La abogada penalista Ana Katiria se cita con Magas para protagonizar esta entrevista en Madrid, donde hoy vive.

La abogada penalista Ana Katiria se cita con Magas para protagonizar esta entrevista en Madrid, donde hoy vive. Esteban Palazuelos

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Ana Katiria, la abogada que huyó de México por defender a niños y mujeres: "Enfrentar al poderoso es mirar a la muerte"

La letrada, conocida por casos mediáticos como el de Yakiri Rubio, denuncia haberse refugiado en España tras recibir amenazas por su trabajo.

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Las personas tienen una extraña capacidad de idealizarlo todo. Viajar. Unas vacaciones de sol y playa en la Riviera Maya. Profesiones combativas de esas que, dicen, alimentan el alma y salvan el mundo. Las mariposas, tan libres, pero... ¿alguien se ha preguntado si estas echan de menos su antigua piel cuando les crecen las alas? ¿O se desprenden de ella y ya está?

La abogada Ana Katiria Suárez (Ciudad de México, 1981) ha pasado ella misma por una metamorfosis, aunque forzada por las circunstancias. Ocurrió el 7 de diciembre de 2024, cuando se montó en un avión con destino España para ponerse a salvo de las amenazas de muerte que, dice, aún la persiguen. Hoy sigue en proceso de adaptación.

Penalista, defensora de derechos humanos y de género, directora de la asociación Voces Humanizando la Justicia, ha pasado los últimos 20 años en primera línea de los tribunales mexicanos, acompañando sobre todo a mujeres, niñas y niños afectados por violencias extremas: feminicidios, violaciones, abusos a la infancia...

Ha representado a cientos de víctimas, en su mayoría sin recursos, y en buena parte, asegura, de forma pro bono —es decir, gratuita para ellas—. Su nombre empezó a circular con fuerza a raíz del caso de Yakiri Rubio, una joven que, tras ser secuestrada, violada y apuñalada, se defendió, hirió mortalmente a uno de sus agresores y fue acusada de homicidio calificado.

Ana Katiria asumió la defensa, logró su liberación y convirtió esa experiencia en un libro, En legítima defensa, hoy utilizado en varias universidades y en proceso de adaptación al cine. Con los años, se ha convertido en una referencia incómoda para algunos en un país con cifras persistentes de violencia de género.

Hace años, sin embargo, su propia historia se cruzó con las que solía litigar. Según relata, a raíz de una denuncia por abusos sexuales a tres menores de su entorno familiar y de la representación de varias mujeres enfrentadas a exparejas con alto poder económico y político, se convirtió en el blanco de una campaña de descrédito.

Habla de manifestaciones con su rostro en pancartas, de su geolocalización difundida en redes con una recompensa por su captura. Ahora está en España, país del que también tiene nacionalidad, y desde aquí insiste en que no deja de trabajar, pues sigue llevando casos con los horarios mexicanos. Hoy cuenta a Magas su historia.

La abogada Ana Katiria Suárez, fotografiada en las instalaciones de esta revista.

La abogada Ana Katiria Suárez, fotografiada en las instalaciones de esta revista. Esteban Palazuelos

Permítame que partamos de cero para entender mejor su figura. Usted se presenta como defensora de víctimas. ¿Quién es Ana Katiria Suárez?

Me reconozco en un esfuerzo constante por ser congruente en lo profesional y en lo personal. Una de las fórmulas más asertivas para sostenerte frente a un mundo doloroso es pensar, sentir y ejecutar acciones en esa línea. Eso me ha permitido encontrar una voz propia que me ha llevado a arriesgarme en una defensa incansable de derechos humanos y de género.

Soy una mujer sensible. La gente pensaría que por ser abogado penalista tienes un espesor en la piel distinto. Puede ser que sí, pero quizá la fuerza de ese espesor es la empatía. Gracias a ella he podido representar a tantas víctimas y estar cerca de personas que necesitan acompañamiento para resolver conflictos muy delicados que atentan contra su dignidad.

No es sólo lo jurídico: intento crear espacios de contención integral, compartir herramientas para sostener y atravesar procesos que no deberían existir. Esto me llevó, desde hace muchos años, a la protección de los niños. Son el semillero del futuro, pero pocas veces los vemos como sujetos de derecho con voz propia.

Cuando he tenido oportunidad de trabajar con ellos, como en algunos de los casos por los que estoy aquí, la responsabilidad se vuelve total: no puedes cometer errores. Y, sobre todo, no puedes dejar de darles un lugar como parte fundamental de la sociedad. Resignificar los espacios de las infancias genera cambios increíbles después de fracturas muy profundas.

Su recorrido profesional arranca en México... pero hoy continúa en Madrid.

Yo estudié Derecho y nunca me lo cuestioné. Desde la escuela aprovechaba los veranos para formarme en despachos de abogados. Luego empecé a trabajar muy joven, de manera formal, como a los 18 años, ya contratada sólo porque había cumplido la mayoría de edad. Durante la carrera seguí en bufetes; dividir formación y trabajo me dio mucha más hambre de aprender.

Me formé en la Universidad Iberoamericana y después hice una maestría en Ciencias Penales y Criminología en la Pompeu Fabra, en Barcelona. Tras aquello, regresé a México, cursé una especialidad en derecho penal y más tarde otra maestría, pero mi mejor academia fue la vida.

Tengo un despacho desde hace 15 años. Circunstancialmente no tengo socios ni socias; soy la única titular. Me he encargado de hacer trabajo pro bono en más del 85% de mis casos. Para mí es un servicio a la sociedad. El otro porcentaje es el que me permite sostener una infraestructura que me ha dado la oportunidad de representar a cientos y cientos de víctimas.

Hace siete años fundé Voces Humanizando la Justicia para integrar todos esos casos que al Estado mexicano no les interesa proteger: un sector vulnerado y vulnerable al que hay que acompañar de forma integral. Soy penalista, litigante activa, pero el litigio estratégico implica también la defensa de derechos humanos ante instituciones públicas.

Se trata de cohesionar la estrategia jurídica para que tenga efectos materiales: no sólo acompañar una narrativa, sino generar decisiones ejecutables en la restitución y reivindicación de derechos, en la reunión de familias, en la devolución de hijos e hijas secuestrados por alguno de los padres, en la atención a niños lastimados en lo más íntimo de su ser.

Su nombre es sinónimo de victoria en casos complejos de violencia contra las mujeres. El de la joven Yakiri Rubio llegó a convertirse en libro, En legítima defensa, y pronto será película... Recordemos también que México cerró 2025 con 725 feminicidios, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Otras fuentes hablan de más.

He representado a mujeres y niñas que ya no están: feminicidios muy complejos y tentativas que permiten a la víctima recuperar algo de lo que se le robó. Este libro que te traigo hoy es uno de los casos más emblemáticos que he llevado. No el más crudo, porque cada caso se supera con otro más terrible; pareciera una infección sistémica en la sociedad.

La obra, publicada por Random House hace siete años, cuenta un litigio que generó mucho impacto en mi país. Es la defensa de una chica secuestrada, apuñalada, violada, vejada, que en legítima defensa logra salvar su vida. Uno de sus dos agresores pierde la vida y el sistema penal la revictimiza, la criminaliza, la priva de su libertad, la acusa de homicidio calificado.

Yo llego a ella a través de una publicación en Facebook y tomo la defensa. Hoy el libro se estudia en tres universidades públicas y estamos haciendo una película que ya está muy avanzada. Llegar a una pantalla de cine o a plataformas sirve como recordatorio para la sociedad, para mí y para las víctimas de que cuando las cosas se hacen desde el alma, sí se logran.

Hemos decidido hacer un film porque la historia es tan grande que un documental habría resultado larguísimo y demasiado jurídico. El productor principal es Nicolás Celis, que ganó el Oscar por Roma, y en España tenemos como coproductor a Antonio Saura, que es una persona maravillosa.

Él y su esposa me han abrazado desde que llegué. La guionista y directora Eliza Miller ha ganado premios importantes a nivel internacional. Todo esto habla de que nos unimos con el mismo propósito social: difundir una historia que debe ser contada.

La letrada denuncia la impunidad de los agresores vinculados a la élite económica y política.

La letrada denuncia la impunidad de los agresores vinculados a la élite económica y política. Esteban Palazuelos

Sin embargo, lo conseguido en el caso de Yakiri contrasta con la situación judicial que hoy la trae a España. Usted acusa a un familiar de abusar sexualmente de sus hijos y se inicia un litigio familiar. ¿De qué manera ha marcado su recorrido hasta hoy?

Hace dos años y algo, de manera circunstancial, llegaron a mí cuatro o cinco mujeres muy distintas a la mayoría de personas que solemos representar. Muchos de nuestros casos son de gente que no tiene recursos para contratar abogados inmersos en sus expedientes; las defensas públicas están sobresaturadas.

Estas chicas, que no se conocían entre sí, tenían algo en común: exparejas muy violentas, pero con una alta capacidad económica y política. Ahí se torna mortal porque, además del juicio social, enfrentarte a un poderoso es casi caminar hacia la muerte.

Con este tipo de personajes todo se vuelve 10 veces más complicado por su capacidad de incidencia en las autoridades y en la política. México es un espacio perfecto para que se geste esa inequidad, esa disparidad. El 14 de febrero de 2014 me encontré a la exesposa de mi primo hermano y a sus tres hijos, mis sobrinos [se quiebra y debe hacer una pausa].

Se habían divorciado de forma muy complicada. Cuando les vi fue inevitable detectar una sintomatología de abusos graves. Me acerqué a mi sobrino y estaba muy ansioso porque al día siguiente vería a su padre. Empezó a referir cosas muy dolorosas. Después los vi en el despacho y decidimos denunciar: la madre de los tres chiquitos y yo.

Como en todo proceso judicial complejo, hay una versión enfrentada. Las defensas de los acusados y determinados colectivos la acusan de liderar una red que fabrica denuncias. ¿Cómo afronta unas acusaciones tan graves sobre su trabajo?

Parecía el inicio de una batalla imposible de ganar. La reacción de un criminal que se atreve a perpetrar violencia contra tres pequeñitos de su propia piel y sangre fue avasalladora. Las defensas de estos hombres de los que te he hablado se reunieron para organizar una estrategia basada en difamar y calumniar mi trabajo.

Decían que yo buscaba víctimas con parejas o exparejas de alto poder económico, que pedíamos pensiones alimenticias fuera de contexto. Yo soy penalista, no llevo materia familiar. No pido alimentos, yo denuncio crímenes. Según esa narrativa, si ellos no aceptaban, yo convencía a las madres para que llevaran a los niños a denunciar hechos falsos.

En este cruce de acusaciones, hay procesos que se han complicado enormemente en los tribunales de su país. Usted ha sido muy crítica con el sistema. ¿Por qué cree que la justicia no logra resolver o esclarecer el caso de manera definitiva?

Aquí volvemos a la vulneración de los derechos y la voz de los chicos. Se les minimiza asumiendo que las progenitoras y la abogada los manipulan. Su credibilidad se vuelve nula. El tráfico de influencias, las corruptelas, las amenazas ejecutadas con impunidad en un sistema que justifica a estos hombres porque son 'necesarios para la economía' o sujetos de admiración.

Cuando luchas contra el sistema, es muy difícil encontrar autoridades que quieran subirse al barco de la justicia sin cuestionar el sentido de su función. Nunca olvidaré cuando mi sobrino me jaló para agradecerme que lo hubiera salvado. Cuando ves eso, te vuelcas sin importar tu propia vida. La mía no vale más que la de cualquiera de ellos.

La abogada ha colaborado de cerca con el Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM). Hoy prepara una película coproducida por Antonio Saura sobre el caso Yakiri Rubio.

La abogada ha colaborado de cerca con el Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM). Hoy prepara una película coproducida por Antonio Saura sobre el caso Yakiri Rubio. Esteban Palazuelos

Asegura que ha sido objeto de campañas digitales en su contra y que han llegado a ofrecer recompensas por su captura. ¿Cuál fue el punto de quiebre que la llevó a tomar un avión a Madrid?

Sí. Me resulta inconcebible leer y escuchar la cantidad de atrocidades que se dicen sobre mi trabajo, y no por ego, sino porque esta violencia genera sometimiento contra la defensa atacada, contra las víctimas, contra otras defensoras que podrían integrarse. Es una forma de volver a amenazar para acallar la voz, de matarte en vida y arrancarte de todo lo construido.

Las mujeres a las que represento siguen amenazadas por autoridades a las que estos sujetos han llegado. Les dicen que, si alguna está cerca de mí, sus casos se irán a la basura. Durante más de un año no ha habido un día en que no se haya publicado algo contra mí. Buscan transformar mi huella digital para que, cuando se busque mi nombre, no aparezca nada positivo.

Atentar contra tu credibilidad repercute en todo. Reconocerte como víctima siendo la defensora es un papel que solemos ver a distancia, en casos de abogados y periodistas exiliados por decir la verdad. La dimensión del daño no la conoces hasta que te atraviesa a ti también.

Yo empecé a recibir mensajes con frases terribles describiendo cómo me iban a lastimar físicamente, a violar y a rematar. Se acercaron a hombres para los que años atrás logré sentencias condenatorias y comenzaron las amenazas desde los reclusorios. Ahí decidimos que, si no daba el paso en ese momento, era probable que no siguiera con vida.

Califica su situación de "exilio", aunque ha ingresado gracias a que tiene nacionalidad española por parte de su familia. ¿Cómo se vive este proceso desde la lejanía y qué respuesta ha visto en las instituciones de nuestro país?

Aquí aprendí que el exilio puede resumirse en tres palabras: destierro, encierro y entierro. Yo lucho por no ser la tercera, por no convertirme en un número más. Soy alguien que levantó la voz, una defensora que sigue sosteniendo su despacho desde aquí, con horarios mexicanos, tomando casos nuevos de víctimas que me dicen "no nos abandones ahora".

Jamás las voy a dejar. Mientras haya alguien como las mujeres a las que represento, como los pequeñitos a los que sigo acompañando, entro en modo automático. Lo grave es que hay tan poca legislación en el mundo que estamos al arbitrio de cualquier delincuente que quiera acabar con nuestra vida.

¿Cómo ha sido su proceso de adaptación e integración en España?

El país ha sido mi salvavidas. El Ilustre Colegio de Abogados de Madrid me abrió las puertas y, al estudiar mi caso, me acercó al Observatorio de la Abogacía en Riesgo, que emite alertas internacionales y agrupa a letrados de países conflictivos que son penalistas y defensores de derechos humanos. Para mí estos organismos fueron como encontrar un oasis en el desierto.

De ahí entré en contacto con Front Line Defenders; también emitieron una alarma explicando por qué, a pesar de estar en España, sigo en riesgo. Tienen la capacidad económica de deshacerse de ti aquí, en China, en México o donde sea. Así que empecé a ir a conferencias y exponer mi caso públicamente. Han sido un salvavidas y lo siguen siendo.

Cuento con mucho acompañamiento psicoemocional, indispensable para procesar el exilio. En mi fundación brindamos apoyo psicológico integral porque la empatía nos define. En lo personal, me cuido en las pequeñas cosas: pasear a mi perro, cocinar y no dejar de ver al ser humano que soy. Se necesita contención y terapia para sostenerse.

¿Ha cambiado su relación con los medios desde que está aquí?

La verdad es que la acogida ha sido maravillosa. Me han abierto puertas y micrófonos para explicar lo que estoy viviendo. Veo cómo presentan una nota de feminicidio: desde que el periodista llega al suceso a la declaración de la alcaldesa, no les merma reconocer que se trata de violencia machista.

Esa evolución en las narrativas me permite sentir esperanza con lo que hacía en México y lo que seguiré haciendo desde acá.

Usted denunciaba hace poco en un diario español que la violencia digital se ha intensificado, también entre quienes ejercen la defensa de derechos humanos en materia de género.

Es un problema global sin fronteras. Las leyes actuales son insuficientes; se limitan a la intimidad sexual (como la Ley Olimpia en México), pero ignoran los discursos de odio sistemáticos. Necesitamos convenios internacionales que tipifiquen estos delitos y permitan la "limpieza digital" por el derecho a la verdad.

Lo digital no puede avanzar sin límites ni sanciones. Si sólo nos basamos en recomendaciones... No conozco ninguna guerra que se haya ganado a partir de cartas de amor.

La autora de 'En legítima defensa', frente al objetivo.

La autora de 'En legítima defensa', frente al objetivo. Esteban Palazuelos

¿Usted piensa en el futuro?

Sí, mucho. Es inevitable cuando crees que estás sembrando una semilla que eventualmente se va a cosechar. Lo he visto reflejado en muchas víctimas a las que he representado. Escuchar entrevistas que ellas mismas se han ofrecido a dar, años después, hablando del trabajo que hicimos juntas, me hace pensar en el futuro.

Al principio todo se ve muy oscuro, pero con el tiempo ves resultados: niños que conocí con cinco años y ahora son adolescentes que me escriben para decir cómo cambió su vida saber que alguien los escuchó. Pienso en el futuro como esa esperanza de que, cuando haces las cosas bien, tarde o temprano obtienes resultados.

¿Siente que en algún momento habrá garantías suficientes por parte del Gobierno de México para que usted pueda volver a casa?

Directamente no he tenido interlocución con el Gobierno de Claudia Sheinbaum. Hay quien puede criticar mi postura, pero para mí es coherente; he priorizado dar voz a las víctimas antes que a mi caso personal. Claro que me gustaría regresar, pero el país atraviesa un periodo de mucha convulsión y es muy riesgoso.

Pertenezco al Mecanismo de Protección Federal desde hace nueve años y en ninguna revisión el riesgo por ejercer mi profesión ha disminuido; siempre aumenta. Mientras pueda mantenerme con vida en España y seguir representando víctimas con la seguridad que me brinda, estaré aquí. Pero voy a buscar mi regreso, porque nadie tenía por qué arrancarme la vida de esta manera. Nadie.