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Un día en Pediatría

1 octubre, 2013 09:44

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¡Hola de nuevo a tod@s! Tras un mes de (creo que merecidas) vacaciones, vuelvo a la carga para seguir contándoos las últimas novedades de la ciencia, y sobre todo la medicina, aquí en MedCiencia. Para volver a coger un poco el ritmo he pensado en contaros una de mis últimas experiencias como estudiante (ya en el último curso) de medicina, a tan solo 8 meses de ser “doctor”. Esta experiencia es reciente, pues ha tenido lugar en las últimas 4 semanas que me he tomado de vacaciones en el propio blog: Un día en Pediatría.

Realmente no ha sido tan solo un día, sino 4 semanas de convivencia con niños y niñas de 0 a 15 años, incluida la familia acompañante, los padres preocupados, o otro tipo de padres que incluso llegaban a ser un poco agresivos (esto solo ha pasado una vez, no es lo más normal).

Para empezar debo confesar algo importante: No me gustan los niños. No, no me gustan, aunque yo suelo caerles bien a ellos (debo tener una cara graciosa, familiar, o vaya usted a saber), pero no es algo recíproco. ¿Se puede aprender mucho de medicina igualmente? Por supuesto, yo creo que he aprendido mucho más de lo que me imaginaba, tanto de medicina (en el aspecto teórico de la carrera) como en el hecho de saber qué preguntar, cómo preguntar, y qué orden seguir en el “interrogatorio” que solemos hacer a los pacientes. En este caso, la mayoría de veces debían responder los padres por la corta edad del pequeño paciente, pero eso es lo de menos.

Pero, aparte de todo lo que se puede aprender, ¿cómo podemos tratar a un niño? Y no solo a un niño en general, porque aquí hay muchos rangos de edad. Los más “tranquilos” suelen ser los que tienen menos de 1 año, pues suelen quejarse poco porque apenas se han adaptado a “nuestro mundo”. Por otro lado, los más complicados para mi gusto han sido los de 1 a 4 años, más las niñas que los niños. Parece raro, pero a partir de los 5-6 años ya empiezan a comportarse mejor. Eso si, cuando se entra en la etapa adolescente de los 10-12 años, aunque suelen comportarse en su mayoría, hay algunos realmente complicados a nivel psicológico (sobre todo los que llegan al hospital por trastornos de la alimentación, más típicos de las niñas y justo en esta complicada época de la vida).

La cuestión es que nos encontramos delante de un tipo de paciente peculiar, y más peculiar aún cuando tratamos con un “2 x 1” o “3 x 1”. Es decir, no tratamos solo con el paciente, sino también con su madre o padre, o con ambos a la vez. Esto implica estar al tanto de sus preocupaciones, a la vez que intentamos curar al pequeño enfermo. En definitiva, algo complicado.

Por otro lado está la dificultad de comunicación y exploración del paciente. Hay veces que son simpáticos y colaboradores, pero hay otras muchas que no aceptan al médico ni a la de tres (recuerdo el caso de una niña de 2 años que me vio entrar a verla y, por el simple hecho de llevar bata blanca, empezó a señalarme con cara de odio y a llorar desesperada…). Eso si, aprendes a diferenciar cuando lloran por dolor y cuando lloran solo por estar delante del médico (eso de poner vacunas o pincharles no es de su agrado, y tienen buena memoria, comprobadísimo). Lo peor de todo: cuanto menos lloran, peor suelen estar, pues no les quedan fuerzas para quejarse, y eso nos entristece tanto a médicos como a enfermer@s y estudiantes.

En conclusión: ¿Pediatría es una especialidad bonita? Si, lo es, aunque a mi personalmente no me atraiga, lo es. Eso si, no solo te deben gustar los niños, sino que debes aguantar verlos enfermos, pues si te gustan demasiado puedes llegar a sufrir mucho por ellos sin razón. Y también debes saber como tratarles y caerles bien, algo que puede parecer fácil pero personalmente creo que no lo es. ¡Ah! Y aunque al principio, cuando estudiamos, solemos ver a un niño como “un paciente en miniatura”, esto no se acerca para nada a la realidad. Son niños, tienen unas enfermedades totalmente diferentes, y tratar con ellos es otro mundo diferente. Los niños son niños, valga la redundancia.