Marines de EEUU.

Marines de EEUU. @CENTCOM

Observatorio de la Defensa

Más Marines de EEUU en Ormuz: el refuerzo militar dispara el riesgo de una guerra regional con Irán

El Pentágono ha acelerado el despliegue de miles de marines hacia Oriente Próximo para reforzar a las fuerzas estadounidenses que combaten contra Irán.

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Las claves

EEUU refuerza su presencia militar en el estrecho de Ormuz con el envío de más marines y buques de guerra, aumentando el riesgo de una escalada regional contra Irán.

La operación militar estadounidense en Irán se alarga y consume grandes cantidades de recursos, generando preocupación por el agotamiento de arsenales y el impacto en otros escenarios estratégicos.

Irán ha logrado paralizar parte del tráfico marítimo en Ormuz, afectando los mercados globales, mientras los aliados de EEUU se resisten a implicarse en el conflicto.

El Pentágono estudia un presupuesto adicional de 200.000 millones de dólares para sostener la campaña, en un contexto donde ninguna de las partes parece capaz de lograr una victoria rápida.

Tras tres semanas de guerra en Irán, la promesa de una campaña "breve y quirúrgica" se desmorona: la operación Furia Épica se alarga, se encarece y erosiona el capital político de la Casa Blanca. Washington oscila ahora entre exhibir fuerza —incluida la opción de desplegar tropas sobre el terreno— y contener una escalada de consecuencias imprevisibles.

En el centro de ese equilibrio precario está el estrecho de Ormuz, chokepoint (o punto de estrangulamiento) por donde pasa en torno a una quinta parte del petróleo mundial, que se ha convertido en el gran dilema geopolítico de EEUU: hasta dónde arriesgar la seguridad energética global para doblegar a Teherán.

"La Administración Trump enfrenta un dilema drástico", advierte Danny Citrinowicz, exanalista de inteligencia militar israelí. "Puede recurrir a la fuerza para reabrir el estrecho… No sería una operación limitada. Sería una escalada, potencialmente rápida y quizá incontrolable".

Su diagnóstico es tan directo como inquietante: "No hay medias tintas: si Washington quiere abrir Ormuz, tendrá que luchar por ello".

La alternativa es políticamente incómoda: negociar. "Aceptar la realidad, tratar de limitar las pérdidas y buscar un acuerdo con Teherán… ¿Políticamente inaceptable? Por supuesto. Pero cuando están en juego el flujo del petróleo mundial y la estabilidad de los mercados asiáticos, la necesidad estratégica suele imponerse a la retórica". La conclusión del experto es rotunda: "No hay una solución limpia ni una victoria fácil".

Sobre el terreno, EEUU mantiene una ofensiva de gran intensidad. Más de 7.800 objetivos atacados en poco más de dos semanas reflejan un ritmo de operaciones difícil de sostener a largo plazo.

Desde el Pentágono se insiste en los logros: miles de blancos neutralizados, submarinos y 120 buques iraníes destruidos y un programa de misiles "diezmado".

Militares del ejército de EEUU realizando tareas de apoyo logístico y logística en Oriente Próximo.

Militares del ejército de EEUU realizando tareas de apoyo logístico y logística en Oriente Próximo. @CENTCOM

"Probablemente ha sido el que ha recibido los golpes más duros… Vamos a terminar con esto", aseguró el secretario de Guerra, Pete Hegseth.

Pero tras el discurso triunfal emerge una preocupación creciente: el consumo acelerado de munición estratégica. El temor a agotar reservas no es menor en un contexto global donde China y Rusia observan de cerca cada movimiento. Un debilitamiento del arsenal estadounidense podría alterar el equilibrio en escenarios como Taiwán o Ucrania.

Más tropas, más riesgos

En paralelo, el Pentágono está enviando más tropas a la región, pese a que Estados Unidos ya mantiene unos 50.000 efectivos desplegados, lo que apunta a una implicación militar más profunda.

Hace apenas unos días, el presidente Trump aseguraba que la guerra estaba prácticamente ganada. Sin embargo, hoy la posibilidad de lanzar operaciones terrestres —incluida la toma de enclaves estratégicos como la isla de Jark u otras islas pequeñas de la zona— vuelve a cobrar fuerza en Washington.

Un escenario que el propio mandatario niega: "No estamos enviando tropas a ningún sitio… y si lo hiciéramos, no se lo diría", afirmó ante los periodistas.

Sin embargo, los últimos movimientos apuntan en la dirección contraria. Según avanzó The Wall Street Journal, nuevos infantes de Marina ya viajan rumbo a la región a bordo del USS Tripoli, procedentes de la 31st Marine Expeditionary Unit con base en Okinawa, una fuerza de reacción rápida de unos 2.200 efectivos movilizada por orden del Pentágono, como citan fuentes también de CNN.

Este viernes Reuters avanzaba también que el Pentágono ha acelerado el despliegue de miles de marineros e infantes de Marina hacia Oriente Próximo para reforzar a las fuerzas estadounidenses que combaten contra Irán.

El grupo anfibio del USS Boxer y la 11ª Unidad Expedicionaria de Marines partirán antes de lo previsto desde la Costa Oeste, a bordo del Boxer y de los buques USS Portland y USS Comstock, con unos 2.500 infantes de Marina y cerca de 4.000 efectivos en total.

El Boxer se uniría al USS Tripoli, ya en tránsito hacia la región, ambos equipados con misiles Rolling Airframe y Sea Sparrow, además de F‑35 Lightning II, AV‑8 Harrier, Osprey, varios tipos de helicópteros y vehículos anfibios listos para asaltos terrestres.

Además, la incorporación del crucero USS New Orleans —como apuntan algunas fuentes militares— incrementaría aún más la "potencia de fuego" naval estadounidense.

Una guerra sin final claro

Mientras tanto, Irán mantiene su capacidad de respuesta y ha logrado paralizar buena parte del tráfico marítimo en Ormuz, sacudiendo los mercados globales. Los aliados de Washington, por su parte, se resisten a implicarse, dejando a Estados Unidos cada vez más solo en la gestión del conflicto. Por ello Trump, les ha calificado de "cobardes".

La operación crece en intensidad —y también en coste—. El Pentágono ya estudia una partida adicional de 200.000 millones de dólares. Y cada nuevo despliegue reduce el margen para una salida rápida.

Un piloto de las Fuerzas Aéreas de EEUU desplegado en la zona de conflicto.

Un piloto de las Fuerzas Aéreas de EEUU desplegado en la zona de conflicto. @CENTCOM

Tres semanas después, la guerra ha entrado en una fase más peligrosa: aquella en la que ninguna de las partes puede permitirse perder, pero tampoco parece capaz de ganar con rapidez.

En ese estrecho margen —entre la escalada y la negociación— se juega ahora algo más que el control de Ormuz. Se juega la credibilidad estratégica de Washington en un tablero global cada vez más inestable.

La Administración Trump se mueve entre dos escenarios igualmente complejos: escalar con el riesgo de una guerra regional de gran envergadura o contenerse asumiendo un coste político considerable.

En ambos casos, el margen de error es mínimo. Y la historia reciente sugiere que, en Oriente Próximo, las guerras que comienzan con certezas suelen terminar con preguntas.