Una alegoría sobre el papel de Asturias en la defensa europea.

Una alegoría sobre el papel de Asturias en la defensa europea.

Observatorio de la Defensa

Asturias ya estaba aquí

Carolina Díaz
Publicada

Cuando empecé a trabajar en el ámbito de la defensa, una de las primeras preguntas que me hice fue sencilla: ¿qué tiene Asturias que sea útil para la seguridad nacional? No en abstracto, sino en concreto.

La respuesta no me sorprendió, porque la capacidad ya estaba aquí y llevaba siglos estándolo.

La Real Fábrica de Armas de Trubia se fundó en 1794. Décadas antes de la llegada del ferrocarril y del telégrafo a España, Asturias ya fabricaba para la defensa nacional. Lo que vino después —la siderurgia, la ingeniería naval, la metalurgia de precisión o la fabricación avanzada— no fue una casualidad, sino la consolidación de una cultura industrial construida sobre la exigencia, la fiabilidad y la capacidad de resolver problemas complejos.

Sin embargo, sería un error pensar que la oportunidad de Asturias en defensa se basa únicamente en su tradición industrial. La defensa del siglo XXI no se mide solo en capacidad de fabricación.

Hoy la tecnología impregna cada capa del sector: inteligencia artificial, sistemas autónomos, ciberseguridad, nuevos materiales, comunicaciones seguras o sensórica avanzada. La verdadera ventaja competitiva surge cuando la industria se combina con conocimiento e innovación.

Y ahí Asturias también tiene mucho que aportar.

Pienso, por ejemplo, en José González Hontoria, uno de los ingenieros militares más brillantes de la historia de España. Desde Trubia impulsó avances que situaron a la industria militar española entre las más avanzadas de su tiempo.

Hontoria entendió algo que sigue siendo válido hoy: que la superioridad tecnológica nace de la combinación entre conocimiento, industria y visión estratégica. Exactamente la misma combinación que necesitamos ahora.

El reto ya no es demostrar que Asturias puede contribuir a la defensa europea. El reto es asumir que lleva haciéndolo más de doscientos años y que tiene la oportunidad de seguir haciéndolo durante los próximos doscientos.

Durante años hemos hablado de las oportunidades que la nueva política europea de defensa podía representar para Asturias. Hemos hablado de autonomía estratégica, de tecnologías duales, de cadenas de suministro y de soberanía tecnológica. Para algunos, todo ello podía sonar como una conversación lejana.

Sin embargo, los días 3 y 4 de junio ocurrió algo importante.

La Comisión Europea eligió Gijón para celebrar la Conferencia de la Red Europea de Regiones relacionadas con la Defensa (ENDR), reuniendo a responsables públicos, grandes empresas, pymes, startups, centros tecnológicos y representantes institucionales de toda Europa para debatir sobre el futuro de la base industrial y tecnológica de defensa europea.

Y fue precisamente allí donde confirmé algo que llevaba tiempo pensando: Asturias no estaba intentando entrar en este ecosistema. Asturias ya formaba parte de él.

La conferencia fue la confirmación de que existe un tejido empresarial con capacidades diferenciales; de que nuestros centros tecnológicos y empresas innovadoras tienen mucho que aportar; y de que la colaboración entre industria, conocimiento y administración constituye una de nuestras principales fortalezas.

Hontoria entendió algo que sigue siendo válido hoy: la superioridad tecnológica nace de la combinación entre conocimiento, industria y visión estratégica.

En Europa existen regiones que llevan años construyendo esta posición. Bretaña, en Francia, el norte de Alemania o determinadas regiones italianas entendieron hace tiempo que la defensa no es únicamente una cuestión de seguridad.

Asturias tiene todas las condiciones para recorrer ese mismo camino.

Porque la escala regional importa. Importa porque aquí las distancias son cortas. Porque la empresa que fabrica, el investigador que desarrolla y la administración que impulsa pueden sentarse en la misma mesa y convertir una idea en un proyecto real en cuestión de meses.

Porque existe una tradición industrial que aporta credibilidad y una base científica y tecnológica cada vez más sólida.

Después de estos meses de trabajo, y especialmente después de lo vivido en Gijón, me queda una convicción personal.

El reto ya no es demostrar que Asturias puede contribuir a la defensa europea. El reto es asumir que lleva haciéndolo más de doscientos años y que tiene la oportunidad de seguir haciéndolo durante los próximos doscientos.

La historia nos ha dado una base industrial extraordinaria. El desafío de nuestra generación es complementarla con tecnología, innovación y conocimiento. Porque la defensa del futuro no se construirá únicamente en las fábricas, sino también en los laboratorios, los centros tecnológicos, las startups y las universidades.

Por eso, cuando hablamos del futuro de la defensa europea, Asturias no está llamando a la puerta.

Asturias ya estaba aquí.

*** Carolina Díaz, Directora del Asturias Hub Defensa