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La explicación de los efectos de la música a través del cerebro

14 enero, 2015 20:19

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Para muchos, la música es una parte importante de nuestras vidas. Nos acompaña en los momentos felices, en los momentos tristes, produce sensaciones que a veces no sabemos explicar, incluso puede hacernos llorar. La música produce reacciones y nos emociona. Pero, ¿por qué un conjunto de sonidos tiene tanto efecto sobre nosotros?, ¿qué ocurre en nuestro cerebro cuando escuchamos una canción?

Cómo la música nos hace felices

De este tema ya os habíamos hablado en un artículo anterior de Medciencia. Para ilustrarlo os hablaremos de unos estudios con resonancia magnética funcional que evaluaron el cerebro de sujetos mientras estos escuchaban su canción favorita, viendo así que áreas se activaban. Lo que encontraron es que se activaban las mismas áreas que funcionan durante el sexo, el comer o el consumo de drogas, hablamos de las áreas relacionadas con el placer y la recompensa:

– El núcleo accumbens: Esta área libera dopamina durante los momentos más emotivos de la canción.

– El núcleo caudado: Este libera la dopamina antes del momento emotivo de la canción o el punto álgido de la misma. Esta área se relaciona con la anticipación del placer. Esta área se activa porque tenemos una memoria de esa canción, del bienestar y placer que produjo la primera vez que la oímos.

Así pues esta respuesta hace que estemos impulsados biológicamente a escuchar música que nos gusta, y por ello a escuchar una y otra vez las mismas canciones.

Pero ello nos lleva a otra pregunta…

¿De qué depende que nos guste una canción o no en primer lugar?

Para ello se repitió el estudio con resonancia magnética pero exponiendo a los participantes a música que era nueva para ellos, canciones que nunca antes habían oído. Se les dio un dinero con la instrucción de que lo gastaran en la música que quisieran, que más les gustase.

Sorprendentemente se vio que de nuevo el núcleo accumbens era el responsable. Cuando un sujeto disfrutaba lo suficiente de una canción como para comprarla, se observaba en la RMf una liberación de dopamina en el núcleo accumbens. Pero además aparecía una nueva activación.

Cuando disfrutaban de una canción nueva se producía un aumento de la interacción entre las áreas corticales más superiores y el núcleo accumbens, estas áreas superiores se encargan del reconocimiento de patrones, memoria musical y procesamiento emocional.

Parece ser que al escuchar canciones que no son familiares lo que hacemos es tirar de circuitos de memoria para así intentar predecir a donde va a ir la canción, como seguirá el patrón, comparándolo con lo que ya conocemos. Si la canción es demasiado extravagante y sin patrón rítmico, la gente la encontrará demasiado extraña y acabará por no gustarles, no habiendo entonces liberación de dopamina. En cambio si la predicción se acierta, si anticipamos correctamente los picos emocionales de la canción, es cuando la dopamina se libera y la persona disfruta de la canción. Nos gustan las estructuras melódicas, los sonidos familiares. Si hay una violación ligera, pero intrigante de la familiaridad, también se libera dopamina, pero hay un límite en el que el sonido es tan ajeno y extraño que no se segrega el neurotransmisor. Es una especie de balance entre saber lo que va a pasar pero aun así ser ligeramente sorprendidos por la canción.

Es así como desarrollamos el gusto por una canción y cómo nos proporciona placer la música, una mezcla entre ese desahogo emocional y esa anticipación.

Los diferentes sonidos

Ed Large ha estudiado como la alteración de ciertos factores dentro de los sonidos puede afectar al tipo de impacto emocional de una canción. Large expuso a un grupo de sujetos a dos versiones de una misma canción de Chopin mientras estaban conectados a un RMf, en la primera versión se presentaba la canción sin alterar, tal como es (con sus variaciones dinámicas). En la segunda versión la canción estaba alterada, concretamente habían eliminado esas variaciones dinámicas y la canción sonaba de forma mecánica. Ed Lange observó que la respuesta emocional solo aparecía en el primer grupo, desapareciendo la activación de los centros del placer al escuchar la segunda versión. Los sujetos ni siquiera fueron capaces de reconocer las dos exposiciones como la misma canción.

Un hallazgo muy interesante del experimento de Lange es que encontró activación de las neuronas espejo en la primera versión, la dinámica. Las neuronas disparaban más despacio con ritmos más lentos y más rápido con ritmos más rápidos. Estas neuronas nos ayudan a experimentar de forma interna lo que observamos de forma externa y parece que tienen un papel muy importante en como experimentamos la música.

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Así pues se entiende que un grupo de gente escuchando un mismo estilo de música tendrá una activación de sus neuronas cerebrales del mismo tipo, una especie de sincronización, en la que las descargas se aparejan al ritmo de la música induciendo una experiencia emocional compartida. Es por ello que podemos sentir en tales situaciones esa especie de unidad, los cerebros se sincronizan de forma rítmica para producir el mismo efecto. Esta es la forma de comunicación musical, inducir el estado que yo siento en aquel que me escucha, o compartirlo.Esto explica por qué la música puede ayudar en los trabajos en equipo, os recomiendo leer el artículo sobre la influencia de la música en el rendimiento si queréis ampliar más sobre el tema.

En otros experimentos se encontró que, independientemente de si la persona tenía mucha o poca experiencia musical o de si le gustaba o no la canción, se observaba que los diferentes estilos musicales producían diferentes patrones de activación cerebral que se repetían en todos los sujetos. Las canciones más de letra, las rápidas, las baladas lentas, cada una producía un tipo o patrón de activación que se repetía entre todos los sujetos.

Con todo esto podemos incluso explicar por qué existe la música “popular”, porqué hay música que gusta a casi todo el mundo o géneros más populares que otros. Esto se debe a que estos géneros populares, por ejemplo el Pop, siguen estructuras melódicas y ritmos bastante predecibles (incluso cuando la canción es desconocida). Hay otros géneros, por ejemplo el Jazz que requieren de un gusto más elaborado ya que las melodías y ritmos son más complicados. Hace poco os comentábamos el patrón común que rige en todas las canciones populares.

También es cierto que solemos cansarnos más rápido de estilos como el pop o canciones de ese género porque se convierten en demasiado predecibles… Basta pensar en lo odiosa que puede llegar a ser la “canción del verano” cuando la has oído 500 veces.

También se explica así que a pesar de las repeticiones y el tiempo las canciones tengan el mismo efecto, la emoción que desencadenan es muy fuerte y se mantiene esa asociación en el tiempo. Muchas veces el simple hecho de escuchar una canción nos puede llevar al pasado, a vivir la emoción que habíamos asociado a ella, incluso trayendo imágenes consigo. Sobre este tema os recomiendo leer el artículo “¿Por qué nos gusta escuchar música triste cuando nos sentimos mal?” que escribió un compañero mío y que ilustra este ejemplo perfectamente.

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Pero… ¿Entonces cómo se explican los diferentes gustos personales?

El punto anterior abre la pregunta de ¿Si todos presentamos la misma activación con ciertos estilos de música, por qué no todos los disfrutamos igual? Estas diferencias de preferencia se basan en cómo están comunicadas nuestras neuronas. La exposición a diferentes tipos de música desde la infancia modifica la conexión entre las neuronas. Nuestras predicciones sobre el ritmo empiezan a formarse desde muy pequeños, tenemos por ejemplo el estudio de Erin Hannon quien encontró que ya a los 8 meses los bebes eran capaces de conectar con ritmos en función de su ambiente. Nuestras predicciones se basan en nuestra experiencia musical previa.

Aunque hablamos de todo el mundo, se han encontrado sujetos que no responden igual que el resto a la música, si queréis más información sobre estas excepciones (la anhedonia musical) os remito al artículo de mi compañera Nuria.

El gusto musical de cada uno de nosotros va a depender de la variedad de sonidos y patrones que hayamos oído y acumulado en nuestros cerebros, nuestra memoria, durante nuestra vida. Así pues el núcleo accumbens señala el momento de placer pero no lo explica, es el aprendizaje el que lo hace. Esto explica porque los músicos son capaces de un gusto más amplio y de apreciar y disfrutar estilos musicales más complejos.

El contexto social también influirá nuestra respuesta a uno u otro estilo de música, tal cómo os comentaba mi compañero Roberto el año pasado, los momentos evolutivos y la sociedad influyen también en nuestros gustos musicales. Eso y el condicionamiento (la asociación entre estímulos o entre estímulos y respuestas) explican la respuesta diferente de uno y otro sujeto. Un buen ejemplo es la naranja mecánica, ahí vemos como consiguen que una canción se vuelva aversiva asociándola a estímulos aversivos. Si sonaba tu canción favorita en la discoteca justo cuando viste a tu novio liarse con otra probablemente la asociación con esa canción cambie y también lo haga tu respuesta emocional ante ella.

Fuente: Greater Good.

Imagen: Wikimedia Commons, Pixabay, Wikipedia, Wikipedia.