Presentación del programa Jangbogo-N Gobierno de Corea del Sur
Corea del Sur tendrá un submarino nuclear en 2040 ante la amenaza de Pionyang y la ambición china en el Pacífico
Seúl ha decidido contar con un sumergible de propulsión nuclear para complementar las capacidades de su flota de 21 buques diésel-eléctrico.
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El Gobierno surcoreano ha formalizado el lanzamiento del denominado proyecto Jangbogo-N, el primer programa nacional destinado al desarrollo y despliegue de submarinos de ataque de propulsión nuclear. Bajo esta nueva hoja de ruta, Seúl prevé botar la primera unidad a mediados de la próxima década y tener el primer sumergible completamente operativo antes del año 2040.
Hasta ahora, la Marina de Corea del Sur había confiado su seguridad submarina a una flota compuesta por 21 submarinos de propulsión convencional diésel-eléctrica. Esta flotilla incluye los nueve modelos de la clase KSS-I Jang Bogo; el mismo número de unidades de la clase KSS-II Son Won-il, dotadas con sistemas de propulsión independiente del aire; y los tres buques de fabricación nacional de la clase KSS-III Dosan Ahn Chang-ho, la más moderna de todas.
Sin embargo, el talón de Aquiles de los motores convencionales radica en la obligación de realizar inmersiones con esnórquel de forma periódica para recargar sus baterías mediante generadores diésel. Este proceso genera ventanas de exposición predecibles y detectables para los sistemas de vigilancia enemigos.
En un entorno donde las misiones de seguimiento y persecución de larga duración son vitales, las naves diésel-eléctricas resultan vulnerables frente a las flotas de propulsión atómica.
Por tal razón, con el proyecto Jangbogo-N, Seúl busca romper estas restricciones operativas introduciendo reactores que otorgarán a su fuerza naval una autonomía sumergida casi ilimitada y la capacidad de mantener velocidades submarinas superiores a los 25 nudos.
La aceleración de este programa está directamente relacionada a los avances militares de sus vecinos. Corea del Norte cuenta con misiles nucleares capaz de ser lanzados desde submarinos y el reciente anuncio de que también podría disponer de un submarino con este tipo de propulsión ha hecho saltar las alarmas en el sur de la península coreana.
Por otra parte, la ambición expansionista de China en el océano Pacífico y la multiplicación de sus operaciones navales cerca de los corredores marítimos clave han obligado a Corea del Sur a mirar más allá de sus aguas territoriales.
La capacidad nuclear le permitirá operar de manera indetectable en sectores estratégicos, como el este de Japón y en las principales rutas comerciales del Pacífico.
Esto supone un cambio estructural profundo, desplazando la misión naval desde una defensa litoral localizada hacia una estrategia de disuasión regional de largo alcance y sin dependencia de bases logísticas avanzadas.
Uranio de bajo enriquecimiento
Para minimizar las suspicacias internacionales relacionadas con la proliferación de armamento, Corea del Sur ha optado por un modelo de propulsión alimentado por uranio de bajo enriquecimiento, fijando un límite inferior al 20% de U-235.
Así, A diferencia de las flotas de Estados Unidos y el Reino Unido, que emplean uranio enriquecido por encima del noventa por ciento para evitar la recarga del reactor durante toda la vida útil del buque, Seúl sigue el ejemplo de Francia con sus clases Rubis y Barracuda.
Submarino nuclear de la clase Suffren de Francia
Aunque este enfoque técnico obligará a realizar al menos una compleja recarga de combustible a mitad del ciclo de vida del submarino, estimado en unos treinta años, preserva la flexibilidad regulatoria y desvincula el programa del combustible apto para armas nucleares.
La iniciativa actual no es un concepto completamente nuevo, sino la institucionalización de un viejo anhelo que ha permanecido latente en el seno de la Armada surcoreana desde el año 2003. En aquel entonces, bajo la administración del presidente Roh Moo-hyun, se puso en marcha el efímero y secreto Proyecto 362, concebido para diseñar tres submarinos nucleares.
Aquel intento colapsó debido a las presiones diplomáticas internacionales tras descubrirse experimentos no declarados de enriquecimiento de uranio con tecnología láser, sumado a encarnizadas rivalidades presupuestarias internas frente a los defensores de los destructores con el sistema de defensa aérea Aegis de EEUU.
En la actualidad, no obstante, el panorama industrial es radicalmente distinto. Corea del Sur es una potencia nuclear civil con 26 reactores comerciales activos gestionados por corporaciones de la talla de KEPCO, y cuenta con dos de los astilleros más grandes del planeta operados por HD Hyundai Heavy Industries y Hanwha Ocean.
Esta última compañía posee una probada experiencia en la integración de sistemas complejos tras liderar la fabricación de las sucesivas generaciones de la flota convencional.
De esta manera, el proyecto se plantea como un motor económico nacional a largo plazo, proyectando un ciclo de vida industrial de 40 años y la creación de más de 40.000 puestos de trabajo especializados en ingeniería metalúrgica, soldadura nuclear de alta precisión y seguridad radiológica.
El despliegue de esta fuerza submarina requerirá la creación desde cero de infraestructuras para la gestión de residuos y el mantenimiento de reactores, así como la formación de un cuerpo de oficiales especializados en propulsión nuclear naval.
En este contexto, la reciente cooperación industrial acordada entre Seúl y Washington en torno a los astilleros de Filadelfia controladas por capital surcoreano abre una vía paralela.
Aunque bajo una estricta supervisión de las agencias federales estadounidenses para controlar la transferencia tecnológica, este nodo industrial podría acelerar los plazos de certificación y consolidar la alianza estratégica, asegurando que para el año 2040 Corea del Sur navegue a la vanguardia de la disuasión global.