales comerciales sin poder cerrar sus persianas eléctricas. "Acudían al parque a contárnoslo y pedirnos ayuda", recuerda.
Y cuando volvió la luz, hacia la madrugada, llegó otro imprevisto. "Hubo varios incendios seguidos porque mucha gente dejó la vitrocerámica encendida", explica el sargento.
En uno de los casos más llamativos, un incendio en el Ventorrillo se confundió inicialmente con una inundación. "Era agua bajando por las escaleras porque se habían quemado las tuberías". EL propio Víctor acudió a este servicio, y al entrar por la ventana, pudo comprobar como su dueño seguía durmiendo ajeno a que la vuelta de la luz había dejado su casa inundada y un incendio a escasos metros.
La respuesta ciudadana, ejemplar
Más allá del caos, ambos cuerpos coinciden en algo: la respuesta ciudadana fue ejemplar. "La gente fue bastante cívica, no hubo grandes problemas", resume el responsable policial. Y los bomberos lo confirman: "No hubo comportamientos extraños ni situaciones de alarma social grave".
Sirvió para aprender
Un año después, el aprendizaje es claro. "Si vuelve a pasar, habrá que mejorar los protocolos y la información a la población", reconoce la Policía Local. Entre las lecciones aprendidas, destacan la necesidad de reforzar la coordinación entre administraciones y anticipar situaciones críticas, como la atención a personas dependientes.
Los bomberos también hicieron su propio balance interno. "Hicimos un briefing después con ideas de mejora. Siempre se puede hacer mejor", admiten. Aunque con una certeza: A Coruña volvió a demostrar que, incluso sin luz, sabe organizarse.