Submarino A26

Submarino A26 Saab

Observatorio de la Defensa

Saab, Rheinmetall, BAE Systems y MBDA: grandes ganadores de la industria europea de defensa en 2025

En el plano nacional, si 2025 ha tenido un claro campeón en el sector de defensa, ese ha sido Indra.

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Las claves

Saab, Rheinmetall, BAE Systems y MBDA fueron los grandes beneficiados del auge del gasto en defensa europeo en 2025, gracias a su capacidad de escalar producción y adaptarse a las prioridades de la UE y la OTAN.

Saab destacó por sus contratos con Francia, Polonia y ventas del caza Gripen, mientras Rheinmetall creció con vehículos blindados, sistemas antidrón y su incursión en el ámbito naval.

Indra se consolidó como el principal pilar industrial del rearme español, participando en 29 de los 31 Programas Especiales de Modernización y liderando proyectos clave en tierra, mar y guerra electrónica.

El gran programa europeo de caza FCAS quedó casi paralizado en 2025 por disputas entre Dassault Aviation y Airbus, evidenciando que la coordinación y la gobernanza siguen siendo retos clave para la defensa europea.

En 2025, la industria europea de defensa vivió un salto histórico, impulsada por un auge del gasto que va desde la munición hasta los carros de combate, la defensa aérea y la flota naval.

Los grandes beneficiados fueron los grupos capaces de ofrecer soluciones maduras, escalar producción y alinearse con las prioridades de la UE y la OTAN.

El sector sale del año más sólido y con más carga de trabajo, pero sigue lastrado por rivalidades nacionales, cuellos de botella industriales y una gobernanza deficiente de los grandes programas multinacionales.

Mientras algunos campeones han reforzado posiciones y engordado sus carteras, otros se han quedado atrapados en disputas industriales y bloqueos políticos que amenazan proyectos clave para la autonomía estratégica europea.

Ganadores industriales: escala, madurez y oportunidad

Entre los grandes beneficiados del nuevo ciclo destaca Saab, que cerró el ejercicio con una sucesión de éxitos comerciales poco habitual en el sector europeo.

Francia encargó dos aviones GlobalEye de alerta temprana y control; Polonia seleccionó el submarino A26 para su programa Orka; y la compañía logró nuevas ventas del caza Gripen en Tailandia y Colombia.

A ello se suman contratos de defensa aérea de corto alcance en varios países del norte y centro de Europa y avances relevantes en guerra electrónica para el Eurofighter alemán.

Este dinamismo se tradujo en una revisión al alza de previsiones, con un crecimiento orgánico estimado de entre el 20 % y el 24 %.

Un rendimiento igualmente destacado fue el de Rheinmetall, impulsado por pedidos multimillonarios de vehículos blindados y munición para la Bundeswehr.

La compañía ha ampliado además su huella tecnológica hacia nuevas áreas, como los sistemas antidrón Skyranger o el dominio espacial, gracias a un contrato para suministrar una constelación de satélites de inteligencia en cooperación con ICEYE.

La adquisición de un astillero alemán para entrar en el ámbito naval refuerza una estrategia clara: convertirse en un proveedor integral de capacidades militares, más allá del tradicional eje terrestre. No en vano, las ventas de su división de defensa crecieron un 28 % en los primeros nueve meses del año.

También BAE Systems consolidó su posición como uno de los pocos actores europeos con acceso fluido al mercado estadounidense, al tiempo que reforzaba su peso naval en Europa con el contrato de fragatas Tipo 26 para Noruega, valorado en unos 10.000 millones de libras.

La empresa se benefició además de la exportación de Eurofighter Typhoon a Turquía y revisó al alza sus previsiones tras un “fuerte desempeño operativo” en el primer semestre.

En el ámbito de los misiles, MBDA fue uno de los grandes ganadores del giro europeo hacia la defensa aérea y antimisiles. Dinamarca optó por el sistema SAMP/T frente al Patriot estadounidense, mientras Francia e Italia realizaron pedidos adicionales de misiles Aster.

La compañía respondió ampliando su capacidad industrial en Francia, Italia y el Reino Unido, anticipando una demanda sostenida en un entorno estratégico marcado por la guerra en Ucrania y una percepción de amenaza estructural a largo plazo.

El caso español: Indra como empresa tractora

En el plano nacional, si 2025 ha tenido un claro campeón en el sector de defensa, ese ha sido Indra. La compañía ha evolucionado de gran integrador tecnológico a pilar industrial del rearme y la modernización militar española, tanto por volumen de programas como por su posición estratégica dentro del ecosistema de defensa.

Indra se ha convertido en el principal beneficiario de los Programas Especiales de Modernización (PEM) aprobados en 2025. Participa en 29 de los 31 programas autorizados, lo que se ha traducido en unos 6.000 millones de euros en créditos a interés cero.

Desde la empresa se subraya su papel como “empresa tractora”, un concepto clave en la nueva política industrial de defensa, al articular una red de más de 1.000 proveedores nacionales —en su mayoría pymes altamente especializadas— y prever la incorporación de más de 200 nuevos socios industriales.

El amplio abanico de programas refleja una estrategia coherente: consolidarse como integrador multisistema de referencia en los cinco dominios operativos, con especial peso en tierra, mar y el ámbito electromagnético.

En el dominio terrestre, la compañía participa en los principales programas del Ejército de Tierra, desde los nuevos obuses autopropulsados de cadenas y ruedas —con un volumen económico superior a los 7.000 millones de euros— hasta sistemas de mando y control, sensores y digitalización del campo de batalla.

A ello se suman radares de localización de fuego indirecto y desarrollos en protección activa, claves para la supervivencia de las fuerzas terrestres.

En el ámbito naval, Indra desempeña un papel central en la modernización de la Armada, con especial protagonismo en las fragatas F-100 y F-110 —sistemas de combate, sensores y arquitectura digital—, así como en buques anfibios, el futuro buque logístico sustituto del Patiño, el nuevo buque hidrográfico oceánico y capacidades avanzadas de guerra electrónica naval.

El tercer gran vector es la guerra electrónica y la ciberdefensa, áreas impulsadas por las lecciones del conflicto en Ucrania y consideradas críticas tanto por la OTAN como por la Unión Europea.

Cara y cruz de los futuros cazas de combate

En paralelo, el Global Combat Air System (GCAP), impulsado por Reino Unido, Italia y Japón, avanzó de forma discreta pero constante. Pese a ciertas fricciones, el desarrollo técnico progresa con una estructura industrial clara y una oficina gubernamental conjunta, lo que refuerza su credibilidad de cara al horizonte de 2035.

En el plano institucional, la Unión Europea dio pasos decisivos al publicar su primer libro blanco de defensa y lanzar el plan ReArm Europe, con un instrumento de préstamos de hasta 150.000 millones de euros para adquisiciones conjuntas.

Esta vinculación directa entre política de defensa e instrumentos fiscales supone un cambio estructural de gran calado, claramente favorable a los grandes integradores industriales del continente.

No todo han sido éxitos. El gran proyecto europeo de caza de combate (Future Combat Air System (FCAS) se encuentra actualmente en un periodo de estudio por parte de Francia, Alemania y España para evaluar la continuidad según su planteamiento original, establecido hace casi una década.

En 2025, el programa quedó prácticamente paralizado por las disputas entre Dassault Aviation y Airbus sobre el liderazgo y el reparto de tareas, hasta el punto de que el consejero delegado de Dassault llegó a cuestionar públicamente si el proyecto “llegará a hacerse”.

Este bloqueo no solo retrasa un sistema clave para la soberanía aérea europea, sino que lanza un mensaje inquietante: el principal riesgo para la defensa europea ya no es la falta de dinero, sino la dificultad para transformarlo en capacidades reales de forma coordinada y a tiempo.