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Observatorio de la Defensa

De WhatsApp a los think tanks: la red de influencia que Marruecos activó durante la crisis migratoria de Ceuta

"La crisis migratoria de Ceuta no fue un evento espontáneo", aseguran los expertos.

"El vector de activación fue la manipulación informativa sobre la sentencia del Tribunal Supremo".

Marruecos quiere convertirse en la “Turquía del Mediterráneo”.

Más información: "El problema lo ha creado Marruecos": expertos en geopolítica ven la invasión como una "palanca" sobre Ceuta

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Las claves

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Marruecos utilizó una estrategia de operaciones híbridas en la crisis migratoria de Ceuta, combinando presión migratoria, desinformación y campañas de influencia.

La narrativa de que la frontera estaba abierta se difundió por redes sociales y grupos de mensajería, movilizando a miles de jóvenes marroquíes hacia Ceuta.

Expertos señalan que Marruecos ha tejido un ecosistema de influencia que incluye medios oficiales, digitales, think tanks internacionales y redes sociales para consolidar su papel estratégico ante Europa y EE.UU.

La principal debilidad de España radica en la falta de una estrategia integral frente a estas operaciones híbridas y la asimetría de visión respecto a Marruecos.

La crisis migratoria en Ceuta —con más de 72.000 entradas en territorio español— confirma que la competencia entre Estados ya no se libra solo en las fronteras ni en el campo de batalla.

Expertos en inteligencia y desinformación consultados por EL ESPAÑOL identifican en lo ocurrido un patrón de “operaciones híbridas”: presión migratoria, desinformación e influencia estratégica alineadas con objetivos políticos y geopolíticos.

Moldear percepciones y fijar narrativas se ha convertido en un multiplicador de poder tan decisivo como el político o el militar. Según expertos en inteligencia y desinformación, Marruecos lleva años construyendo esa capacidad mediante una estrategia que combina diplomacia, campañas digitales, producción académica y presencia en los principales think tanks internacionales.

El objetivo va más allá de la mera defensa de sus intereses nacionales: Rabat busca consolidarse como un socio estratégico indispensable para Europa y Estados Unidos en ámbitos clave como la seguridad, la gestión migratoria, la lucha antiterrorista y la estabilidad del Sahel, al tiempo que instrumentaliza la desestabilización como palanca de influencia.

Según los especialistas consultados, la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta —y, en menor medida, en Melilla— tuvo como detonante la explotación informativa, "deliberadamente distorsionada", de la sentencia dictada por el Tribunal Supremo el pasado 8 de julio sobre las devoluciones en caliente.

"El vector de activación fue la manipulación informativa sobre la sentencia del Tribunal Supremo. La narrativa fabricada —'la frontera está abierta'— se distribuyó a través de grupos de WhatsApp, Facebook y TikTok dirigidos a jóvenes marroquíes hiperconectados, con alta motivación migratoria y baja resistencia a campañas de influencia organizadas", explica a EL ESPAÑOL Eugenia Hernández, CEO de Prime Defence y directora de la Unidad de Análisis de Inteligencia (UNINT).

La analista sostiene que este tipo de dinámicas ya fueron detectadas durante la crisis migratoria de Ceuta de 2021, cuando “se ejecutó el primer ensayo general”. “Esto no es especulación”.

Recuerda que la unidad de Prime Defence documentó entonces patrones equivalentes a los de la operación de 2026, “existían igualmente señales de inteligencia previas sobre el movimiento de esta narrativa”, lo que refuerza la hipótesis de una campaña dirigida y no de una movilización espontánea.

Eso sí, "con una capa adicional: el dominio cognitivo vía redes sociales como mecanismo de movilización previa”.

Decenas de miles de personas se concentraron el jueves 31 de julio en la parte marroquí de la playa del Tarajal y accedieron a Ceuta.

Decenas de miles de personas se concentraron el jueves 31 de julio en la parte marroquí de la playa del Tarajal y accedieron a Ceuta. EFE

A su juicio, confluyeron tres factores: la sentencia judicial fue transformada en desinformación operativa, las redes sociales de una población joven e hiperconectada se utilizaron como canal de movilización y “la connivencia documentada en vídeo de la Gendarmería marroquí confirma que el movimiento no fue orgánico”.

El calendario electoral marroquí —con las legislativas del 23 de septiembre, a menos de un mes— introduce la variable más crítica: los cerca de 100 fallecidos y la estampida tienen una doble lectura, externa (presión sobre España) e interna (de alto voltaje político en Rabat).

Reconoce también que la fecha, 31 de julio, —coincidiendo con la celebración del Trono y a escasas semanas de los comicios— no es casualidad, señala: “es la firma del arquitecto”.

Y en este sentido, Hernández considera que esa proyección internacional debe analizarse dentro de un contexto estratégico más amplio. "La pregunta estratégica no es si Marruecos actuó, sino quién dentro de Marruecos activó la operación y con qué objetivo político interno".

Soldados españoles y personal de emergencias rescatan a un migrante herido en la playa, tras las cruces masivas de migrantes a pie y por mar desde Marruecos hacia territorio español, en Ceuta.

Soldados españoles y personal de emergencias rescatan a un migrante herido en la playa, tras las cruces masivas de migrantes a pie y por mar desde Marruecos hacia territorio español, en Ceuta. Jon Nazca / REUTERS.

Frente a esto, para esta analista en inteligencia, España exhibe “una ausencia alarmante de gran estrategia”: cede sin contrapartida clara, erosiona su capacidad de disuasión política y militar, y no termina de definir qué actor geopolítico quiere ser, mientras Marruecos ejecuta con claridad su ambición de convertirse en la “Turquía del Mediterráneo”.

Eso sí, puntualiza que “Marruecos no es un bloque monolítico; tiene sus propias luchas de poder internas, y esta operación puede estar siendo instrumentalizada tanto por el gobierno en funciones como por facciones que buscan capitalizar el resultado electoral”.

Amplificar narrativas

Ese diagnóstico coincide con el de Javier Valencia, miembro de la Organización de Ciencia y Tecnología (STO) de la OTAN y del grupo de expertos del Departamento de Seguridad Nacional en la lucha contra la desinformación.

Según explica, “Marruecos ha desarrollado durante años un ecosistema de influencia que trasciende los medios tradicionales para integrar portales digitales, pseudomedios, redes sociales, aplicaciones de mensajería y comunidades de usuarios que operan como auténticas cámaras de resonancia”.

El país dispone, añade Varela, de “un ecosistema informativo capaz de introducir, legitimar y escalar narrativas favorables a sus intereses estratégicos sin necesidad de atribuir formalmente cada publicación al Estado”, un modelo que combina “medios próximos al poder o a sus estructuras de seguridad, digitales de escasa entidad con apariencia periodística, periodistas y analistas extranjeros, medios españoles consolidados y redes sociales”.

Entre los medios y plataformas que identifica figuran cabeceras oficiales o bajo control público como MAP (Maghreb Arabe Presse), Maroc.ma (Portal institucional del Reino) o SNRT (Société Nationale de Radiodiffusion et de Télévision).

Junto a ellos, operan "otros medios privados de elevada prioridad analítica" como Hespress, Le360 -especialmente relevante por su capacidad para introducir narrativas en audiencias extranjeras-, Rue20, Barlamane, Maroc Diplomatique o Le Desk.

Además de portales de menor alcance que, según sostiene, "sirven para introducir o reforzar determinadas narrativas antes de que sean amplificadas en las redes".

La difusión, subraya este experto en desinformación, "suele comenzar en grupos privados de WhatsApp, continúa en Telegram y termina expandiéndose por Facebook, TikTok, Instagram y X, donde interactúan comunidades especializadas en emigración irregular, nacionalismo marroquí, el Sáhara o la rivalidad con Argelia".

Como ejemplo de grupos digitales vinculados con la movilización de Ceuta, menciona comunidades como Hraga Ceuta (Hrig Sebta) y otros grupos Haraga en Facebook, canales de WhatsApp como Hijma Kiraj Sebta o Hijma, además de perfiles de difusión como @haragaa_ceuta1, @haragama00, @ceu.ta_haraga, @magog_i, Haraga_maroce y diversas cuentas promarroquíes que publican contenidos en árabe, francés, español e inglés.

Para Valencia, la estrategia presenta además una elevada especialización temática. "Trabajan las distintas plataformas por temáticas. Unas están dedicadas al nacionalismo marroquí, otras al patrimonio cultural, otras al fútbol y otras a Argelia, que constituye una de sus principales preocupaciones estratégicas".

Cuando les interesa, activan simultáneamente todos esos perfiles para dirigir un ataque contra una imagen, una marca, un hashtag o para desestabilizar una determinada narrativa", sostiene.

Ese sistema estaría encabezado por lo que denomina el "nivel cero", perfiles creados entre 2011 y 2014 especialmente próximos a la narrativa oficial marroquí. "Son las vacas sagradas de la red. Activan y desactivan campañas relacionadas con el Sáhara, España o Argelia según las necesidades del momento", asegura.

Para este experto en desinformación, hay que tener también "mucho cuidado con la plataforma Discord y el megacanal GenZ212, los precursores de las movilizaciones del movimiento GenZ en Marruecos y cómo están haciendo llamamientos a nuevos saltos los días 7, 9, 15, ...".

Un ecosistema de influencia

Los especialistas coinciden en que las campañas actuales rara vez se sustentan únicamente en noticias falsas. "Resulta mucho más eficaz seleccionar determinados hechos, exagerar otros, omitir contexto y coordinar miles de cuentas para convertir una interpretación en una percepción ampliamente compartida".

Javier Valencia sostiene que el modelo marroquí no debe imaginarse como una estructura centralizada desde la que se ordena cada publicación.

"Funciona mejor como un ecosistema: un pseudomedio introduce una acusación; un experto o un influenciador español le aporta legitimidad; un medio consolidado la convierte en noticia; la prensa marroquí la reimporta como confirmación extranjera; las redes sociales eliminan los matices; y la repetición transforma la hipótesis en una verdad asumida", asegura a EL ESPAÑOL.

A su juicio, "el principal activo de Marruecos no es únicamente producir propaganda, sino conseguir que terceros formulen, validen y difundan narrativas que favorecen sus intereses".

Por ello insiste en distinguir tres niveles diferentes: que una narrativa beneficie a Marruecos, que sea explotada por medios próximos al poder y que haya sido ordenada directamente por el Estado. "En el caso de Ceuta, los dos primeros niveles aparecen claramente documentados. El tercero continúa requiriendo pruebas adicionales".

Del teléfono móvil a Washington

La estrategia de influencia, sin embargo, no termina en las redes sociales. Los expertos describen un segundo nivel mucho más discreto que opera desde los principales centros internacionales de pensamiento.

En los últimos años, instituciones como el Atlantic Council, el Carnegie Endowment for International Peace, el Middle East Institute o el Wilson Center han incrementado sus publicaciones sobre Marruecos, presentándolo como un actor clave para la estabilidad del Mediterráneo occidental, la lucha contra el terrorismo en el Sahel, el control de la inmigración irregular y la seguridad energética.

Que distintos centros de análisis publiquen documentos con conclusiones similares no implica necesariamente una coordinación directa, pero sí refleja la consolidación de una corriente de pensamiento que sitúa a Rabat como un socio estratégico de Occidente.

"Todos estos mensajes también son amplificados a través de esos y otros think tanks, que se hacen eco de esas informaciones y las proyectan tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea", afirma Valencia.

La asignatura pendiente de España

Los especialistas coinciden en que la principal vulnerabilidad española no reside únicamente en la presión migratoria, sino en la ausencia de una estrategia integral frente a este tipo de operaciones híbridas.

Para explicarlo, Hernández recurre al concepto de "asimetría de visión", desarrollado por el historiador John Lewis Gaddis. "Los países con una gran estrategia subordinan las decisiones de crisis a un proyecto de largo plazo".

E insiste en que "Marruecos opera exactamente así: cada movimiento, ya sea migratorio, energético o diplomático, responde a su ambición de convertirse en el actor geopolítico indispensable del Mediterráneo occidental y en el interlocutor privilegiado de Europa y Estados Unidos".

España, en cambio, "acumula cesiones sin una contraparte clara y sin un relato estratégico que las enmarque. Esa asimetría de visión constituye el verdadero riesgo estructural", sostiene Hernández.

La CEO de Prime Defence va un paso más allá e insiste en que “España no ha articulado con claridad su posición estratégica en el triángulo España-Marruecos-Estados Unidos, el eje más sensible para la lucha antiterrorista yihadista y el control migratorio”.

Remarca que la relación con Marruecos es “imprescindible”, pero debe construirse “desde el equilibrio y la previsión defensiva, no desde la reactividad y la concesión unilateral”.

Hernández subraya que “la relación de España con Estados Unidos es especialmente relevante".

"Mucho más relevante y profunda que la que tiene la gran potencia con países emergentes como Marruecos”, sostiene.

“Aunque con las últimas administraciones y gobiernos se ha visto deteriorada la diplomacia de las palabras… no de los hechos”. Y concluye afirmando que “España es una nación especialmente fuerte desde el punto de vista militar, geográfico, económico y diplomático”.

Javier Valencia comparte esa percepción y considera que "este tipo de episodios volverán a repetirse". "Ellos modulan estas operaciones en función de sus necesidades. Lo vimos en 2021 y pueden volver a hacerlo cuando lo consideren oportuno".

Eso sí, en su opinión, "el llamamiento del día 15 no tendrá mucho éxito, llevarán toda la gendarmería para intentar evitarlo”.

En ese contexto, ambos expertos coinciden en que la respuesta no pasa únicamente por reforzar las capacidades militares o proteger las infraestructuras críticas.

También exige mejorar la detección de las operaciones de influencia, fortalecer la resiliencia institucional y elevar la alfabetización informativa de la sociedad frente a campañas de manipulación cada vez más sofisticadas.