La cumbre de la OTAN en Ankara marcará previsiblemente el inicio de una nueva etapa para la seguridad occidental.

La cumbre de la OTAN en Ankara marcará previsiblemente el inicio de una nueva etapa para la seguridad occidental. Juan López Cachón E.E.

Observatorio de la Defensa

Ankara marcará el punto de inflexión hacia una OTAN 3.0: mucho más europea y menos dependiente de EEUU

Para EEUU el escenario prioritario sigue siendo la competencia con China.

Un cambio complejo y costoso que exigirá cambios políticos, militares e industriales.

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Las claves

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La cumbre de la OTAN en Ankara marcará el inicio de la llamada 'OTAN 3.0', con una Alianza más europea y menos dependiente de Estados Unidos.

Estados Unidos planea reducir su implicación directa en la defensa convencional de Europa para centrarse en la rivalidad estratégica con China en el Indo-Pacífico.

España e Italia están en el punto de mira de Washington por su bajo gasto militar y su negativa a ciertas operaciones, lo que podría afectar la presencia de tropas estadounidenses en sus bases.

La OTAN apuesta por reforzar la producción industrial de defensa y la incorporación de nuevas tecnologías como inteligencia artificial y sistemas autónomos, además de mantener el escudo nuclear estadounidense en Europa.

La OTAN se dispone a dar el paso más importante de su historia desde el final de la Guerra Fría. La cumbre que reunirá los próximos 7 y 8 de julio a los 32 jefes de Estado y de Gobierno en Ankara no girará únicamente en torno al incremento del gasto militar o el apoyo a Ucrania.

El verdadero debate será más profundo: cómo adaptar la Alianza a un escenario en el que Estados Unidos ya no puede —o no quiere— concentrar la mayor parte de sus recursos en Europa mientras afronta la creciente rivalidad estratégica con China en el Indo-Pacífico, su prioridad en estos momentos.

El nuevo paradigma ya tiene nombre: OTAN 3.0. Aunque no es un concepto nuevo, lleva meses ganando fuerza en el Pentágono y en Bruselas. Su principal impulsor, Elbridge Colby —subsecretario de Defensa y arquitecto de la actual Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU—, lo dejó claro en febrero ante los ministros de Defensa de la Alianza, y el secretario general, Mark Rutte, lo ha reiterado en los últimos foros.

El concepto, impulsado por Colby, supone una profunda redefinición del equilibrio transatlántico. La idea no pasa por debilitar el vínculo con Washington, sino por reforzarlo mediante un reparto diferente de las cargas: una Europa mucho más capaz de asumir la defensa convencional del continente mientras Estados Unidos conserva las capacidades estratégicas —desde la disuasión nuclear hasta la inteligencia o el transporte estratégico— y concentra progresivamente su atención en Asia.

Así lo expresó Colby en la citada reunión en Bruselas, donde defendió que la “OTAN 3.0” requiere que los aliados asuman un papel mucho más activo, incrementando sus esfuerzos para liderar y responsabilizarse principalmente de la defensa convencional de Europa.

La Administración estadounidense lleva meses trasladando ese mensaje a los aliados. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció recientemente que Washington dedicará "hasta seis meses" a revisar el despliegue de tropas y bases militares en Europa con el objetivo de avanzar hacia "un liderazgo europeo" dentro de la Alianza.

Además, lanzó un aviso a los países que todavía no cumplen los objetivos de inversión comprometidos. "Es una revisión en la que algunos países suspenderán y otros aprobarán con nota", advirtió.

Y ese es el mismo mensaje que está trasladando Rutte a los aliados. "Una parte europea de la OTAN asumiendo cada vez más responsabilidad y cuidado de su propia defensa convencional y, por tanto, haciendo posible que el aliado, con diferencia, más importante que tenemos, Estados Unidos, pueda reorientarse gradualmente, por ejemplo, hacia Asia", ha resumido Rutte al explicar la filosofía de esta nueva etapa.

La propuesta supone un giro significativo incluso respecto a las posiciones que el propio secretario general defendía hace apenas unos meses, cuando insistía en que Europa no podía garantizar su seguridad sin Estados Unidos.

Ahora el mensaje ha evolucionado: Washington seguirá siendo imprescindible, pero su papel en la defensa convencional europea tenderá a reducirse mientras los aliados europeos incrementan sus capacidades militares e industriales.

Eso sí, nadie duda que EEUU mantendrá el escudo nuclear desplegado en Europa, sustentado en dos pilares: la disuasión extendida que ofrece la OTAN y la presencia de armas nucleares estadounidenses desplegadas en bases de países aliados europeos.

En la práctica, esto significa que Washington mantiene parte de su capacidad nuclear en territorio aliado como garantía de seguridad colectiva frente a amenazas externas.

Más que aumentar el gasto militar

La reunión de Ankara llega en un momento especialmente delicado para la seguridad internacional. Rusia continúa inmersa en una economía de guerra, Ucrania afronta un conflicto de desgaste que ya supera los cuatro años, Oriente Próximo permanece marcado por una elevada inestabilidad y China obliga a Estados Unidos a redistribuir recursos militares hacia el Indo-Pacífico.

Ese nuevo contexto explica que la OTAN haya dejado de hablar únicamente de porcentajes de inversión para centrarse en la capacidad real de producir armamento, reponer existencias y sostener un conflicto de alta intensidad durante largos periodos.

Elbridge Colby, subsecretario de Defensa para Políticas de Estados Unidos, posa con el ministro delegado de Defensa Nacional marroquí, Abdelatif Loudiyi, durante el encuentro en Washington.

Elbridge Colby, subsecretario de Defensa para Políticas de Estados Unidos, posa con el ministro delegado de Defensa Nacional marroquí, Abdelatif Loudiyi, durante el encuentro en Washington. Reuters

Rutte ha definido la cita como una cumbre "de ejecución", en la que los compromisos políticos deberán traducirse en capacidades militares concretas. Durante el encuentro se anunciarán decenas de miles de millones de dólares en nuevos contratos destinados a reforzar la producción industrial de defensa y acelerar el suministro de equipos a los aliados.

La transformación también afectará al propio modelo militar de la Alianza. La prioridad ya no consiste únicamente en adquirir más carros de combate, aviones o sistemas antiaéreos, sino en incorporar con rapidez inteligencia artificial, sistemas autónomos (drones), guerra electrónica, capacidades espaciales y nuevas tecnologías capaces de alterar el equilibrio en futuros conflictos.

España e Italia, en el punto de mira

El gasto en defensa volverá a situarse en el centro del debate. Todo apunta a que el presidente Donald Trump aprovechará el foro para reprochar, una vez más, a sus aliados el bajo nivel de inversión militar y su tibio respaldo en el conflicto con Irán. En ese contexto, España e Italia se perfilan como blancos preferentes.

No es un episodio nuevo. Ya durante la cumbre de la OTAN celebrada en La Haya el pasado año, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, emergió como el principal opositor al plan de Trump de elevar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB hasta 2035.

Frente a esa exigencia, defendió mantener el umbral del 2%, desatando un evidente malestar en la Casa Blanca. Desde entonces, Trump no ha dejado pasar ocasión para señalar públicamente la posición española.

A la tensión con Madrid se suma ahora el choque con Roma. La reciente negativa de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni —en línea con España—, a permitir el uso de bases italianas en operaciones vinculadas a Irán ha abierto un nuevo frente. Trump reaccionó con desdén, llegando a afirmar que Meloni le había “implorado” una fotografía conjunta durante la cumbre del G7, a la que accedió “por pena”.

La respuesta de la dirigente italiana no se hizo esperar. En un vídeo difundido en redes sociales, negó tajantemente las declaraciones del presidente estadounidense y subrayó que Italia “no implora a nadie”.

En la narrativa de Trump, tanto España como Italia han pasado a engrosar la lista de aliados incómodos: países a los que acusa de falta de compromiso y que, en sus propias palabras, considera “terribles” socios.

Habrá que ver si esto se queda en retórica o se traduce en hechos. Ambos países podrían ver reducida la presencia de militares estadounidenses en las bases de la OTAN que albergan en sus respectivos países. En el caso de España, las de Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla). Y en Italia, las bases de Aviano, Sigonella (Sicilia) o Nápoles / Gaeta (Campania), por citar algunas.

Nueva arquitectura de seguridad europea

Más allá de los anuncios que puedan producirse en Ankara, la reunión marcará previsiblemente el inicio de una nueva etapa para la seguridad occidental. La gran incógnita ya no es si Europa debe gastar más en defensa, sino si será capaz de asumir una parte mucho mayor de la seguridad del continente sin romper el equilibrio transatlántico que ha garantizado la estabilidad europea durante más de siete décadas.

En el fondo, la cumbre deberá responder a dos preguntas que condicionarán la próxima década: si la OTAN puede seguir siendo el principal garante de la seguridad europea con un menor protagonismo convencional de Estados Unidos y qué arquitectura de defensa emergerá en un continente obligado a rearmarse mientras Washington desplaza progresivamente su prioridad estratégica hacia Asia.

Más que una reunión para aprobar nuevos planes militares, Ankara aspira a convertirse en el punto de partida de una OTAN distinta: más industrial, más tecnológica y, sobre todo, más europea. Si ese equilibrio consigue consolidarse, la Alianza habrá iniciado una transición histórica sin precedentes desde su creación en 1949.