La divulgadora en una imagen para Magas.

La divulgadora en una imagen para Magas. Esteban Palazuelos

Salud y Bienestar

Boticaria García desvela cuál es la mejor forma de quemar grasa: "El secreto no es matarte a correr muy rápido"

La farmacéutica y nutricionista aclara que no hay que caer en determinados mitos y que no hay que asociar resultados con sufrimiento extremo.

Más información: Boticaria García da las claves para perder peso: "No hay dieta mágica. Si alguien te propone una, miente"

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Hay una creencia que se repite como un mantra en los gimnasios y en las conversaciones entre amigas, así como en redes sociales —es muy habitual ver a gente practicando running, así como dando consejos para iniciarse o lograr determinados objetivos—: cuanto más corro y más sudo, más grasa quemo.

Sin embargo, Boticaria García lo dice claro y sin rodeos en su última pieza en vídeo para Magas: "Pues no. Tu cuerpo no funciona así". De un plumazo, la divulgadora desmonta un mito que, a pesar de que cada vez es más sencillo tener información sobre todo, sigue pululando en el ambiente.

El organismo, explica, trabaja con dos grandes depósitos de energía. Por un lado, la glucosa, "ese combustible rápido que tenemos disponible en la sangre y en los músculos", listo para usarse en cuanto hace falta.

Por otro, la grasa, que es más lenta de movilizar, pero también la fuente de energía más eficiente. La clave que lo cambia todo es una sola palabra: oxígeno.

Aquí entra en juego lo que los expertos llaman "zona dos". Traducido a la vida real, hace referencia a ese ritmo al que puedes estar haciendo ejercicio —trotando, por ejemplo— y, al mismo tiempo, mantener una conversación. No vas jadeando ni mirando el reloj con angustia, midiendo en canciones de Taylor Swift —versiones de All Too Well— cuánto queda para llegar a la meta.

En ese escenario, el cuerpo tiene oxígeno de sobra y puede permitirse ir quemando grasa. "Este es el mecanismo prémium", resume Boticaria García.

El problema llega cuando se confunde intensidad con eficacia. Si se sale a correr "como si persiguieras el autobús", se entra en modo urgencia. Necesita energía rápida y la necesita ya.

Cuando tienen lugar estas circunstancias, el metabolismo se vuelve más anaeróbico, es decir, hay menos oxígeno disponible. Y sin este, el uso de la grasa como fuente principal se reduce.

En ese momento, el organismo tira de aquello a lo que puede acceder de forma más fácil: los carbohidratos, el glucógeno muscular y la glucosa.

Imagen de archivo de una chica practicando 'running'.

Imagen de archivo de una chica practicando 'running'. Foto de Andrew Tanglao en Unsplash

El resultado es engañoso. Sí, se queman calorías. Sí, se acaba empapada en sudor y con la sensación de haberlo dado todo. Pero no sucede lo mismo con la grasa.

La intensidad extrema no es sinónimo automático de este tipo de pérdida, aunque se haya enseñado a asociar sufrimiento con resultados.

Por lo tanto, como conclusión, de acuerdo al poso de conocimiento que deja hoy Boticaria García para Magas, si lo que se busca es acabar con la grasa, "el secreto no está en matarte a correr muy rápido" cada día ni en convertir cada entrenamiento en una prueba de supervivencia.

La clave reside en entrenar a un ritmo moderado y, sobre todo, en ser constante. Como de costumbre en todas las facetas de la vida.