Retrato de una mujer embarazada en la consulta de ginecología.

Retrato de una mujer embarazada en la consulta de ginecología. iStock

Salud y Bienestar

Del mito de que el ejercicio es peligroso a las contracciones de Braxton Hicks: las claves del tercer trimestre del embarazo

La doctora Stephany Mieles explica cómo se prepara el bebé para nacer mientras el cuerpo de la madre experimenta su prueba más exigente.

Más información: Después del parto comienza el puerperio: por qué es clave que las madres cuiden su salud física y mental en esta etapa

Elena Pérez
Publicada

En la recta final del embarazo, el bebé apura los preparativos para su llegada mientras su progenitora atraviesa uno de los periodos más intensos, tanto en el plano físico como en el emocional.

El tercer trimestre, que abarca aproximadamente desde la semana 28 hasta la 40 de gestación, se traduce para muchas mujeres en un momento desafiante. Sin embargo, con las pautas adecuadas, es posible vivirlo de una forma más agradable.

Lo primero que conviene saber es qué ocurre exactamente en estas semanas, algo que la doctora Stephany Mieles, especialista en Ginecología y Obstetricia del Hospital Quirónsalud Sur y del Hospital Quirónsalud Valle del Henares, se encarga de explicar. "En esta etapa, el feto crece y experimenta la maduración funcional de sus órganos", indica.

En este momento, prosigue la profesional, su cerebro continúa desarrollándose, los pulmones completan la producción del surfactante —una sustancia fundamental para que estos puedan expandirse con las primeras respiraciones— y el bebé va acumulando grasa subcutánea que le ayudará a mantener la temperatura al nacer.

A partir de la semana 37, recuerda la doctora Mieles, la gestación se considera a término y "no habrá ninguna contraindicación para detener el parto, siempre y cuando el inicio sea espontáneo".

Una etapa de cambios

Ahora bien, ¿cómo afecta el tercer trimestre a las madres? Muchas ven este punto como un cambio de fase: aquí, la fecha prevista para dar a luz deja de ser algo lejano y se convierte en una cuenta atrás real.

Pronto les tocará poner en práctica lo aprendido en los meses previos y conocerán a sus hijos. Y mientras ellas se mentalizan, sus cuerpos hacen un esfuerzo de adaptación notable.

La doctora Mieles señala cuatro transformaciones importantes que percibirán:

La primera, indica, es el aumento del volumen sanguíneo y del gasto cardíaco "para mejorar el aporte de oxígeno al bebé".

Por otra parte, también se relajarán los ligamentos pélvicos "por efecto de la hormona relaxina, lo que facilitará el momento de dar a luz pero podría generar molestias articulares", advierte.

Igualmente, las madres notarán cómo su útero crece, desplazando los órganos abdominales al hacerlo.

Y, en cuarto lugar, la especialista de Quirónsalud indica que otro aspecto que caracteriza esta etapa es el ablandamiento del cuello uterino, síntoma de que este ya se está preparando para la posterior dilatación.

Todo esto se traducirá en sensaciones muy concretas, entre ellas un cansancio más acusado, despertares nocturnos frecuentes y una sensación propia de la presión en la zona abdominal.

Es habitual experimentar más fatiga debido a la combinación de "cambios hormonales, un mayor gasto energético y dificultades para dormir", explica Mieles.

Pese a ser un síntoma por el que no suele ser necesario alarmarse, la doctora sugiere abordarlo con un médico si se acompaña de palidez intensa, mareos o taquicardia —a fin de descartar anemias—, intolerancias al frío o al calor, caídas de cabello, cambios bruscos de peso —alteraciones tiroideas—, debilidad extrema o falta de aire desproporcionada.

De ahí la importancia de los análisis de sangre incluidos en los controles prenatales, precisamente pensados para detectar estas condiciones a tiempo.

Mujer embarazada experimentando cansancio.

Mujer embarazada experimentando cansancio. iStock

A la fatiga pueden sumarse, igualmente, molestias respiratorias. La sensación de falta de aire leve aparece porque el útero empuja el diafragma hacia arriba, limitando la capacidad de los pulmones.

Por otro lado, el reflujo, las digestiones pesadas y el estreñimiento están relacionados con la acción de la progesterona, que relaja el esfínter que separa el esófago del estómago y enlentece el tránsito mientras el útero presiona sobre los intestinos.

Otro elemento muy presente son las contracciones de Braxton Hicks, que generan dudas en muchas madres. La ginecóloga las describe como "contracciones uterinas irregulares, generalmente indoloras y de corta duración" que actúan como una especie de "entrenamiento" del músculo de cara al parto.

Estas, a diferencia de las que se producen al dar a luz, no siguen un ritmo regular ni se vuelven progresivamente más intensas.

Igualmente, las mujeres pueden notar que el bebé desciende a la pelvis en lo que se denomina "encajamiento fetal", indica la especialista. En este momento, es normal sentir mayor presión en la zona y en la vejiga, un dolor lumbar más acusado y la sobrecarga de músculos de la espalda y ligamentos pélvicos.

Acciones tan cotidianas como agacharse, levantarse o girarse en la cama podrían volverse más costosas, de ahí que adaptar el ritmo, buscar posturas más ergonómicas y pedir ayuda en casa se vuelvan clave. Esto último, el apoyo del entorno, también es fundamental para afrontar la dimensión psicológica del embarazo.

Muchas madres describen el tercer trimestre como una etapa de emociones intensas. La doctora Mieles señala que influyen las fluctuaciones hormonales, el cansancio acumulado y la comprensible preocupación que trae consigo un cambio vital tan importante como el nacimiento de un hijo.

Retrato de una mujer tocándose la barriga.

Retrato de una mujer tocándose la barriga. iStock

En este contexto, la gente cercana juega un papel fundamental: el apoyo de la pareja, familia y amigos ayuda a reducir el estrés, a mejorar el bienestar afectivo y a que la mujer se vea acompañada en un momento en el que es fácil sentirse desbordada.

Ahora bien, que muchas molestias entren dentro de lo normal no significa que todo deba relativizarse.

Cuándo acudir al especialista

La doctora Mieles recalca la importancia de identificar los signos de alarma que requieren ir cuanto antes al médico o a urgencias. Entre los más relevantes destaca el sangrado vaginal, la disminución clara de los movimientos del bebé, el dolor abdominal intenso o las contracciones antes de tiempo.

Igualmente, hay que prestar atención a pérdidas repentinas de líquido por la vagina —ya que pueden ser una señal de rotura de membranas—, dolores de cabeza intensos con visión borrosa o hinchazón súbita, fiebre y dificultades respiratorias significativas. Ante cualquiera de estos síntomas, la consigna es no esperar.

Frente a este escenario, los hábitos diarios se convierten en aliados de bienestar. La doctora Mieles recomienda seguir una dieta equilibrada rica en hierro, proteínas, calcio y fibra, mantener una buena hidratación y realizar actividad física moderada como caminar o realizar ejercicios prenatalesadaptada a las indicaciones de los médicos.

Igualmente, cuidar el descanso —preferiblemente durmiendo del lado izquierdo— y mantener las revisiones con obstetras y matronas permite resolver dudas, vigilar la evolución del embarazo y ajustar las recomendaciones según avanza el trimestre. Las últimas semanas son un tiempo útil para preparar la llegada del bebé de manera práctica y emocional.

En este sentido, hay varios pasos que pueden ayudar a las madres a organizarse y ganar tranquilidad, como asistir a clases previas al parto, hacer ejercicios de respiración y relajación, fortalecer el suelo pélvico mediante las pautas de Kegel o dejar preparado el bolso del hospital para el gran momento.

Mitos del tercer trimestre

La ginecóloga insiste en desmontar algunas creencias erróneas que siguen muy presentes. Una de las más extendidas es la que vuelve a insistir en que no se debe hacer deporte: salvo contraindicación médica, la actividad física moderada es beneficiosa, mejora la circulación, reduce dolores musculares y contribuye al bienestar emocional.

Mujer embarazada haciendo ejercicio.

Mujer embarazada haciendo ejercicio. iStock

Otro mito es el de que las relaciones sexuales están contraindicadas. En embarazos de bajo riesgo, explica, estas "suelen ser seguras" y sólo se desaconsejan cuando hay una pauta médica concreta, por casos de placenta previa o sangrados sin una causa aclarada.

Desde el punto de vista profesional, el sexo "no perjudica al feto ya que está protegido por el útero, el líquido amniótico y el cuello uterino; además, el tapón mucoso cervical actúa como barrera frente a infecciones", desmonta la doctora Mieles, indicando que, de hecho, a partir de la semana 37, este "puede favorecer el inicio del trabajo de parto de forma natural".

Esto ocurre por dos mecanismos fisiológicos: por un lado, el semen contiene prostaglandinas, sustancias que ayudan a ablandar y madurar el cuello uterino. Por otro lado, el orgasmo femenino puede provocar contracciones leves, que en algunos casos contribuyen a desencadenar el nacimiento.