Caza J-10CE de Uzbekistán
Asia Central mira a China para contrarrestar su dependencia militar de Rusia: Pekín vende cazas a Uzbekistán y Kazajistán
Astaná selecciona el K-8W por sobre el avión entrenador Yak-130 ruso.
Uzbekistán se convierte en un nuevo operador del avión de combate J-10.
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Durante décadas, tras la caída de la URSS, las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central consideraron a Moscú como el garante natural de su seguridad y como el proveedor casi exclusivo de sus sistemas de defensa. Sin embargo, en los últimos años, la cambiante dinámica global, las presiones internacionales y las crecientes necesidades de modernización militar han llevado a estos estados a reevaluar sus alianzas estratégicas.
En este contexto, la región ha puesto la mirada en China como una alternativa para paliar su dependencia militar de Rusia. Así, recientemente, países como Kazajistán y Uzbekistán, han cerrado sendos acuerdos con Pekín para la compra de aeronaves, especialmente aquellas concebidas para misiones de combate.
Kazajistán, por su parte, ha tomado la iniciativa al profundizar y ampliar de forma sistemática su cooperación técnico-militar con el gigante asiático para dar respuesta al programa lanzado por el Ministerio de Defensa kazajo para transformar a fondo la aviación de sus Fuerzas Armadas, comenzando por la renovación de la flota de aviones destinados a la formación de pilotos.
De esta manera, tras negociaciones celebradas este agosto entre la empresa estatal Kazspetsexport y la china CATIC, Astaná adquirirá seis entrenadores K-8W, aeronave desarrollada conjuntamente entre China y Pakistán. Estas unidades se sumarán al avión de transporte pesado Y-9E acordado previamente.
El contrato, según ha detallado Kazspetsexport, establece un cronograma de producción y entrega que se extenderá a lo largo de 26 meses. Durante los primeros 18 meses, la corporación china asumirá la fabricación completa de las aeronaves K-8W hasta dejarlas listas para la aceptación final en fábrica.
Aviones K-8W
Posteriormente, se dedicarán cuatro meses a la instrucción intensiva de especialistas kazajos, seguidos de un mes de pruebas en fábrica, otro para el traslado hasta la base de Balkhash, en la región de Karaganda, y dos más para el ensamblaje definitivo, inspecciones en tierra y vuelos de prueba.
El K-8W es un caza ligero biplaza que permite preparar a los pilotos de forma económica antes de su transición a aviones de combate más sofisticados. Además, posee la capacidad de operar con una amplia variedad de misiles y ostenta un historial operativo real en misiones de ataque a tierra y contrainsurgencia.
Anteriormente, Kazajistán había mostrado interés en el avión de entrenamiento ruso Yak-130, por lo que la elección del modelo chino sugiere que las intensas presiones occidentales para reducir las compras de defensa a Rusia han influido en el cambio de rumbo.
Asimismo, este movimiento ha alimentado especulaciones sobre la posible llegada a futuro de cazas chinos de quinta generación, como el J-35, que requerirían plataformas de entrenamiento afines.
Caza ligero Yak-130 de Rusia
Esta expansión china en el espacio aéreo kazajo abarca también el transporte estratégico. Kazajistán es el segundo operador extranjero -tras Birmania- del Y-9E, una versión ampliada del clásico Y-8 que ofrece un fuselaje alargado y una capacidad de carga de hasta 30 toneladas, superando ampliamente a modelos soviéticos veteranos como el An-26.
Este tipo de aeronave compite directamente en el mercado internacional con el C-130J Super Hercules de EEUU, brindando a Pekín una herramienta clave para penetrar en mercados antes dominados por Moscú o Washington.
Cabe destacar que la progresiva incorporación de equipos chinos se enmarca en una política deliberada de diversificación de la flota militar kazaja. El país de Asia Central ha integrado simultáneamente aviones occidentales como el A400M y el C295 de Airbus, a los que ahora se suman plataformas chinas como el Y-8F-200W y el reciente Y-9E.
Cazas J-10CE para Uzbekistán
Por su parte, Uzbekistán ha dado un paso aún más contundente en esta reconfiguración regional. En la base aérea de Karshi-Khanabad, las autoridades uzbekas han exhibido seis cazas Chengdu J-10CE luciendo las insignias militares nacionales.
Se trata de la primera introducción operativa de un caza de origen chino en Asia Central. Asignados a la 60ª Brigada de Aviación Mixta Independiente, estos aviones forman parte de un lote inicial dentro de una adquisición prevista de hasta 24 unidades, destinadas a reemplazar gradualmente a los envejecidos MiG-29 y Su-27 soviéticos.
El J-10CE aporta a la Fuerza Aérea Uzbeka un salto tecnológico significativo mediante un ecosistema totalmente integrado. La plataforma cuenta con un avanzado radar de barrido electrónico activo AESA, propulsión turbofán WS-10B, una arquitectura moderna de enlace de datos y 11 puntos de anclaje para transportar hasta 5.600 kilogramos de carga útil, incluyendo misiles aire-aire de última generación, como el PL-10E y el PL-15E.
Este avión de combate presenta una longitud de 16,9 metros, una envergadura de 9,8 metros y un área alar de 37 metros cuadrados. Su motor WS-10B genera un empuje de hasta 144 kN con postcombustión que le permite alcanzar velocidades de Mach 1,8, con un techo de servicio superior a los 18.000 metros y un alcance que roza los 2.950 kilómetros.