Vista aérea del portaaviones USS Gerald R. Ford

Vista aérea del portaaviones USS Gerald R. Ford US Navy Omicrono

Observatorio de la Defensa

A Trump no le gustan los nuevos portaaviones de EEUU y exige más cambios en su diseño para que sean como en la 2ª GM

El mandatario quiere que la torre de mando se traslade al centro del barco.

Uno de estos buques ya está operativo y un segundo será entregado pronto.

Más información: Trump ordena a la US Navy reinstalar tecnología obsoleta en sus nuevos portaaviones pese a recargos de miles de millones

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Las claves

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Donald Trump ha ordenado reemplazar las catapultas electromagnéticas de los nuevos portaaviones clase Gerald R. Ford por sistemas a vapor, buscando mayor fiabilidad.

Trump propone rediseñar la estructura de los portaaviones para que se parezcan más a los utilizados en la Segunda Guerra Mundial, con cambios en la ubicación de la torre de mando.

Un informe técnico de la US Navy advierte que mover la torre implicaría enormes costes, retrasos y rehacer gran parte de la ingeniería de los barcos.

La posible remodelación genera preocupación en la Marina estadounidense por el impacto que tendría en los plazos de entrega y la industria naval del país.

A Donald Trump nunca le han gustado los nuevos portaaviones nucleares de la Marina de Estados Unidos (US Navy). Si durante su primera etapa al frente de la Casa Blanca ya había expresado su descontento con el diseño de la denominada clase Gerald R. Ford, en su segundo mandato está decidido a que los buques luzcan y operen a pedir de (su) boca.

Tras ordenar de forma oficial, la semana pasada, el reemplazo del sistema que impulsa a los aviones para despegar desde la cubierta del barco, pasando de las innovadoras catapultas electromagnéticas por el -según el presidente- más fiable mecanismo a vapor con el que operan las unidades de la clase Nimitz desde los años '70, el mandatario quiere ahora realizar más modificaciones a las embarcaciones.

De acuerdo a revelaciones de diversos funcionarios de la administración estadounidense a The Washington Post, la US Navy se encuentra evaluando la viabilidad técnica y operativa de acometer un rediseño estructural de calado en su nueva familia de portaaviones.

El propósito fundamental de estas maniobras no sería otro que alinear la fisonomía de las embarcaciones con los gustos estéticos personales de Trump, quien aboga por una línea naval de corte clásico que recupere la esencia visual de las unidades que combatieron durante la Segunda Guerra Mundial.

Entre los cambios más significativos que la fuerza naval tiene sobre la mesa destaca la reubicación de la torre de mando, estructura de varios niveles que actúa como el cerebro neurálgico y centro de control de las operaciones del buque.

El portaaviones USS Gerald R. Ford en aguas del Mediterráneo.

El portaaviones USS Gerald R. Ford en aguas del Mediterráneo. Europa Press

En el diseño original de la clase Ford, esta estructura fue desplazada hacia la popa con el objetivo de optimizar el espacio en la cubierta de vuelo y agilizar el tránsito de las aeronaves. Sin embargo, la intención actual pasa por trasladar este bloque hacia la proa o situarlo en una posición más centrada, devolviendo al barco una estampa similar a la de las generaciones de portaaviones anteriores.

Sin embargo, a diferencia de la directiva sobre los sistemas de lanzamiento, la posibilidad de mover la torre de control todavía no ha sido plasmada -por el momento- en ningún documento oficial del Gobierno estadounidense, aunque en el Pentágono el asunto se analiza con absoluta gravedad y reservas, según señala la prensa local.

Informe de la US Navy

No es la primera vez que la US Navy analiza las pretensiones de Trump respecto a la distribución de la superestructura. Durante su primer mandato presidencial, la Marina encargó un estudio técnico interno para determinar la factibilidad de mover la "isla", nombre con el que se designa a la torre.

Las conclusiones de aquel informe fueron tajantes: desplazar una estructura de ese calibre implicaría alterar de forma drástica el reparto de pesos, los cálculos de flotabilidad y los centros de gravedad de las embarcaciones, con una factura económica extraordinaria que se traduciría en miles de millones de dólares adicionales y en un retraso severo para el programa de construcción.

El USS Gerald R. Ford y un helicóptero MH-60S Seahawk

El USS Gerald R. Ford y un helicóptero MH-60S Seahawk US Navy Omicrono

Analistas independientes en materia de defensa coinciden en que una modificación arquitectónica de tal magnitud obligaría a rehacer prácticamente la ingeniería básica de los barcos.

En este sentido, mover la isla supone modificar también las salas de máquinas, el cableado de telecomunicaciones, los conductos de ventilación y los accesos a los pañoles de munición, convirtiendo lo que parece un ajuste meramente estético en una remodelación descomunal para unos barcos con un coste unitario de 22.000 millones de dólares (19.000 millones de euros).

Actualmente, el programa naval se encuentra en una fase crucial de su desarrollo. Mientras el USS Gerald R. Ford ya está en servicio activo operando en diversas misiones internacionales, el USS John F. Kennedy encara sus pruebas de mar previas a su entrega a la US Navy, prevista para 2027.

Por su parte, el USS Enterprise y el USS Doris Miller permanecen en distintas etapas de desarrollo en los astilleros, dentro de una planificación a largo plazo que prevé la incorporación de hasta diez unidades en las próximas cuatro décadas.

No obstante, entre los mandos navales la preocupación es palpable ante el impacto que estos giros de guion puedan tener sobre los plazos de entrega y la ya tensionada industria naval estadounidense, un sector que el propio Trump se ha propuesto reactivar y modernizar tras años de parón productivo.