Gloria Lago, presidenta de la Asociación Hablamos Español.

Gloria Lago, presidenta de la Asociación Hablamos Español. Pablo Lanzillotta

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Gloria Lago, presidenta de Hablamos Español: "Defender un idioma no es apagar otros, sino valorar todos"

Lleva tres décadas abogando por una idea profundamente controvertida: que en este país cualquier ciudadano debería poder vivir en castellano.

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Profesora de instituto especializada en formación lingüística y presidenta de Hablamos Español, una organización que defiende el derecho de los ciudadanos a elegir el castellano como lengua vehicular en la educación y a utilizarlo en sus relaciones con las administraciones públicas en todo el territorio nacional.

Desde hace años, Gloria Lago (Vigo, 1960) se ha convertido en una de las voces más visibles del debate sobre los derechos lingüísticos en España, impulsando iniciativas legislativas, campañas de recogida de firmas y recursos judiciales relacionados con este tema.

Su labor ha generado tanto apoyos como críticas, en un contexto especialmente sensible en comunidades con lengua cooficial.

En conversación con Magas, analizamos la situación actual del español en este país, las principales reivindicaciones de su asociación y los retos que, a juicio de su presidenta, afrontan los ciudadanos en materia de libertad filológica.

Lago inició su activismo hace 16 años en Galicia, cuando percibió un cambio en la política lingüística de la comunidad que, según explica, reducía la presencia del castellano en la enseñanza. "Yo tenía un niño pequeño y además era profesora. Eso fue lo que me llevó a poner en marcha este movimiento junto con otras familias", recuerda.

Lo que comenzó como una iniciativa local terminó extendiéndose por toda España hasta convertirse en una asociación que atiende cada día casos relacionados: familias que solicitan información administrativa en castellano, alumnos que cambian de comunidad y encuentran dificultades para escolarizarse o ciudadanos que denuncian la desaparición del castellano en determinados espacios públicos.

Con el paso del tiempo, Lago considera que la vía política para resolver estos conflictos se ha vuelto más compleja. "Los partidos tienen miedo de entrar a fondo en este problema", sostiene.

Por ese motivo, además de la labor asistencial de la organización que ha fundado, ha impulsado una nueva iniciativa: Alianza por el Español.

El objetivo de este proyecto, explica, no es sustituir el trabajo de instituciones como la Real Academia Española o el Instituto Cervantes, sino abordar cuestiones que, a su juicio, han recibido menos atención: la defensa cultural del idioma, su proyección internacional y la necesidad de poner en valor el castellano como patrimonio común.

Uno de los ámbitos en los que quiere incidir es la enseñanza. "Queremos que los escolares conozcan la verdadera historia y evolución de este lenguaje, tanto en España como en Hispanoamérica y en otros países donde es oficial", explica.

Gloria Lago posa para Magas.

Gloria Lago posa para Magas. Pablo Lanzillotta

Gran potencial

También reclama una mayor promoción del español como el segundo idioma más hablado en el mundo, convencida de que se trata de una lengua con un enorme potencial internacional.

Otro de los asuntos que le preocupan es la desaparición de determinados topónimos tradicionales en castellano. "Forman parte de nuestro patrimonio lingüístico y de nuestra historia", afirma.

A su parecer, recuperar esas denominaciones no significa negar las existentes en otros lenguajes, sino conservar una parte de la memoria cultural de los territorios.

También señala como reto el uso creciente de anglicismos. La activista reconoce que todas las lenguas incorporan términos extranjeros, pero considera que el idioma del Quijote está adoptando algunas palabras inglesas de manera innecesaria y sin adaptación.

"Una cosa es incorporar un término relacionado con la ciencia o la tecnología porque no existe en español y otra sustituir palabras valiosas que ya tenemos", explica.

La defensa del castellano, insiste, no debe plantearse como una oposición a las lenguas autonómicas.

De hecho, reconoce que ha habido avances positivos en la protección de estos idiomas. "Es importante que las personas que tienen como lengua materna una que no es el castellano tengan acceso a educación y bienes culturales en esa forma de expresión lingüística", afirma.

El problema aparece cuando esa protección se convierte en exclusión del castellano. "No puede ser que hoy, teniendo medios para ello, no se enseñe en español en algunos colegios o que desaparezca de la rotulación de edificios públicos", señala.

Su visión de la diversidad lingüística también está marcada por su propia experiencia internacional. La gallega ha dedicado buena parte de su vida al estudio y la enseñanza de idiomas, pero asegura que conocer otras formas de expresión le ha reafirmado el valor de la propia. "Mi lengua casita, mi tesoro y mi corazón es el español", dice.

Durante sus viajes, cuenta, ha observado distintos modelos de convivencia lingüística. Cita especialmente los casos de Irlanda y Gales, donde las minorías lingüísticas reciben protección sin que eso implique convertirlas en una obligación excluyente. "Allí enseñan otro dialecto como una forma de acercarse a una comunidad, no como una imposición", explica.

Referentes literarios

Su relación con la literatura también ha contribuido a esa valoración del castellano. Entre los libros que más le han marcado cita Del amor y otros demonios, de Gabriel García Márquez, y Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez.

También destaca la obra de Valle-Inclán y reconoce su admiración por autores de habla inglesa como Henry James o F. Scott Fitzgerald. En cuanto a mujeres referentes, menciona a Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, Jane Austen y las hermanas Brontë.

Pero rápidamente dirige la conversación hacia una mujer anónima y completamente ajena a los libros que conoció en su tierra, Galicia: Isabel, una vecina de Cangas de Morrazo que nació en una familia humilde de pescadores y que no pudo escolarizarse de niña.

La presidenta de Hablamos Español.

La presidenta de Hablamos Español. Pablo Lanzillotta

"Me provoca especial admiración porque trabajó toda su vida para que sus hijas tuvieran estudios universitarios y después aprendió con ellas, empezó a leer y a cultivarse", recuerda. Para ella, ese ejemplo representa una forma de grandeza menos visible: la de quienes superan las dificultades mediante el esfuerzo y la cultura.

Al mirar atrás

Su trayectoria pública, sin embargo, no ha estado exenta de costes personales. Cuando comenzó su activismo no imaginaba las consecuencias. "Tuve protección policial durante mucho tiempo", cuenta. Recibió amenazas, sufrió pintadas, daños en su coche e incluso un asalto en su vivienda.

Si pudiera hablar con la Gloria de hace 25 años, antes de convertirse en una figura pública, asegura que le diría que volvería a tomar la misma decisión. "Si hubiera sabido en ese momento a lo que me enfrentaba desde el punto de vista de mi seguridad, no sé si habría dudado", reconoce.

Pero añade: "Si lo pongo en la balanza, por supuesto que me ha compensado y lo volvería a hacer".

Admite que el activismo le hizo perder tranquilidad y tiempo personal. "Durante muchos años esto fue un trabajo que ocupaba todo el tiempo salvo las horas de sueño", explica.

Sin embargo, asegura que también le ha aportado aprendizajes importantes: conocer personas comprometidas, crear equipos sólidos y comprender mejor el funcionamiento de la sociedad y de la política.

Con los años, dice haber cambiado la forma de relacionarse con los responsables públicos. "Llega un momento en que no te enfadas. Entiendes que tienen su manera de funcionar y que lo importante es intentar conseguir lo mejor que puedan aportar", reflexiona.

Ahora centra sus esfuerzos en una nueva etapa: lograr que el castellano vuelva a ocupar un lugar protagonista en el debate cultural. "Queremos hacer brillar el español", resume. Para ella, "defender un idioma no significa apagar otros, sino reconocer el valor de todos".