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Narcisismo, ¿cualidad o enfermedad?

28 diciembre, 2011 13:00
Hace cuatro años me topé con un individuo que vosotr@s no conocéis, pero yo sí. Este curioso ser me enumeró sus defectos con una minuciosidad casi prodigiosa, alegando que lo que más le preocupaba era un “exceso de amor propio” que él catalogaba de “narcisista”. Durante años, etiqueté inconscientemente a este pobre jovencito como un ente egocéntrico incapaz de valorar nada más allá de su propia burbuja individual. Sin embargo, desde hace aproximadamente 1460 días, pensando detenidamente, comprendí que el concepto de “narcisismo” al que hacía referencia el protagonista de nuestro relato distaba mucho del verdadero significado que ofrece el DSM-IV.

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El término narcisismo (introducido por Freud, como no, en 1914) debe su nombre al mito de un tal Narciso, que supuestamente era tan guapo que se enamoró de sí mismo.

Básicamente, el narcisismo consiste en eso, pero de una forma exageradísima. En un principio parece incluso inverosímil que una persona pueda albergar semejantes sentimientos por uno mismo, pero se han dado casos que demuestran que es perfectamente posible: de hecho, psicológicamente se cree que juega un papel indispensable en la evolución y conformación del propio carácter, y que todos somos narcisistas en algún momento de nuestras vidas, siendo más propensas aquellas personas anhelantes de admiración por parte de los demás. Aún así, si se da en exceso, el DSM-IV denomina al narcisismo “Trastorno narcisista de la personalidad”, otorgándolo una connotación claramente patológica.

La prevalencia de este trastorno es de aproximadamente un 1-15% de la población mundial, y la mayor parte de los afectados pertenecen al género masculino. Acostumbran a ser personas inseguras, carentes de afecto y refuerzo positivo en sus vidas. Hay dos tipos de narcisismo:

  • Narcisismo primario: se da en los primeros meses de vida, y el bebé sólo busca la satisfacción propia, importándole un pepino todo lo ajeno a él.
  • Narcisismo secundario: consta de dos vertientes; una relacionada a comportamientos psicóticos, y otra más estable, carente de otro tipo de trastornos mentales.
De cara al público, un narcisista se presentará como una persona con una autoestima inmensa, segura de sí misma y poseedora de una determinación envidiable. Aún así, todo esto comprende una fachada que oculta a una persona altamente sensible, imaginativa en exceso, carente de empatía, y aspirante a una grandeza que en la mayor parte de los casos constituye un deseo completamente ficticio e implausible, fruto de un mundo de su creación en el que ellos son protagonistas indiscutibles. Tienden a buscar llamar la atención y a rodearse de personas a quienes consideran inferiores, con el insaciable propósito de sobresalir y colmarse de las adulaciones indispensables para sentirse totalmente realizados; exageran todos sus logros y sus metas acostumbran a ser enormemente egoístas.
Muchos de ellos llegan a ser verdaderos triunfadores en lo que concierne a la apariencia externa, de modo que es muy difícil detectar a un narcisista. El DSM-IV distingue tres características comunes a todo el que sufra este trastorno:
  • Sentimiento de grandiosidad.
  • Necesidad patológica de admiración
  • Carencia de empatía.
Aún se desconoce la causa del narcisismo, aunque las personas sensibles son más proclives a padecerlo. Se diagnostica con pruebas psicológicas, y se trata generalmente con psicoterapia, aunque todo dependerá de la gravedad del caso. Puede complicarse con ciertos fármacos, o problemas sociales.