El dron iraní Shahed-136.

El dron iraní Shahed-136. EL ESPAÑOL

Observatorio de la Defensa

Los drones kamikazes Shahed-136 de Irán marcan tendencia: Rusia, Ucrania, EEUU, China y Taiwán los copian

El verdadero valor militar de este tipo de drones suicidas no reside en su sofisticación tecnológica, sino en la relación coste-eficacia: son muy efectivos.

Más información: Shahed-136 o Geran-2: el dron kamikaze que desafía las defensas en los frentes de Oriente Próximo y Ucrania

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Las claves

Las claves

El dron kamikaze Shahed-136 de Irán ha inspirado a países como Rusia, Ucrania, EEUU, China y Taiwán a desarrollar versiones propias por su eficacia y bajo coste.

La principal ventaja de estos drones es su relación coste-eficacia: por el precio de un solo misil interceptor se pueden lanzar decenas de Shahed o variantes similares.

Rusia utiliza el Geran-2, inspirado en el Shahed, en Ucrania; Estados Unidos, Taiwán y China también han presentado modelos adaptados a sus necesidades estratégicas.

El Shahed-136 redefine la guerra moderna al saturar defensas enemigas y obligar a los adversarios a gastar recursos muy superiores para contrarrestarlos.

Los drones kamikazes Shahed desarrollados por Irán han dejado de ser una capacidad exclusiva de Teherán para convertirse en una referencia global en la guerra moderna. Su eficacia de combate en Ucrania y Oriente Próximo ha impulsado una carrera internacional para desarrollar sistemas similares, con países como Rusia, Estados Unidos, China, Corea del Norte y Taiwán apostando por plataformas inspiradas en su diseño.

El verdadero valor militar de este tipo de drones suicidas no reside en su sofisticación tecnológica, sino en la relación coste-eficacia. Por el coste de un solo misil interceptor moderno —que puede ascender a cientos de miles o incluso millones de dólares— es posible lanzar decenas de drones Shahed o sus variantes.

Esta asimetría sitúa al adversario ante un dilema: gastar mucho dinero en munición o arriesgarse a que algunos drones alcancen sus objetivos. De ahí la proliferación de copias casi calcadas de este sistema, ya consolidado como un recurso eficaz para saturar, desgastar e incluso cegar las defensas aéreas enemigas.

El diario estadounidense The Wall Street Journal resumía recientemente esta tendencia bajo un titular revelador: “Todos los países quieren copiar los letales drones Shahed de Irán”.

Y aseguraba que "Estados Unidos y sus aliados compiten para desarrollar réplicas de armas de bajo costo y largo alcance", mientras empresas de Estados Unidos, China, Francia y Reino Unido trabajan en proyectos inspirados en el modelo iraní.

El arma que redefinió la guerra

Irán comenzó a desarrollar la familia Shahed a principios de los años 2000 con el objetivo de contrarrestar amenazas regionales como Israel. Con el tiempo, el concepto evolucionó hasta desembocar en el Shahed-136, una munición merodeadora capaz de permanecer en vuelo hasta localizar su objetivo y lanzarse sobre él, combinando capacidades de vigilancia y ataque.

El sistema destaca por una combinación difícil de igualar: bajo coste, diseño relativamente simple, largo alcance y eficacia operativa.

El dron iraní Shahed-136.

El dron iraní Shahed-136. EL ESPAÑOL

El Shahed-136 puede alcanzar distancias de hasta 2.500 kilómetros y transportar una carga explosiva significativa, convirtiéndose en una herramienta idónea para ataques de largo alcance contra infraestructuras críticas o posiciones militares.

Su éxito en combate ha convertido al dron iraní en una referencia doctrinal. El objetivo ya no es únicamente destruir un blanco concreto, sino saturar sistemas defensivos mediante ataques masivos de bajo coste que obligan al adversario a gastar recursos mucho más caros para neutralizarlos.

Rusia inició el camino

Uno de los primeros países que empezó a copiar estos sistemas fue Rusia. Moscú desarrolló su propia versión del Shahed-136 bajo la denominación Geran o Geran-2, que ha sido empleada de forma intensiva durante la guerra de Ucrania. Estos sistemas han proporcionado "resultados notables" a las fuerzas rusas pese al amplio apoyo militar occidental recibido por Kiev.

Por su parte, Ucrania ha impulsado varias variantes inspiradas en el modelo iraní. Entre ellas figura el UAS SETH, que conserva el fuselaje característico triangular de configuración "sin cola" del Shahed, aunque sustituye parte de su arquitectura por sistemas propios, incluido un motor eléctrico, lo que lo hace más silencioso y con menor firma térmica.

Imagen de los Geran 2, una versión mejorada de los drones iraníes con los que actualmente lanzan sus ofensivas a Ucrania

Imagen de los Geran 2, una versión mejorada de los drones iraníes con los que actualmente lanzan sus ofensivas a Ucrania

La Brigada Azov de Ucrania ha sido equipada con estos drones "tipo Shahed" fabricados localmente.

Paralelamente, Kiev ha apostado por una nueva generación de drones interceptores para combatir los Shahed rusos. Sistemas como Sting, Wild Hornets, Merops o P1-SUN están diseñados específicamente para localizar, perseguir y derribar aeronaves no tripuladas enemigas, ofreciendo una solución más económica y flexible que el empleo de misiles antiaéreos convencionales.

La experiencia rusa también se ha extendido a otros actores como Corea del Norte que estarían utilizado la tecnología del Geran para desarrollar sus propios drones de largo alcance, siguiendo la misma filosofía operativa.

EEUU acelera su respuesta

La expansión de estas capacidades ha obligado también a reaccionar a Washington. Durante un evento organizado por el Pentágono el pasado verano fueron presentados varios modelos inspirados en el concepto Shahed. Entre ellos figuraban el LUCAS (Low-Cost Uncrewed Combat Attack System), desarrollado por SpectreWorks, y el Arrowhead, una plataforma de ataque de largo alcance creada por Griffon Aerospace.

La dimensión económica continúa siendo uno de los principales desafíos para Occidente. Diversas estimaciones sitúan el coste de un dron Shahed-136 en torno a los 20.000 dólares, según el Center for Strategic and International Studies (CSIS).

No obstante, otras fuentes, como el analista Esfandyar Batmanghelidj, sostienen que su fabricación dentro de Irán resulta significativamente más barata, con un coste aproximado de 7.000 dólares.

Por su parte, las versiones rusas sería algo más caras. Tendrían un coste estimado de entre 35.000 y 60.000 dólares por unidad, mientras que el LUCAS estadounidense supera los 100.000 dólares.

El propio presidente de EEUU, Donald Trump, llegó a afirmar durante una visita a Catar en mayo que los drones iraníes se encuentran entre los mejores del mundo y los describió como sistemas "rápidos, mortales y aterradores".

Taiwán presenta el Papa Delta

La última incorporación a esta tendencia llega desde Taiwán. La isla ha presentado el Papa Delta, un dron desarrollado por Thunder Tiger Corp. que toma como referencia el diseño del Shahed-136 y forma parte de los esfuerzos taiwaneses para reforzar su capacidad de disuasión frente a China.

La compañía ha divulgado pocos detalles técnicos, aunque sí ha señalado que el aparato está fabricado con aluminio estampado y tendría un coste de producción de "varias decenas de miles de dólares".

Dron Papa Delta de Taiwán

Dron Papa Delta de Taiwán Redes Sociales

Durante la presentación, un representante de la empresa sugirió que el sistema estaría pensado para operaciones de largo alcance y aseguró que podría ser capaz de "atacar ciudades en China desde Taiwán", una afirmación que refleja la dimensión estratégica que este tipo de plataformas adquieren en un eventual escenario de crisis en el estrecho de Taiwán.

Se trata de un dron que "Puede atacar personal, vehículos blindados o edificios — es polivalente", según la compañía.

China: un concepto diferente

Mientras muchos países buscan replicar el modelo iraní, China ha desarrollado una variante con una misión más especializada. El ASN-301 es una munición merodeadora antirradiación diseñada específicamente para localizar y destruir radares y sistemas de detección enemigos.

Su función no consiste tanto en saturar objetivos como en neutralizar los sensores que sustentan una red de defensa aérea.

El sistema tendría una longitud de 2,5 metros, una envergadura de 2,2 metros, un peso de 135 kilogramos y una autonomía superior a cuatro horas, con un radio de combate de hasta 300 kilómetros.

Además, emplearía una espoleta de proximidad láser capaz de dispersar unos 7.000 fragmentos preformados, una solución concebida para inutilizar antenas, radares y sistemas de control sin necesidad de impactar directamente sobre ellos.

El dron chino ASN-301 es una munición merodeadora antirradiación diseñada específicamente para localizar y destruir radares y sistemas de detección enemigos.

El dron chino ASN-301 es una munición merodeadora antirradiación diseñada específicamente para localizar y destruir radares y sistemas de detección enemigos.

Diversas fuentes también le atribuyen capacidad para detectar emisiones electromagnéticas en bandas comprendidas entre los 2 y los 16 GHz.

La diferencia doctrinal entre ambos sistemas resulta significativa. Mientras el Shahed-136 está concebido para saturar defensas mediante ataques masivos de bajo coste y largo alcance, el ASN-301 busca abrir brechas en la arquitectura defensiva destruyendo los radares que permiten detectar amenazas y guiar interceptores.

Guerras del siglo XXI

La proliferación de estas plataformas refleja una transformación profunda del combate contemporáneo. Lo que comenzó como un programa iraní destinado a compensar limitaciones tecnológicas se ha convertido en un modelo que hoy estudian y reproducen algunas de las principales potencias militares del mundo.

En una era marcada por la necesidad de obtener efectos estratégicos con costes cada vez más reducidos, el Shahed ha pasado de ser un arma regional a convertirse en una de las referencias globales de la guerra del siglo XXI.