La reina de Holanda, junto a sus hijas y Masako de Japón, durante el besamanos.

La reina de Holanda, junto a sus hijas y Masako de Japón, durante el besamanos. Efe

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Cumbre de tiaras en Holanda: la historia tras las joyas de Máxima, Amalia, Ariane y Masako de Japón

El banquete ofrecido por los reyes de Países Bajos a la pareja imperial dejó looks de gala y joyas importantes.

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No hay nada que guste más a los fans del universo royal que una cena de gala: el momento perfecto para sacar del joyero real las piezas más elegantes y valiosas y para deslumbrar con vestidos largos.

El viaje oficial del emperador de Japón y su esposa a Holanda brinda esta oportunidad única dentro de los compromisos institucionales de las monarquías.

El 17 de junio por la noche, el Salón Real del Palacio de Ámsterdam abrió sus puertas para la cena.

Ariane, con la tiara Arpa de Diamantes

La princesa Ariane, con la tiara de la reina Emma.

La princesa Ariane, con la tiara de la reina Emma. Efe

El evento supuso el debut de la hija menor de los Reyes con esta preciada pieza sobre su cabeza en un banquete como este, al que asistía por primera vez junto a sus padres y su hermana.

Eso hace que fuera protagonista. En un día tan importante, eligió la diadema Arpa de Diamantes, una de las más emblemáticas de los Orange-Nassau y su origen se remonta a 1888.

Fue un regalo del rey Guillermo III a la joyería Royal Begeer para su esposa, la reina Emma. Se usaron diamantes de talla antigua extraídos de las propiedades de la Corona que fueron desmontados para darles un nuevo uso. Está realizada en platino y oro y es transformable.

La princesa Ariane, radiante, la combinó con un look rojo de la firma Safiyaa, una de sus favoritas. De escote asimétrico y con pliegues que le daban un aire escultórico, ha sido una de sus apuestas más 'adultas' hasta la fecha.

Amalia, con la tiara de rubíes

La princesa Amalia, con la tiara de rubíes.

La princesa Amalia, con la tiara de rubíes. Efe

También de rojo, pero con un estilo muy diferente, la heredera al trono recicló un vestido de Jan Taminiau —uno de los diseñadores de cabecera de su madre— para la ocasión, quitándole la tela transparente de la parte superior y luciendo un favorecedor escote Bardot. Lo había estrenado en 2023 en Jordania.

También sacó del joyero una de sus tiaras favoritas: se trata de la de rubíes que ya ha lucido en otras ocasiones. Como la anterior, fue un regalo de Guillermo III a su esposa y fue elaborada por la firma francesa Mellerio dits Meller. De gran altura, está realizada en oro, platino, diamantes y espectaculares gemas rojas.

La heredera lo aderezó con los pendientes, pulseras y el collar del mismo parure consiguiendo un resultado espectacular.

Máxima de Holanda, con la tiara Stuart.

Máxima de Holanda, con la tiara Stuart. Efe

Máxima, con la tiara Stuart

En cuanto a la consorte de Países Bajos, dio muestras de poderío con la tiara Stuart, quizá una de las más espectaculares de todos los joyeros reales. Su nombre se lo debe al diamante de color azul pálido que va en el centro.

El diseño, con motivos florales y volutas, es imponente. Además, puede lucirse de diferentes formas porque los diamantes más grandes son desmontables y pueden llevarse como broches.

Su primera propietaria fue la reina María II Estuardo de Inglaterra, esposa del rey Guillermo III de Inglaterra, que también era príncipe de Orange. La pareja no tuvo hijos y a su muerte la joya fue devuelta a la casa holandesa.

De ahí fue pasando de generación en generación, aunque lo cierto es que la reina Beatriz, madre del actual monarca, no la llevó nunca.

Máxima la lució con un llamativo diseño de Iris Van Herpen de la colección alta costura de 2018 que combinaba transparencias y motivos metalizados.

La emperatriz Masako, con la tiara de la Madreselva.

La emperatriz Masako, con la tiara de la Madreselva. Efe

Masako, con la tiara de la Madreselva

La cumbre de tiaras termina con la emperatriz nipona, que estrenó una joya de gran peso histórico. Perteneció a la princesa Chichibu, tía del emperador Akihito y figura destacada del siglo XX. Cuando ella murió, pasó a formar parte de la Casa Imperial. La emperatriz Michiko la llevó en muchas ocasiones.

Para la esposa del actual emperador era su primera vez con la tiara de la Madreselva: un gesto importante que deja claro el peso de las tradiciones en Japón. A juego, un collar de doble vuelta de diamantes, pendientes y pulsera. Como look, un vestido de estampado floral en azul eléctrico y dorado.

Las joyas de Países Bajos y el país del Sol Naciente unidas en una noche de gala.