Belén Orive, fotografiada en Gazzambo Gallery.

Belén Orive, fotografiada en Gazzambo Gallery. Esteban Palazuelos Magas

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Belén Orive, la mujer que lleva a otras a descubrir África bailando: “El afrobeat es un antidepresivo natural”

Psicóloga y madre de cuatro hijas, decidió dar un giro a su vida al mirarse un día al espejo y no reconocerse. Entonces, creó Mdjem. El resto es historia.

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Belén Orive nació en Madrid, como dice ella, “hace más de 40 años”. Es licenciada en Psicología, madre de cuatro hijas y, por tanto, una organizadora nata.

En un momento determinado de su existencia, decidió cambiarlo todo y mudarse a África. Pasó allí 11 años, en países como Marruecos, Angola, Ghana y Camerún.

Fue entonces cuando decidió priorizarse y seguir su intuición, su curiosidad y su capacidad para abrir caminos donde antes no los había.

Belén Orive vivió durante 11 años en cuatro países de África.

Belén Orive vivió durante 11 años en cuatro países de África. Esteban Palazuelos Magas

Ahí nació Mdjem, el proyecto con el que lleva a África a mujeres que quieren viajar solas, desconectar y aprender de la cultura y del baile.

En los últimos tiempos, Belén ha convertido su experiencia y su mirada en herramientas para impulsar este proyecto que, desde luego, es una forma absoluta de libertad, desconexión y liderazgo femenino. Curioso, ¿no?

Para esta entrevista, en Magas buscamos un escenario que dialogara con su personalidad y con los temas que inevitablemente iban a emerger en la conversación: independencia, maternidad, emprendimiento, ritmo y afrobeat.

Necesitábamos un lugar capaz de transmitir serenidad, pero también inspiración; raíces y, al mismo tiempo, apertura al mundo. Y lo encontramos casi por casualidad, o quizá por esa clase de coincidencias que parecen tener algo de magia.

Tras unas puertas cubiertas de grafitis, en una calle que desemboca en la Plaza de Olavide, en el corazón de Chamberí, se esconde Gazzambo, una galería de arte que funciona como un pequeño oasis de arte contemporáneo africano en pleno Madrid.

Allí, el silencio es absoluto y da paso a la belleza y a una colección de estímulos visuales que invitan a viajar. Cada rincón parece contar una historia y cada pieza expuesta abre una ventana a otros paisajes y culturas.

Belén Orive, a las puertas de Gazzambo Galley.

Belén Orive, a las puertas de Gazzambo Galley. Esteban Palazuelos Magas

Al frente de este singular espacio está Catherine Lieman, una mujer tan fascinante como la propia galería.

Habla un español impecable teñido de un inconfundible acento francés, pero se emociona al hablar de Kenia, país con el que mantiene un vínculo profundo y donde pasa gran parte del año.

De hecho, recientemente ha obtenido la nacionalidad keniata, un reconocimiento que refleja una relación construida durante años desde el compromiso y el afecto.

En ese entorno cargado de autenticidad, arte y mestizaje cultural tuvo lugar el encuentro de esta revista con Belén Orive.

Un escenario que no solo sirvió como telón de fondo para las fotografías, sino que terminó aportando una dimensión especial a la charla: la de quienes entienden que las fronteras más interesantes son siempre las que se cruzan para descubrir nuevos horizontes.

Belén, empecemos por el principio: ¿qué es Mdjem y qué es África para usted?

Bueno, Mdjem —pronunciado Mayém— es una palabra customizada de la lengua bulu, que significa “yo bailo” o “mi baile”. Cuando estuve buscando nombres para el proyecto, empecé a preguntar cómo se decía esto en diferentes lenguas de Camerún, porque en Camerún hay más de 300. Y al final me quedé con esta. Porque, además, cuando dices “Mdjem”, suena un poco como a latido del corazón y entonces baile, vida, África y latido del corazón… está todo.

¿Recuerda el momento exacto en el que África le cambió la vida?

Yo diría que no, que ha sido un proceso, porque una no aterriza allí y se entera. Básicamente tienen que pasar bastantes años hasta que tú te das cuenta realmente de dónde estás y cómo funcionan las cosas. Sí que hay un momento exacto en el que me vino la idea del proyecto, pero no un momento exacto en el que me cambió la vida.

En su último viaje a Camerún, el pasado mes de mayo.

En su último viaje a Camerún, el pasado mes de mayo. Cedida

Ha vivido allí muchos años, en distintos países. ¿Qué parte de la Belén de Madrid desapareció allí y cuáles aparecieron?

Yo es que creo que esa Belén de Madrid ya no existe. O quizá sí, pero es totalmente diferente. Han sido 11 años viviendo allí, más luego todos los que he estado viajando. La esencia de Belén es la misma, pero está muy pulida, muy mejorada y muy ampliada gracias a la experiencia en los diferentes países y procesos: desde no saber nada hasta saber lo poco que sé ahora.

Usted es madre de cuatro hijas y se dedica a organizar viajes para mujeres en África. ¿Cómo se vive siendo una mujer occidental en países como Camerún, Ghana o Angola? ¿Se ha sentido vulnerable alguna vez?

A ver, antes de empezar los viajes sí que puedo contar alguna experiencia difícil, pero bueno, como las tienes aquí en la puerta de tu casa. En todas partes hay gente buena, gente mala, gente peor y gente mejor, gente con mejor día y gente con peor día. No puedo decir realmente que no haya tenido experiencias difíciles, pero no se puede definir como algo específico de allí.

¿Cuál es ese prejuicio que más le enfada cuando se habla del continente africano?

El que más me cabrea es, por supuesto, el de que África es pobre y que allí todo el mundo es feliz y lo da todo. Y que los niños van por la calle bailando... ¿Y la gente que se hace fotos con niños? Tú no verás nunca en mis redes sociales que me haga esas fotos.

¿Qué opinión tiene de esas influencers que van a África, se hacen fotos con niños y dicen que son felices con muy poco?

A mí no me gusta nada. De hecho, las mujeres que viajan conmigo saben que no quiero que se hagan fotos con niños. No puedo obligar a nadie ni puedo estar pendiente de todas, pero fotos con niños no. Y lo llevo a rajatabla.

Cuénteme más sobre los prejuicios.

Todos los prejuicios que pueda haber sobre el continente africano los hay. Prejuicios que no hay en otros continentes que también se conocen menos o que geográficamente están más lejos, como Asia. Todos están y no hay mucha evolución, la verdad. Por eso me gusta llevar a las mujeres a mis lugares y enseñárselos desde mi prisma.

¿Cuál es el objetivo?

Que conozcan esos países a través de mi experiencia para empezar a pensar las cosas de otra manera. Aquí tampoco tenemos la culpa de lo que nos cuentan. Yo misma al principio tampoco me enteraba de muchas cosas e incluso todavía habrá cosas de las que no me entere. Pero con el conocimiento que tengo intento que ciertas cuestiones se vean de otra manera. Incluso con mis amistades. Hay expresiones y cosas que se dicen sin darse cuenta.

El grupo de mujeres que viajó con Belén a Camerún hace algo más de un mes.

El grupo de mujeres que viajó con Belén a Camerún hace algo más de un mes. Cedida

En su web dice que en Camerún recuperó algo muy valioso: su pasión por el baile. ¿De qué le salvó el baile y qué perdió por el camino hasta llegar a Camerún?

Muchas mujeres me van a entender con esto. Cuando nació mi cuarta hija, me miré en el espejo y dije: “¿Quién eres tú?”. No me reconocía. Entonces pensé que tenía que hacer algo que me diera vida y que me volviera a poner en forma. Ahí entró el baile. El baile y el continente africano me devolvieron a mí misma y me entregaron este proyecto.

¿Cree que Occidente sigue mirando al continente africano con paternalismo o es puro desconocimiento?

Sí, pero yo estoy muy contenta porque el continente se está poniendo las pilas y está empezando a preservar su cultura, su geografía, su territorio, sus costumbres, sus idiomas, su gente, su economía y su forma de hacer las cosas, que es tan válida como la nuestra.

¿Qué ha aprendido de las mujeres africanas y qué pueden aprender las mujeres españolas de ellas?

Yo no puedo hablar de las mujeres africanas en general. Te voy a hablar de las mujeres camerunesas que he conocido, o de las ghanesas o de las angoleñas, porque no quiero caer en el tópico de generalizar. Pero a mí lo que más me impacta de ellas es su sabiduría.

¿En qué sentido?

Tienen sabiduría emocional, saben cómo transitar las dificultades, mantienen la calma, tienen la cabeza en su sitio, no se dejan arrastrar por cualquier cosa... Para mí ellas representan la solidez y la sabiduría. Cada mujer que conozco allí pasa a formar parte de mí porque me enseñan el tipo de mujer que yo quiero llegar a ser. Y eso es muy bonito, porque soy el ejemplo de mis cuatro hijas. Entonces es como una línea de ellas, a través de mí, hacia ellas cuatro.

¿Qué le dicen sus hijas sobre su proyecto Mdjem?

Lo más bonito fue cuando me dijeron: “Mamá, ¿tú te das cuenta de que un día era solo una idea en tu cabeza y ahora ya lo estás haciendo?”. Y es verdad. Que ellas hayan visto eso y hayan sido testigos de que es posible, de todo el transcurso y todo el recorrido que he hecho para hacerlo, es muy importante. Están súper contentas y muy orgullosas.

Su proyecto nace para mujeres que quieren viajar, pero ¿por qué sigue dando tanto miedo hacer las cosas solas?

Bueno, le estás preguntando a la persona equivocada porque precisamente yo nunca he tenido miedo de estar sola. Pero sí puedo decir que en el caso de mis viajes hay dos tipos de mujeres: las que realmente tienen miedo y quieren hacerlo en grupo y las que sí viajan solas a otros sitios, pero al continente africano no.

¿Hay mujeres que hayan repetido experiencia con usted?

Sí, hay algunas que han repetido. Otras también han viajado por diferentes países. La mayoría, por supuesto, cuando dices “he viajado al continente africano”, te responden “Marruecos”, que definitivamente es el Magreb y no representa toda la experiencia africana. Y luego hay otras que sí han viajado a otros sitios, pero cuando es un país menos turístico como Camerún dicen: “Ahí sola no”.

Prejuicios, ¿no?

Claro, y yo siempre soy muy partidaria de hablar de la prudencia. Evidentemente, cuando tú piensas que una cosa sola no la puedes hacer, lo mejor es ser prudente y hacerlo de la manera que te dé más seguridad. Yo abogo mucho por la seguridad y porque se sientan seguras.

Habla de los afrobeats como un antidepresivo natural. ¿Qué tiene ese ritmo que no tienen otros? ¿Hay algo terapéutico en el movimiento?

Es que es imposible bailar afrobeat sin sonreír. Fíjate en cualquier vídeo de cualquier persona, sea africana o no. A lo mejor en afro contemporáneo estás más serio, o en danzas tradicionales hay momentos más solemnes, pero el afrobeat es pura energía, pura alegría.

¿Qué tiene de especial?

La música de Camerún me gusta mucho porque, por supuesto, hay canciones de amor, pero también habla del día a día, de los problemas de allí y de la cotidianidad. Puedes aprender mucho del país a través de sus canciones y artistas. Siempre con unos ritmos y unas letras que te llenan y te llevan a pensar.

Imagen de una de las clases de baile afrobeat.

Imagen de una de las clases de baile afrobeat. Cedida

¿Qué sucede entre mujeres que empiezan siendo desconocidas y comparten estos viajes? ¿Se llora también?

Sí, sí. Tenemos que entender que cada mujer que viene trae su vida, su maleta y sus mochilas. Y entonces hay momentos en los que te metes en un mundo muy diferente al tuyo, que te estimula mucho y que también cansa mucho. En el último viaje les decía: “No soy yo la que os cansa, es Camerún”.

Un país así debe de impactar.

Salir a la calle ya es una nueva estimulación constante, y eso cansa. Y entonces remueve. El tipo de mujer que yo atraigo son mujeres responsables y reflexivas. Muchas están en cambios de vida. Eligen este viaje porque es algo que han querido hacer siempre y porque quieren alejarse de donde están para poder verlo con perspectiva.

¿Cree que las mujeres están ocupando su ocio y su placer de otra manera?

Las mujeres que vienen conmigo lo hacen para conocer algo que no han visto nunca. Y hacerlo a través de mí, porque me han conocido y saben los valores con los que viajo. Saben perfectamente qué tipo de viaje es. Yo aviso de que no es un viaje cualquiera y deja huella. No termina cuando aterrizas de vuelta.

Se queda un poquito dentro.

Es un viaje que sigue durante días, semanas o meses; incluso, para algunas cosas, para siempre. Yo voy y vengo, pero sé que ellas probablemente viajarán conmigo otra vez a otro destino o a otro itinerario. Pero ese lugar y ese momento específicos nunca los van a volver a repetir. Muchas veces les digo: “Bueno, chicas, ¿dónde estamos?”. “En Camerún”. “Pero ¿dónde estamos?”. Porque intento traerlas a tierra.

Sin presumir de ello, también ejerce un poco de psicóloga durante estos viajes. ¿Las cuida?

Soy muy cuidadora, evidentemente. Lo que pasa es que las cuido de otra manera porque son mujeres adultas, responsables y funcionales. Pero sí tengo que ir fijándome en lo que va pasando, sobre todo cuando hay clases. No estoy con ellas todo el rato, pero estoy pendiente y me ocupo de guiarlas. Lo puedo hacer mejor o peor, pero estoy ahí para intentar buscar la mejor solución posible.

¿Cuál ha sido el momento más bonito que ha vivido realizando uno de estos viajes?

En mi primer viaje, cuando estábamos en medio de una clase de baile, una rumba viajera, tocando percusión mientras bailábamos. Y pensé: “Estoy aquí. Estoy con un grupo de mujeres bailando y viajando por Camerún. Lo he conseguido”. Fue como cerrar el círculo.

Luchó por su proyecto y lo logró.

Sí, pensé un proyecto, me miré al espejo, tenía que cambiar de vida y mira dónde estoy. Y hay mucho futuro por delante. Los grupos son diferentes, aunque los itinerarios sean parecidos. Siempre hay evolución. Ese primer momento fue muy fuerte. Pensar: “He combatido todos mis fantasmas y mis diablos y no sé cuánto durará ni hasta dónde llegaré, pero hoy estoy aquí con un grupo de mujeres que me han dado la confianza y están viajando y bailando conmigo”. Eso ya no me lo quita nadie.

Belén Orive junto a las obras de arte de Gazzambo.

Belén Orive junto a las obras de arte de Gazzambo. Esteban Palazuelos Magas

¿Y el momento más duro?

Lo más duro es salir de casa. Y dejar a mis hijas aquí. Porque cuando estoy allí todo es tan intenso que no puedo estar presente. Y eso me cuesta. Estar allí no me cuesta porque para mí todo es un reto positivo. Me encanta.

¿Qué canción le obliga siempre a levantarse?

Uf, es que hay tantas. Hay una que se llama Au bout de mes rêves, de Aveiro Djess. Es que hay muchas que me han impactado y además yo soy de escuchar compulsivamente. Si una canción me gusta la repito todo el rato.

Y para concluir: si tuviera que hablarle a una mujer que sueña con viajar sola pero no se atreve, ¿qué le diría?

Yo convencer no convenzo a nadie. Ellas tienen que sentir que quieren hacerlo. Yo les diría que sí, que es posible. Que se animen y que busquen la persona, la agencia o lo que sea que esté alineada con ellas y que les haga sentir que pueden hacerlo con seguridad.