Dron de Boeing MQ-25A.

Dron de Boeing MQ-25A. Boing

Observatorio de la Defensa

La US Navy prepara el portaviones del futuro: busca drones capaces de atacar objetivos a casi 1.900 km

Washington busca definir cómo será la próxima aviación embarcada.

Quiere conocer la capacidad industrial de los fabricantes de estas aeronaves.

Más información: EEUU prepara el 'USS Defiant', el buque de guerra de 17.000 millones con el que quiere frenar el auge naval de China

Publicada
Las claves

Las claves

La US Navy busca desarrollar una nueva generación de drones capaces de operar desde portaviones con un radio de combate de hasta 1.852 km sin repostar.

El objetivo es que estos drones sean altamente autónomos, puedan penetrar espacios aéreos disputados y ejecuten misiones de ataque sin piloto a bordo.

La Marina exige compatibilidad con los sistemas de lanzamiento y recuperación actuales, así como opciones VTOL para operar desde otros buques más allá de portaviones.

Las propuestas deberán demostrar capacidad de producción rápida y eficiente, integración con sistemas existentes y planes de fabricación escalables para situaciones de conflicto.

La US Navy avanza en la transformación de su aviación embarcada hacia un modelo cada vez más autónomo. El Mando de Sistemas Aéreos Navales (NAVAIR) ha activado una consulta a la industria para identificar tecnologías que permitan desarrollar una nueva generación de drones concebidos para operar desde portaviones de propulsión nuclear.

Washington busca definir cómo será la aviación embarcada de las próximas décadas: más autónoma, con mayor alcance, preparada para operar en entornos de alta amenaza y capaz de producirse a gran escala si un conflicto de alta intensidad lo exigiera.

El objetivo es ambicioso: disponer de aeronaves no tripuladas capaces de despegar desde la cubierta de un portaviones, penetrar en espacios aéreos altamente disputados, recorrer hasta 1.852 kilómetros de radio de combate sin repostar, reabastecerse en vuelo si fuera necesario, esquivar las defensas enemigas y ejecutar misiones de ataque sin necesidad de un piloto a bordo.

La iniciativa forma parte del programa Air Wing of the Future (Ala Aérea del Futuro), con el que la Armada pretende transformar los actuales grupos aéreos embarcados, todavía sustentados en gran medida por los cazas F/A-18 Super Hornet, hacia una combinación de aeronaves tripuladas y no tripuladas de quinta y sexta generación capaces de operar de forma conjunta.

Esta evolución se integra, además, en el plan Golden Fleet, impulsado por la Administración Trump para acelerar la modernización de la flota y reducir los tiempos de adquisición de nuevos buques y aeronaves.

La consulta publicada el 14 de julio no constituye todavía una licitación ni implica la adjudicación de un contrato. Se trata de una Sources Sought Notice —equivalente a una solicitud de información a la industria— mediante la que la Marina recopila las capacidades reales del mercado antes de definir un futuro programa de adquisición.

Las empresas interesadas disponen hasta el 13 de agosto para presentar sus propuestas y demostrar que cuentan con la capacidad tecnológica e industrial necesaria para desarrollar este nuevo sistema.

Los "compañeros de combate" del MQ-25

La Armada no parte de cero. Dos programas sirven de base para esta nueva generación de aeronaves embarcadas.

Por un lado, el MQ-25A Stingray, desarrollado por Boeing, completó en abril de 2026 su primer vuelo de pruebas operativas y avanza hacia su despliegue en los portaviones de las clases Nimitz y Ford. Su misión principal será proporcionar reabastecimiento en vuelo a los cazas embarcados.

El Fury de Anduril es un vehículo aéreo autónomo de altas prestaciones, diseñado para misiones de combate de primer nivel.

El Fury de Anduril es un vehículo aéreo autónomo de altas prestaciones, diseñado para misiones de combate de primer nivel. Anduril

Por otro, el programa Collaborative Combat Aircraft (CCA) desarrolla drones de menor coste concebidos para acompañar a aeronaves tripuladas como "compañeros leales" (loyal wingmen), ampliando su capacidad de combate y asumiendo las misiones de mayor riesgo.

Actualmente Anduril, Boeing, General Atomics y Northrop Grumman trabajan en distintos conceptos adaptados a operaciones embarcadas, mientras Lockheed Martin desarrolla la arquitectura de software que permitirá a un único operador coordinar varios drones simultáneamente.

Operar desde distintos buques

La nueva consulta eleva el listón y fija requisitos operativos especialmente exigentes. La Armada reclama aeronaves plenamente compatibles con los sistemas de lanzamiento por catapulta y recuperación mediante cables de frenado de los portaviones de las clases Nimitz y Ford.

Asimismo, también muestra interés por diseños de despegue y aterrizaje vertical (VTOL), capaces de operar desde otros buques de la flota, como destructores o bases marítimas móviles, sin necesidad de una cubierta de vuelo convencional.

El USS Harry S. Truman (CVN 75), noveno portaaviones de propulsión nuclear de la Armada de Estados Unidos y octavo perteneciente a la clase Nimitz, representa uno de los pilares más poderosos de la flota naval estadounidense.

El USS Harry S. Truman (CVN 75), noveno portaaviones de propulsión nuclear de la Armada de Estados Unidos y octavo perteneciente a la clase Nimitz, representa uno de los pilares más poderosos de la flota naval estadounidense. US Navy US Navy

Para las versiones destinadas a misiones de ataque, el requisito mínimo establece un radio de combate de 1.000 millas náuticas (1.852 kilómetros) sin repostar.

Esta exigencia responde al creciente alcance de los misiles antibuque de largo alcance desarrollados por potenciales adversarios, que obligan a los portaaviones a mantener mayores distancias de seguridad respecto al objetivo.

Más autonomía y menor coste

La US Navy también presta especial atención a la eficiencia operativa. El documento solicita que las propuestas maximicen el denominado spot factor, un indicador que mide el espacio que ocupa cada aeronave sobre la cubierta en relación con la capacidad militar que aporta. En un portaviones, donde cada metro cuadrado es un recurso estratégico, este aspecto resulta determinante.

Asimismo, los nuevos sistemas deberán integrarse en la arquitectura de control de aviación no tripulada ya utilizada por el programa MQ-25, evitando desarrollar infraestructuras independientes para cada nueva plataforma.

Más allá de las prestaciones técnicas, la Marina quiere conocer la capacidad industrial de los fabricantes para producir estas aeronaves con rapidez en caso de conflicto. Por ello exige planes de fabricación escalables, estrategias para contener el coste unitario de producción y calendarios detallados que incluyan hitos como el primer vuelo, el primer apontaje sobre un portaaviones y la declaración de capacidad operativa inicial.

Aunque esta consulta no garantiza el lanzamiento inmediato de un programa de adquisición, sí revela las prioridades estratégicas de la Marina estadounidense.