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Hay historias que parecen sacadas de una novela, pero a veces la realidad supera la fantasía. La de Rafa Tarradas Bultó es una de ellas: diseñador industrial de formación, se ha convertido en uno de los nombres de referencia de la novela de ficción histórica española. En apenas seis años, sus libros han conquistado a cientos de miles de personas.

Siempre fue un ávido lector, pero nunca imaginó que aquella primera obra, escrita como regalo para su familia, acabaría convirtiéndose en un éxito editorial. El heredero (Espasa) vio la luz en 2020 y se agotó en sus primeras ediciones.

Fue el comienzo de una carrera literaria a la que después se sumarían títulos como El valle de los arcángeles (Espasa, 2022), La voz de los valientes (Espasa, 2023), El hijo del Reich (Espasa, 2024), La protegida (Espasa, 2025) y El falsificador (Espasa, 2026), su novela más reciente.

Su segundo apellido nos conduce directamente al mundo del motociclismo: es nieto del fundador de Montesa y Bultaco. Sin embargo, aunque la velocidad forme parte de su historia familiar, Rafa ha encontrado en la literatura su propio circuito, con historias que recorren algunos de los episodios más convulsos de los siglos XIX y XX.

Nos citamos con él en la biblioteca de la Fundación Ortega-Marañón, en Madrid, un escenario perfecto para descubrir a la persona que hay detrás del escritor.

Hablamos de familia, de sus comienzos, de las historias que le inspiran y de los proyectos que tiene por delante. Entre ellos, el salto de varias de sus novelas a la pequeña pantalla.

Cercano, vital y de conversación fácil, Tarradas llega a una nueva entrega de Mago de Magas con esa energía de quien disfruta al contar, tanto dentro como fuera de los libros. Porque, a veces, perseguir un sueño no sólo cambia tu propia vida: también consigue que otros se atrevan a soñar.

Apasionado de la Historia, sus novelas viajan desde la España de la Guerra Civil hasta la Italia de Mussolini y la Alemania nazi, sin olvidar a las mujeres que lucharon por encontrar su lugar en sociedades que se lo ponían especialmente difícil.

Mientras trabaja en su próximo libro, también cultiva su faceta empresarial al frente de Montaz Comunicación, la agencia de eventos que comparte con José Asín Terol.

Hay muchos Rafas dentro de él…

Rafa Tarradas en la biblioteca de la Fundación Ortega-Marañón.

Rafa Tarradas en la biblioteca de la Fundación Ortega-Marañón. Sara Fernández

¿Cómo llega una persona que ha estudiado Diseño Industrial a convertirse en un escritor con varios best sellers?

La carrera de escritor no existe; todos tienen otros estudios u otra profesión.

Sí, pero parece que esperamos que estudies Humanidades, ¿no?

Yo era muy mal estudiante, pero siempre fui creativo y me gustaban la historia, el arte y la geografía. Mis notas eran surrealistas: cero en Matemáticas y sobresaliente en Geografía. También me encantaba leer.

Después estudié Diseño Industrial por esa parte creativa. En resumen, lo que me interesa, me interesa muchísimo, y lo que no, nada.

Como la historia me apasionaba, empecé a escribir un libro sobre la Guerra Civil, muy inspirado en lo que vivieron mis abuelos. Me fascinaba lo que tenían que contar, interiorizaba sus historias y las hacía tan grandes en mi cabeza que acabé convirtiéndolas en un libro.

Hablabas de la importancia de leer. ¡Qué poco se lee ahora y qué importante es para conocer la historia de verdad y no informarse a través de bulos de TikTok!

Ya no hay excusas para no estar informado. Tienes acceso a muchísimos medios y puedes consultar todo tipo de información. Hay que leer un poco de todo, hacerse una composición de lo que opina cada uno y sacar tus propias conclusiones. No vale decir "yo no sabía".

Respecto a la literatura, creo que también hay motivos para la esperanza. En mi época se insistía mucho en que había que leer. Está muy bien que te aconsejen, pero todos tenemos nuestros gustos. Es como si te dijeran que tienes que ver un cuadro y que, además, te tiene que gustar. A lo mejor ese tipo de pintura no encaja contigo. Con la literatura pasa lo mismo.

En España se publican casi 90.000 libros al año. Es una barbaridad, pero también significa que hay un libro para cada persona. Quizá lo que hay que hacer es ampliar el abanico. No hace falta decirle a todo el mundo que tiene que leerse Rinconete y Cortadillo.

¿Qué te gusta a ti?

Me da igual. Si eres gamer, tira por ahí y ya leerás algo de lo que algunos consideran más elevado. ¿Qué es lo elevado y qué no lo es tanto? Eso también es discutible.

A menudo me toca firmar libros junto a autores de literatura juvenil que son auténticas rockstars. Ellos no les han dicho a los jóvenes qué tienen que leer, sino que han mirado lo que les gustaba y han creado algo parecido. ¡Y funciona!

¿Estamos saturados de pantallas y quizá volvamos a lo analógico?

Yo soy un gran comprador de libros. El que me gusta lo leo en papel; cuando viajo, utilizo el ebook, y en el coche escucho audiolibros. Al final, termino teniendo los tres formatos. El libro electrónico es cómodo, pero no me gusta demasiado. No lo quiero ver ni en pintura.

No estoy sugiriendo que todo el mundo tenga que hacer lo mismo, pero sí creo que hay motivos para la esperanza.

En la era de la inteligencia artificial, la desinformación está a la orden del día. ¿Crees que la ficción histórica aporta valor para conocer los hechos tal y como sucedieron?

La ficción histórica, que es el género que escribo, funciona fenomenal en España y tiene algo muy interesante: pone al lector en situación.

Es muy diferente ver un reportaje sobre la visita de Hitler a Italia que encontrarte con un personaje que se parece un poco a ti, que tiene tus inquietudes y tus miedos y que está viviendo aquello en directo. De repente, la historia se acerca. El protagonista te coge de la mano y te dice: "Mira lo que me está pasando, qué fuerte, no sé qué hacer". Eso es apasionante.

Creo que es un género que, cuando está bien hecho, despierta la curiosidad y te enseña una parte de la historia de una manera accesible. Hace que digas: "Esto me ha interesado muchísimo, voy a investigar más". Y así aprendes.

Siempre digo que la vocación de mis libros es entretener, que la gente lo pase bien. Sé que no voy a cambiar el mundo, pero mi ambición no es pequeña: quiero que el lector disfrute y que, por el camino, descubra cosas reales y documentadas que le despierten el interés por lo que sucedió.

Cuando digo que son novelas para entretener, no quiero decir que sean simples o que no estén trabajadas.

En mis libros queda claro qué pasó y qué pertenece a la ficción. No quiero confundir a nadie. Si digo que Hitler le comentó algo al guía que le estaba enseñando un cuadro, es porque lo he leído en el diario de ese guía. Todo eso proporciona un marco histórico a la ficción y la enriquece muchísimo.

Entrevistada y entrevistadora en una imagen durante la conversación.

Entrevistada y entrevistadora en una imagen durante la conversación. Sara Fernández

Vienes de una familia muy vinculada al mundo de las motos. Yo no soy nada motera.

¿Nada? Yo sí lo soy mucho. Por Madrid voy en scooter, pero hago trial y lo he hecho toda mi vida. Pasábamos los veranos en casa de mis abuelos y allí no había otro plan. Éramos muchos primos y, desde muy pequeños, íbamos en moto. Todos somos supermoteros, también las chicas.

¿Alguna compite?

No, pero mis primos mayores compitieron profesionalmente. Uno fue subcampeón del mundo y varios fueron campeones de rally; otro, campeón de Europa de Enduro. Yo soy el primero que no llegó a competir, así que debo de ser bastante malo. Soy un esquirol.

La otra parte de tu familia está vinculada a la industria textil.

Mi padre tenía una industria de hilos para aislantes y motores. Mi abuelo empezó trabajando con amianto, pero cuando se descubrió que era cancerígeno, aquella fábrica cerró. Ya estaban metidos en ese sector y continuaron por esa línea.

Después llegó una crisis muy fuerte que afectó a muchas industrias y el negocio de mi padre cerró. Entonces, no sé cómo lo vio, pero empezó a vender raquetas de pádel.

Al principio las llevaba en el coche y se las vendía a sus amigos. Estos pensaban: "A este hombre le ha ido fatal. Tenía una empresa enorme y ahora está aquí con el maletero cargado de raquetas". Nadie se esperaba el boom que vendría después.

Hoy Royal Padel es una de las empresas más veteranas del pádel en España. Mi padre se preguntó qué podía hacer para sacar adelante a su familia y se puso a vender raquetas. Estoy muy orgulloso de él. En un mundo con tanta tontería, que un señor haga algo así es un ejemplo increíble.

Vamos con los libros. El heredero, que inicialmente no pensabas publicar, recoge vivencias de tu familia durante la Guerra Civil. ¿Cómo empieza todo?

Me vine a vivir a Madrid y, aunque aquí me lo sigo pasando genial, llegó un momento en que necesitaba un poco de aire. Empecé a escaparme muchos fines de semana.

Buscando en Google Earth la zona más verde posible cerca de Madrid, encontré el Valle del Tiétar y me compré un campito con una cabaña minúscula.

Al principio no tenía ni agua y dormía en el suelo, pero yo me iba feliz, con el ordenador cargado y una película. Después me quedaban un par de horas para hacer algo más, así que empecé a escribir la historia de mi familia.

Era una distracción. Me divertía, acabé el libro y preparé diez ejemplares bastante currados para regalárselos a mi familia en Navidad. Empezaron a leerlo y a pedirme más.

Terminé subiéndolo a Amazon para que pudieran descargarlo y me avisaron de que podía consultar las estadísticas. Pensé que habría vendido veinte ejemplares, pero llevaba más de quinientos. Me di cuenta de que aquello ya no era solo cosa de mi familia.

Ese mismo día me escribió por Instagram una editora de Espasa, del Grupo Planeta, para preguntarme si quería publicar con una editorial grande. La llamé y le dije que no sabía si era una broma, pero que, si era verdad, por supuesto que sí.

Me pidió que le enviara el libro. Se lo mandé a las nueve de la mañana pensando que quizá tendría noticias dentro de seis meses.

A las tres de la tarde me escribió para decirme que llevaba la mitad y que muy mal se tenía que dar la cosa para que no me ofreciera un contrato al día siguiente. A las ocho de la mañana siguiente me mandó un mensaje y me fui a firmar con ellos.

Fue muy gracioso porque la directora me decía todo el rato lo bien que estaba que hubiese sido con Planeta. Yo me habría ido hasta con la editorial Chichinabo.

El heredero funcionó fenomenal desde el principio. Tuvo muy buena acogida en prensa, aunque teníamos cierto miedo porque trataba un tema polémico que todavía despierta muchas emociones: la Guerra Civil.

Además, estaba el procés y decían: "Autor catalán, te van a hacer preguntas sobre esto, ¿qué vas a decir?". Mi respuesta era que, si me dejaban, diría la verdad.

En El heredero queda claro que la Guerra Civil fue un error y que hubo buenos y malos en ambos bandos. Para mí es una cuestión de lógica aplastante, pero no todo el mundo lo entiende así. Cuando España se parte por la mitad, no quedan los buenos de un lado y los malos del otro. Sobre todo porque había gente a la que ni siquiera dejaban elegir bando.

Creo que eso se entendió muy bien. Además, cuando rascas un poco en la historia de la Guerra Civil, encuentras, a pesar de todo el horror, casos de humanidad increíbles. Hay historias muy bonitas, muy viscerales y muy humanas.

Enseguida me preguntaron si estaba escribiendo otro libro. Dije que sí, me pidieron que se lo mandara y también les encantó. Cada libro ha ido funcionando mejor que el anterior.

¿Hasta cuándo vamos a seguir resucitando a los muertos de la Guerra Civil? Hay gente que se queja de que no salimos de ese bucle.

Me pasó una cosa increíble este verano. Me encontré con un grupo de niños que estaban en un campamento gestionado por mi familia. No están politizados, pero, durante una excursión, nos cruzamos con un colegio y algunos se pusieron a cantar el Cara al sol.

Hablé con ellos y me dijeron que era divertido. En mi época, aquello estaba completamente superado. Que ahora unos niños canten eso entre ellos me hizo pensar en cómo hemos llegado hasta aquí.

Vivimos en un mundo en el que se nos manipula mucho y hablar del pasado puede servir para desviar la atención del presente. Si hablas de un pasado bonito, sin enfrentamientos, no enganchas a la gente. Pero si consigues que se enfade por cosas que sucedieron hace muchísimo tiempo, dejará de enfadarse por lo que está pasando ahora.

Esta estrategia ha funcionado siempre y nos ha llevado a muchos desastres. Es increíble que a estas alturas no lo veamos.

Pasó con todo el asunto de sacar a Franco de donde estaba enterrado. Yo ni me acordaba del tema. No era algo que me quitara el sueño, porque tampoco sé dónde está enterrada la mayoría de la gente y me da igual.

Si alguien se siente ofendido, me parece fantástico que se haga lo necesario para que todos estén bien. Entiendo que sea algo que remueva a la gente, pero no creo que sea el primer problema de la lista.

Yo lo veo más como: "Arreglemos todo esto y después nos ponemos con lo otro". Los problemas de la gente son otros.

Rafa Tarradas ha participado recientemente en El Club de Lectura de la Comunidad de Magas.

Rafa Tarradas ha participado recientemente en El Club de Lectura de la Comunidad de Magas. Sara Fernández

La vivienda, por ejemplo.

Es un problema gordísimo y nadie hace nada. Pero ya verás cómo vuelven a distraernos, como hacen todo el rato. Hay que ver quién nos cambia la vida para bien y quién lo hace de verdad.

Aquí no la cambia nadie…

Nadie. Siempre se dice que los países mediterráneos funcionamos a pesar de nuestros políticos.

Vamos con La protegida (Espasa, 2025): mujeres del siglo XIX en Barcelona, industria textil… ¿Cómo son los personajes femeninos de tus novelas?

Primero, fuertes. No me gustan los protagonistas débiles; lo aprendí con el primer libro. Tenía un personaje secundario que no afectaba a la trama ni aportaba nada, pero ahí estaba. Lo aguanté y pensé: "Nunca más". Para mí, como escritor, no es divertido, y para el lector tampoco.

Una mujer fuerte en un libro de época, del pasado, tiene más fuerza todavía, porque estás ambientando a una empresaria en un momento en el que no las había, o a una asesina en un momento en el que ellas se quedaban en casa.

Uno de mis grandes personajes del segundo libro es Isabel Palau. Un productor de cine me dijo: "Rafa, el día que tengas la oportunidad, crea una mala inteligente. Es lo que mejor funciona: son seductoras y utilizan tanto las armas de la mujer como las del hombre". Y, efectivamente, funcionó fenomenal. Gracias, Juan Alexander, por el consejo.

En La protegida (Espasa, 2025) también se habla de la industria textil. Ahora somos muy reivindicativos con el tema de la mujer, y me parece muy bien, pero a mí me dicen que meto demasiadas mujeres en las fábricas de mis novelas y siempre contesto lo mismo: por supuesto, porque alrededor del 80 % de los empleados de entonces eran mujeres.

Los hombres se ocupaban de cargar cajas y muchas de las demás tareas las hacían ellas. Era un ámbito muy femenino. Y las mujeres también estaban en puestos de poder.

En mi familia, por ejemplo, mi bisabuela se quedó viuda, con hijos pequeños y una fábrica enorme. Decidió seguir al frente porque era lo que había visto en casa. Cuando le preguntaban cómo iba a hacerlo, respondía: "Tengo buenos gestores y voy a llevarla yo". Y funcionó fenomenal.

Rafa Tarradas: "No soy menos hombre por ir a cenar con una y que no pase nada"

En la época de La protegida (Espasa, 2025) empezaban a producirse muchas huelgas, pero en la fábrica de tu bisabuela no hubo ninguna.

Hoy, donde estaba la industria, hay barrios enteros de Vilanova i la Geltrú, junto a Barcelona, que surgieron alrededor de las viviendas de la empresa y que siguen siendo de las mejores del pueblo.

Eso quiere decir que los empleados estaban contentos. Trabajaban muchísimo, doce horas al día, como era habitual entonces, pero tenían ventajas y seguridad en una época en la que eso no existía.

Cuando la fábrica cumplió cincuenta años, llevaron a todos los trabajadores de procesión a Montserrat. Eran unos días de diversión para todos, una especie de team building de la época.

Fue muy sonado y mi bisabuela también fue. Seguramente ella estaría en una tienda de campaña mejor que las demás y tendría hasta un camarero, porque todo era bastante pomposo, pero allí estaba.

La protegida (Espasa, 2025) ofrece una visión de las colonias textiles que puede cambiar algunos conceptos. Cuando iban los periodistas y las veían, decían que aquello era una cárcel donde se controlaba todo. Los responsables les contestaban: "Vamos a terminar la visita y después nos decís".

Cuando entraban en las casas de los trabajadores y veían cómo eran, entendían que, de otro modo, habría sido muy difícil tener una vivienda así. Te hacían trabajar mucho y lo controlaban todo; incluso pasaban lista si no ibas a misa. Pero la alternativa para muchos era morirse de hambre.

Eran otros tiempos y tendemos a analizar el pasado con los ojos de hoy, lo cual es muy peligroso. Los periodistas podían decir que los cuartos de baño eran pequeños, pero es que entonces casi nadie tenía uno. A muchos trabajadores textiles que llegaban a la colonia había que explicarles que el retrete no era para lavarse la cara porque nunca habían visto uno.

Primero, las mujeres de tus novelas y ahora las de tu vida…

Me hace mucha gracia, y es muy de machote, el tema de que de las mujeres no se puede ser amigo. Yo sí que tengo amigas y no pasa nada. No soy menos hombre si me voy a cenar con una de ellas y no pasa absolutamente nada.

Tengo muchos amigos y amigas a los que hago pequeños homenajes en mis libros. En el último, el retrato que roban es el de Colomba Corsini, inspirado en una amiga mía que se llama Paloma Corsini. Me dijo: "Rafa, nunca salgo bien en tus novelas. ¿Por qué?". Le prometí que en la siguiente aparecería. Creo que la inspiración va mucho por ahí.

En mi casa, las mujeres mandaban mucho. Mi abuelo tuvo diez hijos, las cinco primeras eran chicas y, además, se casaron con un grupo de amigos. Pasábamos los veranos juntos y ellas llevaban la batuta porque estábamos en su casa. Los demás pensábamos: "En realidad, estamos fenomenal aquí. Que manden ellas, que mientras tanto se ocupan de todo".

Además, mandaban indiscriminadamente sobre todos. A mí me podía echar la bronca una tía, después pasaba otra y me volvía a echar la bronca, y luego llegaba mi tía abuela y me daba otro capón. Conmigo no funcionaba eso de "a mi hijo no le digas nada, que ya se lo digo yo". Esa experiencia forma parte de mi inspiración para crear mujeres fuertes.

Pero, en realidad, mis protagonistas son fuertes en general, sean hombres o mujeres. En mi vida hago muy poca distinción entre unos y otros. No creo en afirmaciones como que las mujeres son más intuitivas o los hombres más viscerales, ni en que los gays caen bien porque son simpáticos.

Hay gays muy simpáticos y otros que son unos gilipollas. Hay mujeres listísimas y tontísimas, y con los hombres pasa igual. No entiendo esas generalizaciones. Somos iguales en todo, en lo bueno y en lo malo.

'El falsificador' (Espasa, 2026), la última publicación firmada de Rafa Tarradas.

'El falsificador' (Espasa, 2026), la última publicación firmada de Rafa Tarradas. Sara Fernández

¿A qué te suena la masculinidad deconstruida? ¿Es un concepto que te apliques? ¿Crees que el machirulo ha muerto?

Estamos en un mundo en el que tenemos que abrirnos paso y tú te abres paso siendo generoso y bueno. Entonces, el machirulo es absurdo. Es que no es generoso con nadie.

Es una tontería. ¿Cómo te vas a poner en esa posición? Si es que quien te va a dar trabajo a lo mejor es una mujer. Sé listo, aunque seas tonto, aunque lo pienses por dentro. No le veo la gracia por ningún lado.

Creo mucho en que somos lo que hacemos, no tanto lo que pensamos. Si algo te parece absurdo, no te pierdas cosas por ello. Estamos conviviendo, así que vamos a ser más simpáticos, que nos irá mejor. No le veo el sentido al machismo.

Vivimos una época en la que todo parece fascista. Tus libros hablan de Hitler y Mussolini, mientras la ultraderecha gana terreno en Alemania. ¿No estamos aprendiendo nada de los errores del pasado?

Y la ultraizquierda también está en nuestro Gobierno, no nos olvidemos. El otro día vi a la vicepresidenta del Gobierno en un mitin del Partido Comunista de España. Imagínate que hubiera un partido nazi.

El comunismo es el movimiento que más muertes ha provocado en todo el mundo. Habría que preguntar a los cubanos qué les parece, o a los venezolanos. Tenemos que abrir la mente y preguntarnos si no hay una posición intermedia en la que podamos estar más de acuerdo.

En el Ayuntamiento de Valencia colgaron un póster de Stalin. Imagina que hubieran hecho lo mismo con uno de Hitler en Madrid. Eso habría provocado un escándalo. Vivimos en un mundo en el que se ha roto el equilibrio y tenemos que recuperarlo los ciudadanos, porque desde los extremos nos gritan mucho y nos atraen hacia cosas que no son verdad.

Vamos con las series. ¿Tienes ya alguna firmada?

Tengo los derechos de cuatro libros comprados para adaptaciones, pero el proyecto más avanzado es El valle de los arcángeles (Espasa, 2022).

¿Eso ni en tus mejores sueños, no?

Es increíble. Hace seis años no había publicado nada, así que todo esto sigue pareciéndome surrealista. Me esfuerzo mucho por vivirlo con ilusión y no darlo por normal.

Ayer contaba una anécdota. Estaba en el premio Planeta, al que me invitan cada año y que agradezco muchísimo porque me encanta. Vas en tren, te invitan a un hotel, te recogen y te llevan… Es espectacular.

Estábamos varios autores comentando quién se llevaría el premio, que todos queríamos conseguirlo, y cuando me fui a la habitación pensé en cómo somos. Siempre estamos buscando metas más lejanas.

Hace seis años no publicaba libros. Ahora están en los escaparates de las librerías, vendo un montón, llevo seis, funcionan y tengo una editorial detrás que me respalda, me lleva a todas partes y me permite hacer entrevistas contigo. Antes no sabía hablar en público y me ponía nerviosísimo.

Si llega algo más, fantástico, y si no, también. Intento recordar lo impresionante que es todo esto. Con las series me pasa lo mismo: pienso "qué increíble" y procuro disfrutarlo.

¿Te da miedo que se desvirtúe la historia al adaptar tus libros a la televisión?

Mis libros tienen un lenguaje muy audiovisual. Los capítulos son cortos y en cada página pasa algo. Eso hace que se pierda menos contenido cuando se adaptan a la televisión, porque ya están bastante preparados para ese formato.

En el proyecto de El valle de los arcángeles (Espasa, 2022) estoy bastante metido. Me van pasando las cosas, las voy viendo y les hago rectificaciones y, sobre todo, sugerencias.

No quiero decir el nombre, pero tuve una reunión con la persona más poderosa de la televisión hasta hace muy poco para hablar del primer libro. Todo el mundo llegó tarde y nos quedamos él y yo. Yo estaba acojonado y lo primero que me dijo fue: "Mira, Rafa, mi problema es que me gustan los escritores muertos".

Pensé: "Pues vaya manera de empezar". Entonces me explicó que el libro era nuestro niño y que nos íbamos a quejar de cada cosa que quisiera hacer. Yo le dije que me hacía muchísima ilusión y que no iba a protestar.

Él me respondió que quizá yo protestaría menos, pero que mi voz era la que menos pesaba. "Me encanta tu libro, pero qué pena que no estés muerto", insistió. Era encantador, un señorazo y educadísimo conmigo. Me habían hablado de él de una manera, pero en las distancias cortas me gustó muchísimo.

El miedo al pasar al audiovisual es pensar en todo lo que se va a quedar por el camino. Pero Lo que el viento se llevó dejó muchísimas cosas fuera de la novela y es un peliculón. La Escarlata O'Hara de la película es mucho más bondadosa que la de la novela y funcionó. Así que lo entiendo y voy a estar orgulloso.

Tarradas ya está trabajando en su próxima publicación.

Tarradas ya está trabajando en su próxima publicación. Sara Fernández

Además de tus libros, tienes una agencia de eventos con José Asín.

Es mi mejor amigo y una grandísima persona.

Tenemos dos líneas muy claras. Yo planteo la idea y José la pone sobre el papel. Es quien dice: "Vale, lo que ha dicho Rafa es imposible, así que hay que hacerlo de otra manera". Pero está muy bien, porque si apuntas muy alto, a lo mejor no llegas hasta arriba del todo, pero sí bastante lejos.

Hay tantas agencias que, si no planteas algo completamente diferente, te quedas atrás. Siempre decimos que, si no ganamos el proyecto, por lo menos queremos que se acuerden de él. Que digan: "Es una idea tan loca que no la vamos a hacer".

Una vez, alguien nos eligió por nuestra tarjeta de visita. Era muy original, parecía un trozo de madera. Aquello fue lo que nos llevó al sí. He hecho cosas muy divertidas e increíbles.

¿Qué es lo más loco que ha salido de esa cabecita pensante?

Hubo una tontería que tuvo mucha gracia. Se estrenaba Hotel Transylvania (Genndy Tartakovsky, 2012) en San Sebastián, donde están haciendo las cosas muy bien y trayendo a estrellas internacionales. Nosotros teníamos a Mario Vaquerizo, que es de las personas más divertidas del mundo y hacía la voz de Drácula, pero tampoco queríamos organizar una llegada convencional.

Decidimos alquilar un coche de caballos y transformarlo para que pareciera antiguo, casi de muertos. Los caballos eran negros y Mario iba dentro saludando por las calles de San Sebastián. Fue graciosísimo.

Otra cosa muy divertida la hicimos para la película Asalto al poder, que incluía una escena en la que los protagonistas salían por unos túneles que supuestamente existen en la vida real. Contactamos con la unidad de trabajos subterráneos de la Guardia Civil y la Policía Nacional y les preguntamos qué edificios de Madrid tenían túneles y si podíamos entrar en alguno.

Metíamos a los periodistas por una boca de calle y bajaban a las galerías. Las habíamos ambientado con ruidos de agua y animales. Después abrían una puerta y aparecían en el despacho oval, que era una réplica al cien por cien. Allí los esperaban el actor que interpretaba al presidente, Jamie Foxx, y el héroe de la película, Channing Tatum. Los periodistas alucinaban.

¿Qué tal cuando toca trabajar con estrellas internacionales?

Nosotros no hemos tenido malas experiencias. En general, el 99 % han sido encantadores y muy normales, pero a mí me pasó una cosa en el estreno de The Tourist (Florian Henckel von Donnersmarck, 2010), con Angelina Jolie y Johnny Depp.

Nosotros hicimos la première en el Palacio de Deportes de Madrid. Hicimos la pantalla de cine más grande que se había hecho nunca y les organizamos un hospitality, es decir, un sitio para que ellos se tomaran una copa antes de bajar donde presentaban la cinta. Y allí estaban ellos dos y Brad Pitt, que en ese momento estaba casado con ella.

Había que bajarles en un ascensor y a mí me dieron la llavecita para llevarlos. Y nos quedamos encerrados.

Empresario y escritor, los días de Rafa Tarradas parecen alargarse más que los del resto.

Empresario y escritor, los días de Rafa Tarradas parecen alargarse más que los del resto. Sara Fernández

¡El sueño de tu vida!

Mis amigos me decían: "Pero a ver, ¿cómo estabas de cerca de Angelina Jolie?". Y no es que estuviera cerca, es que estábamos pegados, porque estábamos en un metro cuadrado.

Pero teníamos absolutamente prohibido hacernos fotos. Habría sido gracioso, porque ellos eran tan simpáticos que se morían de la risa. Yo estaba diciendo: "Esto es lo más surrealista que me ha pasado en toda mi vida, aquí encerrado con el tío más guapo del mundo, la mujer más guapa del mundo y el tío más cool del mundo. Y yo…".

Que también.

No tanto, no tanto.

¿Eres mitómano?

La única persona de la que soy fan es Rafa Nadal. Me parece extraordinario. Es un señorazo, siempre ha sido simpático y nos ha hecho quedar fenomenal. Se ha comportado bien en todas las pistas, no ha roto una raqueta y ha sido un ejemplo de deportividad y humildad.

Además, cuando tiene que mojarse, se moja. Si le preguntan algo comprometido en una entrevista, responde y lo hace muy bien.

Una vez hablé con otro tenista que también retransmite partidos y le pregunté qué iba a pasar con Rafa cuando se retirara. Me contestó: "Lo que pasa con Rafa es que no era solo talento, era sobre todo esfuerzo". Esa es la gran lección.

Alcaraz tiene un talento enorme, pero está dispuesto a hacer algunos sacrificios menos que Rafa. También quiere irse a Formentera, tomarse una copa y bailar, y me parece completamente normal. Además, gana. Pero es diferente: Nadal estaba dispuesto a que su vida fuera el tenis.

Su ejemplo me parece buenísimo. Es la filosofía de ir a por ello y no rendirse. Y, si pierdes, hacerlo con hombría y señorío.

Has tenido una juventud muy loca.

Sí. Y la estoy alargando. A mí me divierte muchísimo la noche.

Tengo dos facetas curiosas. Por un lado, soy bastante introvertido: me voy al campo, estoy solo y puedo pasarme cinco días sin hablar con nadie. El confinamiento por la COVID lo pasé entero así. Estaba solo y feliz, aunque muy preocupado por lo que estaba pasando.

Pero, por otro lado, me encanta salir y me lo paso fenomenal. Me gusta tomarme una copa. Por eso Madrid me engancha tanto: es una ciudad muy divertida.

Cuando voy a un sitio y está vacío, me entra la depresión y vuelvo a casa preguntándome qué está pasando, si la gente ya no sale, qué estamos haciendo con la juventud. El gimnasio está bien, pero que salgan luego un poco, ¿no?

Parafraseando el título de tu libro, El falsificador (Espasa, 2026), ¿a quién le aplicarías ese término ahora mismo?

Tenemos muchos falsificadores alrededor. Lo que más rabia me da de la situación actual es que nos mienten a la cara. Si has mentido, casi es mejor reconocerlo: "Dije esto, pero no era verdad. Llegué allí y me di cuenta de que era imposible".

¿Cómo puede un político llamar mentiroso a otro, sea verdad o mentira? Son personas a las que hemos contratado nosotros. Son nuestros empleados y les pagamos mucho dinero. Yo no le miento a mi jefe; si lo hiciera en Espasa, me echarían a la calle.

Es desesperante. Cuando hay juicios, siempre pienso: "Por favor, que salga que no es culpable".

¿Estás ya con el siguiente libro? ¿Puedes contarnos algo?

Sí. Está ambientado antes de El falsificador (Espasa, 2026), que transcurre en 1938. Me gustan mucho las historias de gente que prospera y esta trata de una persona humilde que consigue salir adelante en una época muy convulsa.

Me parece una historia divertida y también tiene un punto inspirador, porque habla de enfrentarse a los problemas. Hoy debería mandar el primer extracto largo a mi editora, así que estoy un poco nervioso.

Pues nada, suerte.

Ya te diré.