SM el rey Felipe VI durante su visita a la Campaña Técnica de Experimentación en la Base Álvarez de Sotomayor Almería
El Ejército de Tierra se acerca al campo de batalla del futuro: drones armados, guerra electrónica y espionaje aéreo
Durante los últimos 10 días, el Ejército de Tierra ha estado poniendo a prueba las últimas tecnologías en el segmento de los drones en Almería.
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Personal del Ejército de Tierra lleva casi dos semanas trabajando en la Base Álvarez de Sotomayor en Almería para plantear sus necesidades de cara al campo de batalla del futuro.
Uno donde los drones toman un papel todavía más importante del que ostentan, hoy por hoy, en las misiones más arriesgadas que se ejecutan en tierra, mar y aire para reducir al mínimo imprescindible la exposición al riesgo de los combatientes.
Dentro de este campo de batalla del futuro, también tienen un papel clave la guerra electrónica y los sistemas antidrones que consiguen paralizar buena parte de los ataques sin gastar un cartucho de munición. Aunque en el Ejército de Tierra también han estado probando otros métodos cinéticos más expeditivos.
Y por último, las clásicas labores de recopilación de inteligencia que se han trasladado de forma definitiva a los drones como elementos críticos sobre el terreno.
Bajo esta premisa y con todos esos ingredientes, el Centro de Fuerza Futura de la División de Planes del Estado Mayor del Ejército ha organizado la Campaña Táctica de Experimentación 3 entre los días 7 y 17 de abril.
Diez días en los que se han dado cita diversas unidades militares de todas las ramas de las Fuerzas Armadas, FFCCSE, empresas, centros tecnológicos y universidades con el objetivo de comprobar de primera mano y en condiciones realistas la utilidad, integración y madurez de las nuevas capacidades de interés para las Fuerzas Armadas.
El broche de oro lo puso el rey Felipe VI con su visita este jueves a las instalaciones almerienses con motivo de la finalización de unos ejercicios que marcarán los próximos pasos de las Fuerzas Armadas en conjunto.
Conjunto de drones probados durante la Campaña de Experimentación Campo de Tiro de la Base Álvarez de Sotomayor (Almería)
El Ejército de Tierra, como parte del proyecto Fuerza 35, evalúa de forma constante las capacidades que las compañías privadas pueden ofrecer de acuerdo a una lista de necesidades identificadas dentro de las propias unidades y con el foco puesto en la soberanía tecnológica como eje central.
Tal y como explican, el principal objetivo de la Campaña Táctica es acelerar los procesos de adquisición, identificando aquellas tecnologías y medios que se encuentran maduros.
Drones armados
Los conocidos como Unmanned Ground Vehicle (UGV) son drones que se desplazan por la superficie y han tenido en la actual guerra en Ucrania su principal escaparate internacional.
Según explican desde el Ejército de Tierra, estas plataformas cuentan con algunas aplicaciones de ataque, convirtiéndolos en drones kamikaze o en estaciones de armas de operación remota.
Durante la actual Campaña, esos sistemas han realizado ejercicios de fuego real en movimiento dentro del campo de tiro de la base Álvarez de Sotomayor.
Los disparos se han llevado a cabo sobre objetivos situados a una distancia de hasta 1.200 metros mediante ametralladora de calibre 7.62 milímetros estabilizada. En este campo, la compañía EM&E (Escribano) ha sido la referencia llevando hasta allí un UGV de su filial Aunav.
Lanzamiento de dron merodeador de Arquimea
En cuanto al plano aéreo, el Ejército de Tierra también ha tenido la oportunidad de probar varios sistemas de drones kamikaze y munición merodeadora.
Dentro de la primera categoría se encuentra el dron Sakul, calificado como un dron de ataque sin retorno (one way drone) con capacidad de llevar una cabeza de guerra y un formato de fuselaje que recuerda al ya famoso Shahed iraní.
En cuanto a las municiones merodeadoras, en la Campaña han podido probar el sistema Q-SLAM de la española Arquimea, uno de los drones referentes de su tipo y que ya ha sido adquirido por la Infantería de Marina.
Minimizar bajas
Más allá del ataque, los UGV han demostrado ser clave en misiones tan dispares como la desactivación de explosivos, evacuación médica o transporte logístico.
Con este planteamiento sobre la mesa, el Ejército de Tierra ha estado probando en Almería varias plataformas que se ajustan a todos esos escenarios de uso.
Una de las pruebas realizadas ha sido el lanzamiento desde un UGV de pequeño tamaño de una manguera explosiva que emplean los zapadores para abrir una brecha en una zona minada.
UGV con la manguera explosiva para Zapadores Campo de Tiro de la Base Álvarez de Sotomayor (Almería)
Cada manguera pesa alrededor de 25 kilogramos y, actualmente, es un soldado el que la lleva a hombros y la despliega en la zona en la que se han detectado las minas, con el elevadísimo riesgo que eso conlleva.
Empleando el UGV, el operador puede conducir de forma remota el vehículo sin ponerse en riesgo y, mediante un sistema integrado en la plataforma, ejecutar el lanzamiento de la manguera explosiva. Con la detonación, las minas explotan ellas mismas por simpatía de la onda expansiva y se abre una brecha para permitir el avance del personal.
Dentro de este objetivo de reducir al mínimo el riesgo de los soldados, también se plantean escenarios de uso como plataformas logísticas, tanto para UGV como para drones aéreos.
En este caso, a través de algunas compañías como Alisys o la almeriense IDM, se han probado las capacidades de transporte de artículos básicos para el frente como víveres y munición o el transporte de heridos hacia una zona segura de la retaguardia.
C-UAS y guerra electrónica
Al mismo tiempo que el campo de batalla se llena de drones, las compañías de defensa han ido desarrollando herramientas C-UAS para poder derribarlos de múltiples formas.
La denominada soft kill está relacionada directamente con la guerra electrónica. Se trata de una serie de antenas y sistemas capaces de bloquear la conexión entre el dron y el operador que lo está manejando.
Legionario manejando un arma manual antidrones Campo de Tiro de la Base Álvarez de Sotomayor (Almería)
Existen sistemas que crean cúpulas antidrones completas empleando una malla de antenas receptoras, sensores de localización y emisores de ondas electromagnéticas capaces de lidiar, casi de forma autónoma, con este tipo de amenazas.
Se trata de una aproximación muy diferente respecto a lo que se encontrará un soldado que esté en la trinchera. Para este caso, se han creado sistemas detectores de frecuencias portátiles —poco más grande que una cajetilla de cigarrillos— que identifica la presencia de un dron y la frecuencia con la que se comunica con su piloto.
La herramienta para este caso es lo más parecido a un arma tradicional y el funcionamiento es muy simple. El militar que la lleve deberá seleccionar en un panel esa frecuencia y deberá localizar visualmente al dron para 'dispararle' ondas electromagnéticas que corten el enlace con su operador.
La otra vía para derribar los drones es la denominada hard kill, para la que se emplea munición de diferentes tipos. Una de las más peculiares pasa por los drones interceptores como el Destinus Hornet que han probado los militares españoles estos últimos días.
Sistema radar Nemus de Indra y estación de armas Guardian de EM&E Almería
Se trata de un dron interceptor fabricado en gran parte en Madrid y lleva utilizándose varios años en Ucrania para derribar otros drones rusos.
Por último, dentro de esta misma categoría, está la combinación de radar y estación de armas. Durante la Campaña de Experimentación, Indra ha puesto a disposición su radar Nemus combinado con una torre Guardian de EM&E, un binomio especialmente diseñado para derribar amenazas aéreas más avanzadas.