Estrecho de Ormuz

Estrecho de Ormuz Europa Press

Observatorio de la Defensa

Ormuz, el "arma de destrucción masiva" de Irán: misiles, drones y minas en la guerra por la energía del planeta

“Trump está perdiendo la guerra”, asegura el general Ballesteros, quien advierte de que cuanto más se prolongue el enfrentamiento “peor será".

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Las claves

El estrecho de Ormuz es el principal punto estratégico en la guerra entre Irán, EE.UU. e Israel, con capacidad para desatar una crisis económica global si se bloquea.

Irán amenaza con cerrar Ormuz usando misiles, drones y minas, lo que elevaría el riesgo para los petroleros y afectaría gravemente los mercados energéticos mundiales.

Los expertos advierten que ni los convoyes militares ni las escoltas navales garantizan la seguridad en Ormuz, y que la única solución viable es política.

Las aseguradoras y navieras ya están desviando rutas o deteniendo barcos por el peligro, mientras EE.UU. ha destruido más de 50 buques iraníes en los primeros días del conflicto.

En medio de la creciente tensión entre Irán, Estados Unidos e Israel, el estrecho de Ormuz se ha convertido en la auténtica bisagra de la guerra: el punto donde el pulso militar entre las tres potencias se cruza con la arteria energética que sostiene a la economía global.

Si ese embudo llegara a cerrarse, el conflicto dejaría de ser regional para transformarse en una crisis económica de alcance mundial. El tiempo corre y los expertos militares consultados por EL ESPAÑOL coinciden en que la solución tendrá que ser política y depende únicamente del presidente de EEUU, Donald Trump.

El almirante retirado Juan Rodríguez Garat, asegura que "el cierre de Ormuz es, en cierto modo, el arma de destrucción masiva de Irán”. Algo en lo que coincide con el general Miguel Ángel Ballesteros, exdirector del Departamento de Seguridad Nacional y experto en geopolítica, que afirma que “la clave de este conflicto siempre ha estado en Ormuz”.

El bloqueo, advierten ambos expertos, tiene capacidad para distorsionar los mercados energéticos y disparar los precios. Pero un cierre total y prolongado sería también una apuesta desesperada y autolesiva para Teherán, asumible únicamente en un escenario extremo: una guerra por la “supervivencia del régimen”.

Para el almirante Garat, la decisión final pasa inevitablemente por la Casa Blanca: “El presidente tendrá que elegir entre aceptar de facto el bloqueo de Ormuz —con el impacto que ello tendría en el precio de la gasolina y en la inflación global, especialmente para los norteamericanos— o impulsar una salida negociada que permita reabrir el estrecho y cerrar una guerra que, a ojos de muchos aliados, ya ha ido demasiado lejos”.

Y ahí aparece otra grieta estratégica que apunta el general Ballesteros, "El objetivo de Trump no está claro. Probablemente, más allá de ayudar a Israel, no tenga un estado final deseado", un “End State”, que va más lejos del objetivo militar.

Igualmente sostiene que "esa indefinición contrasta con la propia Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense de 2025", que daba por “considerablemente debilitado” al régimen iraní tras los bombardeos israelíes y la operación Midnight Hammer, y aspiraba a sacar a Oriente Medio del centro de la política exterior de Washington.

La evolución del conflicto, sin embargo, parece avanzar en sentido contrario. “Trump está perdiendo la guerra”, asegura Ballesteros, quien advierte de que cuanto más se prolongue el enfrentamiento “peor será: peor para él, peor para la economía mundial y peor para la economía estadounidense”.

Misiles, drones y minas

En ese contexto, misiles, drones, minas navales y el rechazo de navieros y aseguradoras convertirían cada petrolero que se asome a esas aguas en un riesgo estratégico de primer orden.

Los dos expertos aseguran en que bloquear físicamente Ormuz sería mucho más sencillo de lo que a menudo se piensa. En un paso tan estrecho, la combinación de minas navales, misiles antibuque y drones convierte el estrecho en un escenario especialmente vulnerable ante un ataque iraní.

“No se pueden meter petroleros en ese estrecho si no se está absolutamente convencido de que no les van a lanzar misiles desde la costa iraní. Y esa certeza no es posible”, resume el almirante Garat.

Los misiles de corto alcance, pequeños y móviles, pueden ocultarse con facilidad “en un edificio civil, en la enfermería de un hospital, en la antesala de una mezquita… incluso podrían usarse drones”, señala el almirante.

Y recuerda que "aparte de los misiles, que son la amenaza más grave, también están los drones. Como el estrecho es pequeño, se pueden utilizar drones baratos y hasta casi comerciales para saturar la defensa de los buques".

Ballesteros coincide en que, frente a ese triángulo de amenazas, ni los convoyes ni las escoltas navales ofrecen una solución definitiva. “Otra posibilidad sería organizar convoyes de barcos… pero el problema es endemoniado porque está el riesgo. Ningún naviero quiere correr riesgos”.

Los ataques a buques interrumpen el tráfico mercante por el estrecho de Ormuz.

Los ataques a buques interrumpen el tráfico mercante por el estrecho de Ormuz. EL ESPAÑOL

Ambos expertos añaden que tampoco sería una solución viable mientras dure el conflicto.

Por eso, la propuesta del presidente francés, Emmanuel Macron, de enviar buques de guerra junto a varios socios europeos y no europeos para escoltar mercantes en el estrecho de Ormuz, sólo la consideran factible “cuando baje la intensidad de la guerra, no antes”.

Las aseguradoras

A este factor se suma un actor clave que rara vez aparece en los análisis militares: las aseguradoras. En un entorno de alto riesgo, las compañías se niegan a cubrir buques de gran valor, lo que en la práctica paraliza el tráfico marítimo.

“Es lo que ocurrió en Bab el-Mandeb con los hutíes y lo que se empieza a ver ya en torno a Ormuz, con buques desviados, anclados o a la espera de instrucciones”, explica Ballesteros.

El precedente del mar Rojo refuerza ese diagnóstico. Pese a meses de operaciones navales internacionales, los ataques hutíes han obligado a muchas navieras a desviar sus rutas por el cabo de Buena Esperanza, disparando los tiempos de tránsito y los costes de combustible.

Para Garat, pensar que Ormuz —más estrecho, más cercano a territorio iraní y frente a un adversario mucho más potente— puede mantenerse abierto únicamente mediante escoltas militares es una ilusión. “Pensar que en Ormuz se puede garantizar la seguridad solo con escoltas no es realista”.

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Como marino, con más de 47 años de experiencia, reconoce que las minas navales añaden un elemento de incertidumbre todavía mayor.

“Una mina la puede poner cualquiera: un barco de pesca o incluso un petrolero puede soltar una mina”, advierte el almirante. Estos artefactos quedan a pocos metros de la superficie y pueden hundir o inutilizar un buque con relativa facilidad.

La historia naval reciente ofrece ejemplos claros. Garat recuerda que “ya en 1988 la fragata estadounidense USS Samuel B. Roberts estuvo a punto de hundirse tras chocar con una mina en el Golfo”, y que en 1991 el USS Tripoli y el USS Princeton resultaron gravemente dañados por minas durante la Guerra del Golfo.

Además, añade, “minas iraquíes causaron graves daños a un portahelicópteros anfibio norteamericano y a un crucero cerca de Shatt al-Arab”. La conclusión del almirante es contundente: “Las minas son un enemigo extremadamente peligroso en el mar”.

En teoría, reconoce el almirante Garat, "la única forma de eliminar completamente esa amenaza sería, por así decirlo, tomar militarmente la costa iraní desde donde podrían lanzarse esos ataques”.

Pero una operación de ese tipo exigiría una masa de medios y tropas que hoy no está desplegada, además de asumir un coste político incalculable. Y es algo que Trump ha descartado por completo. “No se me ocurre que eso pueda hacerse militarmente en las circunstancias actuales”, zanja.

Hasta ahora, “Una vez destruidos esos objetivos, se puede seguir bombardeando Irán, pero el efecto real sobre el enemigo será limitado”, advierte el almirante Garat. “La Guardia Revolucionaria ya no estará en sus cuarteles —de hecho, ya no lo está— y destruirlos está bien, pero no va a hacer mucho daño a un adversario que estará refugiado quién sabe dónde”.

“Lo que hemos visto en Gaza o en Yemen es que ese tipo de fuerzas acaba escondida en mezquitas, iglesias, escuelas… en todos esos lugares donde nosotros no podemos bombardear”, resume.

La política es la única solución

Descartada esa opción, la salida vuelve a ser política. Y la última decisión solo la tiene Trump, que insiste en que la guerra "está casi terminada" pero que no se detendrá hasta que Irán sea "totalmente derrotado".

Tiene que encontrar una "excusa" para justificar que "ha ganado la guerra", sostiene el general Ballesteros. Lo lógico es que Trump se dé cuenta de que no va a conseguir nada más de lo conseguido hasta ahora". "Israel le está moviendo a él", advierte.

Lo cierto es que hasta ahora, EEUU e Israel sí han conseguido derribar gran parte del arsenal misilístico iraní, y de su flota naval. Y también ha debilitado mucho al régimen, al que descabezó desde el primer día de ataques, aunque ya cuente con un nuevo líder.

En los primeros diez días de campaña, las fuerzas estadounidenses han golpeado más de 5.000 objetivos, incluidos más de 50 buques navales iraníes, en lo que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha descrito como la fase más intensa de la ofensiva militar.