Bruselas

La batalla por el reparto de las ayudas europeas tras el brexit ya está lanzada y el mensaje de Bruselas es claro: habrá recortes importantes. La salida del Reino Unido de la UE provoca un agujero de alrededor de 10.000 millones de euros al año en el presupuesto comunitario, un 16% del total. Londres es ahora el segundo contribuyente neto a las arcas europeas, sólo por detrás de Alemania.

Al mismo tiempo, Bruselas debe financiar nuevas tareas como la defensa, la seguridad interior o la protección de las fronteras. Eso significa que la brecha final en las cuentas europeas podría dispararse hasta 20.000 millones al año. Así lo ha explicado el comisario de Presupuestos, el conservador alemán Günther Oettinger, muy cercano a la canciller Angela Merkel, durante la presentación este miércoles de un documento de reflexión sobre el futuro de las finanzas de la UE.

El agujero amenaza con agravar el enfrentamiento entre contribuyentes netos y receptores de las subvenciones comunitarias. Los primeros -liderados por Alemania, Austria, Holanda y los nórdicos- ya han dejado claro que quieren recortar los gastos, mientras que los receptores (los países del este pero también España) no quieren perder sus fondos estructurales.

Para Oettinger, la solución para tapar el boquete causado por el brexit pasa por una combinación de tres medidas: cambios en las prioridades de gasto y búsqueda de nuevas fuentes de ingresos, pero también recortes. "Durante la próxima década será necesario hacer recortes. Vamos a perder entre 10.000 y 12.000 millones de euros en nuestro presupuesto cuando Reino Unido se vaya y no podremos seguir actuando como si nada", ha dicho en rueda de prensa.

Unos recortes de los que no se salvarán los fondos para la agricultura (que todavía suponen el 38% del presupuesto de la UE) ni las ayudas regionales, que se destinan sobre todo para infraestructuras (34%). Estos dos capítulos representan tres cuartas partes del gasto total de la UE. Una distribución que según los críticos es obsoleta y no responde a las necesidades de las economías modernas.

Entre los perdedores estará también España, que todavía es receptor neto de subvenciones europeas (4.527 millones en 2015, último año con datos disponibles). Nuestro país es además uno de los principales beneficiarios tanto de los fondos estructurales como de la política agrícola común. El brexit convertirá a España en contribuyente neto a la UE en el próximo periodo presupuestario. Los países miembros quieren limitar al máximo estos efectos y por eso reclaman a Reino Unido una factura de salida de hasta 100.000 millones por los compromisos asumidos hasta 2020.

Las recetas de Bruselas

De hecho, una de las peculiaridades del presupuesto de la UE es que se pacta para periodos de siete años. El actual marco financiero cubre 2014-2020 y asciende en total a alrededor de un billón de euros. Para este año 2017, el presupuesto comunitario se sitúa en 158.000 millones de euros (el 1% del PIB europeo). Esta cifra es equivalente a lo que gastan Austria o Dinamarca, pero ocho veces más pequeño que el presupuesto de Francia. La Comisión tiene previsto presentar sus propuestas para la era post brexit en 2018. Estas son las principales pistas que maneja.

SUSTITUIR LAS AYUDAS EUROPEAS POR FONDOS NACIONALES. Bruselas no plantea eliminar por completo las ayudas agrícolas o regionales. Sostiene que juegan un papel importante a la hora de garantizar la seguridad y calidad de los alimentos y la cohesión territorial. Por eso, plantea compensar el recorte de fondos europeos con un incremento de las subvenciones nacionales a estos sectores, aumentando la tasa de cofinanciación. Algo que a priori beneficia a los países con más músculo financiero en detrimento de los que tienen problemas presupuestarios.

NUEVAS CONDICIONES PARA RECIBIR SUBVENCIONES COMUNITARIAS. En la actualidad, las ayudas europeas están condicionadas a los objetivos de déficit y deuda que marca la UE. España y Portugal estuvieron a punto de perder sus fondos el año pasado por incumplir las metas exigidas. El Ejecutivo comunitario plantea ahora añadir nuevos requisitos. En Bruselas y en Berlín preocupa la deriva autoritaria de los Gobiernos de Polonia y Hungría y su negativa a acoger refugiados. Por eso, en el futuro los fondos de cohesión podrían vincularse al respeto del Estado de derecho o a la aceptación de cuotas de demandantes de asilo.

OTRAS FUENTES NUEVAS DE INGRESOS. En la actualidad, el 80% del presupuesto de la UE se financia con aportaciones nacionales de los Estados miembros basadas en el nivel de riqueza. El resto de ingresos proceden del IVA y de aduanas. La Comisión propone explorar otras fuentes de ingreso que sean recursos propios de la UE, al margen de las batallas entre contribuyentes y receptores. Pero no se decanta por ninguna: el sistema de comercio de emisiones de CO2; los ingresos de los bancos centrales por emisión de moneda; el nuevo sistema de autorización previa de viaje (ETIAS); una tasa a las transacciones financieras; o nuevos impuestos sobre la electricidad o los carburantes.

LOS EUROFUNCIONARIOS SE SALVAN DE LOS RECORTES. Bruselas sostiene que ya se ha ajustado bastante el cinturón durante la crisis. En los últimos cinco años, el número de funcionarios comunitarios se ha reducido un 5%. "Una reducción adicional en los niveles de personal podría amenazar el buen funcionamiento de las instituciones de la UE", dice el documento de reflexión. La Comisión rechaza también rebajar los salarios, aumentar el tiempo de trabajo o ajustar las pensiones de los eurofuncionarios. Alega que eso provoca que los jóvenes de los países miembros ricos ya no estén interesados en trabajar en Bruselas.

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