Buques en el estrecho de Ormuz

Buques en el estrecho de Ormuz SNKA

Observatorio de la Defensa

Irán amenaza con un chantaje energético mundial que dispare los precios del petróleo

Cualquier alteración del tráfico en este cuello de botella energético tiene un impacto casi inmediato en los mercados globales y dispara las alarmas.

Más información: Macron anuncia una misión conjunta internacional para proteger a los petroleros y reabrir el estrecho de Ormuz

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Las claves

Irán amenaza con bloquear el estrecho de Ormuz, un punto clave por donde transita una quinta parte del petróleo mundial, lo que podría disparar los precios energéticos.

Estados Unidos ha reforzado su presencia militar en la zona para garantizar la libertad de navegación y ha advertido a Irán con represalias mucho mayores si interrumpe el flujo de petróleo.

La estrategia iraní busca causar disrupción económica y política mediante el chantaje energético, intensificando ataques a infraestructuras y manteniendo la presión sin un cierre total del estrecho.

El estrecho de Ormuz se convierte en el epicentro de la tensión entre Irán, Estados Unidos e Israel, con consecuencias directas para la economía global y la seguridad energética internacional.

El estrecho de Ormuz, una franja marítima de apenas 40 kilómetros en su punto más estrecho, vuelve a situarse en el centro de la tensión estratégica en Oriente Próximo en plena guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán.

Por este paso circula cerca de una quinta parte del petróleo que se comercia por mar en el mundo y una porción clave del gas natural licuado exportado desde el Golfo. Cualquier alteración del tráfico en este cuello de botella energético tiene un impacto casi inmediato en los mercados globales y dispara las alarmas en Washington, Bruselas, Pekín o Tokio.

Para Teherán, Ormuz es un multiplicador de poder. Desde hace décadas, Irán ha desplegado misiles antibuque, minas, drones y lanchas rápidas de la Guardia Revolucionaria para amenazar la navegación. Con ese arsenal, no necesita derrotar militarmente a EEUU o Israel, sino elevar el coste del conflicto mediante el chantaje energético.

Por qué el estrecho de Ormuz es tan importante.

Por qué el estrecho de Ormuz es tan importante.

Washington, por su parte, considera la libertad de navegación en Ormuz un interés vital, principalmente económico, para contener precios e inflación.

De ahí la presencia de portaaviones, destructores y aeronaves de patrulla marítima con los que busca asegurar ese tránsito comercial y disuadir a Irán de un cierre del estrecho que, desde que comenzó el conflicto, ya ha impulsado subidas de hasta un 25% en el petróleo y de un 46% en el gas europeo.

Israel, aunque depende menos directamente de esta ruta para su abastecimiento energético, observa el estrecho como una pieza clave del tablero: un repunte prolongado del precio del petróleo podría erosionar el apoyo internacional a una campaña militar sostenida contra Teherán.

En este contexto, Ormuz se ha transformado en un campo de batalla híbrido. A los movimientos navales y ataques selectivos contra buques se une una guerra de narrativas donde cada actor culpa al otro de poner en riesgo la seguridad marítima.

Cada incidente —un dron abatido, un petrolero interceptado o un misil que cae junto a una ruta comercial— envía un mensaje calculado a la opinión pública.

La amenaza de Trump y la escalada militar

En medio de este escenario, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó el lunes una advertencia directa a Teherán. Según escribió en su red Truth Social, "si Irán hace algo que detenga el flujo de petróleo en el Estrecho de Ormuz, será golpeado por Estados Unidos VEINTE VECES MÁS FUERTE de lo que ha sido hasta ahora".

El mandatario añadió que "muerte, fuego y furia reinarán sobre ellos, pero espero y rezo que eso no suceda", en una de las declaraciones más duras desde el inicio de la escalada militar.

Sus palabras llegan después de que la Guardia Revolucionaria iraní asegurara haber atacado un petrolero durante el fin de semana en el estrecho y afirmara que el paso se encontraba cerrado al tráfico como consecuencia de la escalada del conflicto.

El aumento de la tensión coincide con el despliegue en la región del mayor portaaviones estadounidense, el USS Gerald R. Ford, enviado para reforzar la presencia naval de Washington en la zona y garantizar la seguridad de las rutas marítimas.

Sin embargo, el propio Trump ofreció mensajes contradictorios sobre la evolución del conflicto. Primero aseguró que la guerra "prácticamente había terminado", para después admitir que aún no sabía "hasta dónde podían llegar" los acontecimientos.

El presidente estadounidense también afirmó que su Administración estudia la posibilidad de asumir el control total del estrecho de Ormuz. Eso sí, sin explicar cómo lo hará.

La estrategia iraní: presión energética

La estrategia de Teherán parece clara: resistir y prolongar el conflicto hasta convertirlo en una guerra de desgaste. El cálculo iraní no pasa por derrotar militarmente a Estados Unidos e Israel, sino por provocar suficiente disrupción energética y económica como para elevar el coste político del enfrentamiento.

La Guardia Revolucionaria, a pesar de los golpes sufridos en los primeros compases de la campaña militar, mantiene el control del aparato estratégico del régimen y dirige las operaciones sobre el terreno.

Según varios analistas, la guerra es percibida por el liderazgo iraní como una lucha existencial.

Para ellos están librando una lucha existencial. Es una guerra total”, explica a Reuters Fawaz Gerges, profesor de la London School of Economics. “Creen que su propia supervivencia está en juego. Están dispuestos a derrumbar el templo sobre la cabeza de todos”.

En la misma línea, el experto en política iraní Alex Vatanka advierte del riesgo de una escalada prolongada: “Son como un animal herido: están sangrando, pero precisamente por eso son más peligrosos que nunca”.

Ese enfoque explica la intensificación de ataques iraníes contra infraestructuras energéticas en todo el Golfo, desde Catar hasta Arabia Saudí, con el objetivo de provocar una disrupción económica lo suficientemente grave como para presionar a Estados Unidos y a sus aliados.

Mientras tanto, el Pentágono prepara nuevas operaciones militares.

El jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, confirmó que Estados Unidos está atacando embarcaciones iraníes utilizadas para el despliegue de minas navales y que el Departamento de Defensa estudia diferentes opciones para escoltar buques mercantes a través del estrecho.

En los primeros diez días de campaña, las fuerzas estadounidenses han golpeado más de 5.000 objetivos, incluidos más de 50 buques navales iraníes, en lo que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha descrito como la fase más intensa de la ofensiva militar.

Un equilibrio frágil

La importancia del estrecho de Ormuz no se mide solo en términos militares, sino también políticos y económicos. Un bloqueo total del paso supondría cruzar una línea roja para numerosas potencias, incluida China, principal comprador del crudo procedente del Golfo y de Irán.

Al mismo tiempo, una sucesión constante de incidentes —sin llegar a un cierre absoluto— permite a Teherán mantener la presión sobre los mercados energéticos y sobre las capitales occidentales sin provocar una respuesta internacional unificada.

En ese delicado equilibrio, el estrecho de Ormuz vuelve a consolidarse como el punto donde convergen tres dinámicas estratégicas: la supervivencia del régimen iraní, la credibilidad de Estados Unidos como garante de la seguridad energética global y el objetivo de Israel de contener la proyección regional de Teherán.