El comisario europeo de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius, protagoniza un desayuno informativo organizado por el Foro de la Nueva Defensa y el Espacio.

El comisario europeo de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius, protagoniza un desayuno informativo organizado por el Foro de la Nueva Defensa y el Espacio. J.J. Guillén EFE

Observatorio de la Defensa

El comisario de Defensa Kubilius alerta de una Europa de "27 ejércitos bonsái" y reclama gastar "más y juntos"

Con esa metáfora, Kubilius ilustró la fragmentación de los Veintisiete que impide transformar el gasto en defensa en poder militar efectivo.

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Las claves

El comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, advierte de que la fragmentación militar de la UE la convierte en "27 ejércitos bonsái", ineficaces y costosos.

Kubilius reclama mayor gasto en defensa, pero de forma conjunta y coordinada, para que Europa pueda traducir su peso económico en poder militar real y autónomo.

Señala que la dependencia de armamento y tecnología extranjera, especialmente de EE.UU., limita la autonomía estratégica y competitividad de la industria europea.

Propone fortalecer el desarrollo y las compras de defensa dentro de Europa, priorizando una industria propia robusta y proyectos conjuntos entre los Estados miembros.

En una de sus recientes intervenciones en Madrid, el comisario europeo de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius, comparó la estructura actual de la Unión Europea con un mosaico de “27 ejércitos, 27 políticas y 27 presupuestos”, algunos de ellos son “bonsái: bonitos, caros, pequeños y no muy eficaces”.

Con esta metáfora de los “bonsái”, ya empleada por el entonces Alto Representante de la UE, Josep Borrell, ilustró Kubilius la incapacidad europea para traducir su peso económico en poder militar coherente y utilizable, durante un desayuno informativo organizado en Madrid por Nueva Economía Fórum.

Kubilius llegó a la conclusión de que la fragmentación industrial y militar no es un problema técnico, sino un problema estratégicamente existencial. Afecta a la autonomía de decisión, a la competitividad global y a la libertad política de la Unión.

Si Europa aspira a convertirse en un actor geopolítico plenamente autónomo, sostuvo, deberá resolver esa ecuación: gastar más, sí, pero gastar mejor —y, sobre todo, gastar juntos. Esa fragmentación impide que el gasto de defensa se traduzca en poder militar efectivo.

También lanzó otro mensaje inequívoco: Europa debe acelerar su “defense readiness” si quiere afrontar un entorno geopolítico cada vez más inestable, marcado por la guerra en Ucrania, la incertidumbre sobre el compromiso estadounidense y una profunda fragmentación industrial.

Tres pilares de la “defense readiness”

El comisario europeo advirtió que la agresión rusa “no es un episodio aislado, sino un cambio de fondo”: “Rusia está utilizando la violencia no solo para ocupar territorios, sino para atacar nuestra voluntad política”, alertó, reclamando “decisiones muy, muy rápidas” y “aumentar rápido nuestras capacidades”.

“El mayor reto es el cambio de mindset”, resumió. Europa, dijo, vivió durante décadas bajo una falsa sensación de seguridad que se ha desvanecido.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, conversa con el comisario europeo de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius, protagonista de un desayuno informativo organizado por el Foro de la Nueva Defensa y el Espacio.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, conversa con el comisario europeo de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius, protagonista de un desayuno informativo organizado por el Foro de la Nueva Defensa y el Espacio. EFE

Kubilius estructuró su mensaje en torno a un concepto clave: la capacidad real de Europa para defenderse, apoyada en “tres pilares” interconectados —capacidades materiales, arquitectura institucional y voluntad política—.

El primer pilar es material: armas, municiones, defensa antimisiles y una industria capaz de sostener un esfuerzo productivo prolongado. La clave, subrayó, no es solo producir más, sino mantener ese ritmo más allá de los ciclos políticos: “la defensa no puede depender del calendario electoral”.

El segundo es institucional: la coordinación de Europa ante amenazas comunes. “Tenemos 27 ejércitos, 27 políticas y 27 presupuestos”, recordó, ironizando con que algunos son “bonsái: bonitos, caros, pequeños y no muy eficaces”. Esa fragmentación, advirtió, impide una respuesta realmente integrada: “la Unión es fuerte solo en su conjunto potencial”.

A diferencia de otros sectores, cada Estado miembro compra fundamentalmente para sí mismo, con requisitos técnicos propios y calendarios distintos.

El resultado, denunció, es que “no hay un gran mercado europeo para la industria de defensa, sino muchos mercados nacionales pequeños”, lo que impide a los fabricantes europeos alcanzar economías de escala comparables a las de sus competidores globales.

El tercer pilar, el más complejo, es el político: preservar la voluntad común de defenderse frente a agresiones que buscan quebrarla. “¿Cómo mantenemos la voluntad política en nuestros países para defendernos?”, planteó, señalando que Rusia intenta dividir sociedades y erosionar consensos.

Para Kubilius, el desafío es sobre todo mental. Europa debe reconstruir una cultura estratégica que coloque la defensa en el centro de sus prioridades económicas y sociales, alineada con los compromisos de gasto de la OTAN. “Ya no son debates técnicos —concluyó—, sino decisiones políticas de primer orden”.

“No tenemos un mercado único de defensa”, lamentó.

Compras fuera de Europa e ITAR

Uno de los pasajes más delicados de su intervención fue la alusión a la normativa estadounidense ITAR (International Traffic in Arms Regulations).

Kubilius recordó que cualquier sistema europeo que incorpore componentes o tecnología de origen estadounidense queda sujeto a restricciones que pueden condicionar su uso o exportación.

“Si compras armas estadounidenses, o si tus sistemas incluyen componentes estadounidenses, ellos conservan lo que llaman un ‘interruptor’”, advirtió. Un “interruptor” que, en la práctica, puede limitar cómo, dónde y con quién se emplea el material.

Desde el plano estratégico, fue tajante: “Invertir en armas que luego quizá no puedas utilizar libremente no es la mejor decisión”.

De ahí su llamada a priorizar el desarrollo y la compra de equipos europeos, “sin componentes rusos, chinos ni ITAR (EEUU)”. “Estamos en un momento que marca un antes y un después”, subrayó, insistiendo en que la rapidez de producción es ahora “imprescindible”.

Esa dependencia tiene efectos concretos: pérdida de competitividad y una industria europea cada vez más subordinada a proveedores externos.

Según recordó, hasta un 60% de las adquisiciones de defensa europeas ha ido a Estados Unidos en ciertos periodos, mientras solo una parte marginal ha reforzado a fabricantes del continente.

El resultado, advirtió, es un círculo vicioso: cuanto más se compra fuera, menos se consolida la industria propia; y cuanto más débil es, mayor es la tentación de seguir buscando soluciones fuera.

Autonomía frente a EEUU

No se trata, precisó, de cuestionar la relación transatlántica, sino de identificar una vulnerabilidad estructural que condiciona la autonomía de decisión europea.

El comisario cuidó el equilibrio político al subrayar que Europa no debe “comportarse mal” con la industria estadounidense ni cerrar sus mercados, pero sí necesita una base industrial propia robusta que la convierta en un socio de pleno derecho, no en un cliente estructuralmente dependiente.

“La industria europea de defensa es en sí misma un recurso estratégico”, insistió, al mismo nivel que el armamento disponible, el personal militar entrenado, la movilidad militar y las reservas logísticas.

En este contexto, defendió orientar una mayor parte del gasto nacional en defensa hacia proyectos europeos conjuntos y empresas del continente.

O, como vino a resumir, si los gobiernos van a gastar enormes cantidades de dinero en los próximos años, Europa debe asegurarse de que ese esfuerzo fortalezca también su propia industria y no refuerce únicamente la de terceros.