Creatividad elaborada por Magas a partir de mensajes en defensa de la eliminación del voto femenino. De fondo, dos mujeres fotografiadas en una concentración que da inicio a la Gran Feria Estatal Americana, que conmemora el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, en Washington, DC, el 24 de junio de 2026.

Creatividad elaborada por Magas a partir de mensajes en defensa de la eliminación del voto femenino. De fondo, dos mujeres fotografiadas en una concentración que da inicio a la Gran Feria Estatal Americana, que conmemora el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, en Washington, DC, el 24 de junio de 2026. Reuters

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De los cursos para ser 'buena esposa' a la ola contra el voto femenino: ¿tiene EEUU un problema con las mujeres?

Mientras las wife schools enseñan "sumisión bíblica", el movimiento Repeal the 19th abre la puerta a volver a discutir el mantenimiento del sufragio femenino.

Más información: 24 horas en el foro 'tradwife' que incita a las mujeres a ser amas de casa: "Cocinar y lavar platos debería hacerte feliz"

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"No es un curso. Es un proceso de corrección, alineación y transformación que dura un año para aprender cómo ser una esposa sumisa según la Biblia, comprender cómo respetar a su marido en la vida real, dejar de repetir patrones destructivos en la pareja y construir un hogar caracterizado por la paz, la estructura y el orden".

Así reza, valga el juego de palabras, la descripción de una web en la que se ofrecen formaciones orientadas a mujeres cuyos matrimonios "están llenos de tensión, conflicto o distanciamiento", tal vez debido a que "su tono está desafinado o su esposo se siente rechazado en lugar de respetado".

En esta academia online, la solución a los problemas de pareja no pasa por ir a terapia ni por revisar el reparto de tareas, sino por corregir la conducta de la esposa. El plan de estudios se enfoca en la "sumisión bíblica", el "respeto consistente" y el "impacto" femenino en el "liderazgo" (de él, eso por supuesto).

Incluso incluye "laboratorios de revisión semanales" donde se examina a las alumnas y sus patrones de comportamiento son corregidos "en tiempo real". La paz del hogar, se insiste una y otra vez, depende de que la mujer se alinee con "el orden": respetar, contener sus emociones y dejar de crear "resistencia" en casa.

El proyecto —creado por una estadounidense y musulmana reconvertida al cristianismo con un pódcast y varios libros publicados, entre ellos uno que se titula Cállate hermana: cómo la cinta adhesiva transformó mi matrimonio— se define a sí mismo como "un instituto de formación de élite".

Los detalles del curso a la venta en su página.

Los detalles del curso a la venta en su página. Web oficial

Sin embargo, y lejos de lo que pueda pensarse, su propuesta no es ninguna excentricidad aislada. Forma parte de una proliferación de escuelas para esposas, academias de feminidad bíblica y cursos de high tier wife (esposa de alto nivel) en Estados Unidos y, en menor medida, en Reino Unido.

Estas formaciones empaquetan la vieja teología de la sumisión en productos premium de autoayuda con estética minimalista y discurso motivacional. Si hace años el fenómeno tradwife se limitaba a influencers que horneaban pan en TikTok reivindicando el rol de ama de casa, ahora el ideal de la esposa sumisa se ha convertido en una industria educativa.

¿Cómo se ha pasado en poco tiempo de esos perfiles y foros de Reddit aislados a hablar de institutos organizados en torno a ideas diametralmente opuestas a las características de la unión moderna? La respuesta, coinciden las expertas consultadas, va más allá de la nostalgia romántica y de la estética cottagecore: tiene un profundo calado político, económico y social.

De los cursos para ser 'buena esposa' a la ola contra el voto femenino: ¿tiene EEUU un problema con las mujeres?

"Lo que vemos es una reacción a una ola feminista global", explica la socióloga y politóloga Miriam Jiménez, que lleva años observando el fenómeno tradwife: "Las corrientes más reaccionarias necesitan a las mujeres, no sólo para reproducir un Estado segregado por género, sino también para sostener un sistema conservador en lo racial y en lo de clase".

"Desean que estas reproduzcan y defiendan su propia desigualdad", reitera. Y en esa idea encajan no sólo The Wife School, sino toda una constelación de academias digitales que segmentan sus planes de estudio en función del sexo: liderazgo, teología y autoridad para ellos; cocina, crianza y feminidad para ellas.

Página web del autodenominado instituto de esposas.

Página web del autodenominado "instituto" de esposas. Archivo

La vieja idea de la esposa sumisa se recicla mediante conceptos como los de desarrollo personal y crecimiento espiritual, pero el resultado es el mismo: la fémina ideal es la que se retira de la esfera pública y aprende a no discutir.

Jiménez subraya, además, la paradoja material de esta ola: "Muchas supuestas tradwives son en realidad empresarias que han montado auténticas compañías a partir de ese personaje. Venden la idea de que la mujer debe quedarse en casa mientras ellas trabajan, y mucho, monetizando esa fantasía".

En junio, Erika Kirk expuso su visión de la mujer cristiana conservadora en la conferencia anual de liderazgo femenino de Turning Point USA.

En junio, Erika Kirk expuso su visión de la mujer cristiana conservadora en la conferencia anual de liderazgo femenino de Turning Point USA. Reuters

La propia existencia de cursos de pago, apunta la socióloga, rompe el argumento de que el cuidado doméstico es algo innato en las féminas: si hay que aprenderlo en una escuela, plantea, a lo mejor es porque es una construcción social que alguien está interesado en seguir enseñando.

De la cocina al Capitolio

Pero la pedagogía de estas escuelas no se queda en las paredes virtuales del aula. En paralelo a la expansión del negocio de las esposas obedientes, en Estados Unidos ha ido ganando visibilidad una campaña mucho más explícita: la que plantea que las mujeres no deberían elegir a sus políticos.

El lema que usan ya es conocido: Repeal the 19th. Tiene su propio hashtag en X y no es que haya precisamente un par de usuarios utilizándolo. Sus defensores están convencidos de que es necesario derogar la Decimonovena Enmienda de la Constitución. La misma que reconoció hace más de 100 años el derecho al voto femenino.

"El movimiento va subiendo y bajando, pero reaparece en momentos electorales", explica Inés Arco, investigadora del CIDOB que ha seguido la evolución de estos discursos antigénero a lo largo de los años.

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Según rememora la especialista, este "arranca con fuerza en 2016, con la primera campaña de Donald Trump" y sigue popularizándose en 2024, cuando empiezan a circular unos mapas de resultados alternativos que muestran cómo quedaría el país si solamente votaran hombres o sólo mujeres. A partir de ahí cristaliza en un movimiento digital.

Tras un primer pico en aquellas presidenciales, la consigna ha vuelto a repuntar con cada gran cita en las urnas y, más recientemente, tras la victoria del demócrata Zohran Mamdani en la alcaldía de Nueva York, gracias, en gran parte, al apoyo masivo de las jóvenes en las urnas.

En redes se ha instalado una idea sencilla y falsa, pero muy eficaz: ellas votan mal, dejándose llevar por las emociones y arruinando así la democracia. La solución que proponen va desde persuadirlas de que renuncien voluntariamente a su papeleta en favor del marido hasta abogar directamente por borrar la enmienda de la Constitución.

Aquí es donde los cursos matrimoniales y la política se tocan. "Por un lado, están las tradwives que dicen: 'Yo prefiero que vote mi marido por los dos; confío en él como cabeza de familia'. Por otro, hay una corriente, muy ligada a élites tecnológicas y a la extrema derecha no sólo religiosa, que busca eliminar la 19ª Enmienda sin esa justificación del hogar", resume Arco.

Esto último lo personifican figuras masculinas como Nick Fuentes, uno de los influencers más seguidos por los republicanos jóvenes; o el magnate tecnológico Peter Thiel, que ya en 2009 publicó un ensayo donde criticaba sin filtros el impacto del sufragio femenino en la política.

"Desde 1920, el enorme aumento de beneficiarios de la asistencia social y la extensión del derecho al voto a las mujeres —dos sectores que son notoriamente difíciles para los libertarios— han convertido la noción de democracia capitalista en un oxímoron", se leía entonces en el texto, que lleva años provocando reacciones.

¿Un hogar, una papeleta?

La fórmula más repetida en los círculos de nacionalismo cristiano es justo esa. El ideal que defienden sus promotores es el de una familia jerárquica en la que el hombre, como jefe del hogar, representa a todos en las urnas. Si la esposa ya le ha cedido el control económico, espiritual y afectivo, ¿por qué no también el político?

"Cuando estos líderes religiosos dicen que fue un error dar el voto a las mujeres; lo que están diciendo, en el fondo, es que no nos consideran ciudadanas", señala Jiménez, porque "en una democracia, esto define la ciudadanía. Nos quieren como población de segunda o como esclavas del ámbito privado".

El discurso, sin embargo, no cala en el vacío. Arco recuerda que la última década en Estados Unidos ha estado marcada por una combinación explosiva: polarización política extrema, precariedad económica creciente e inflación disparada.

En ese contexto, a su juicio, el voto de las mujeres se ha inclinado mayoritariamente hacia opciones de centroizquierda o socialdemócratas, que prometen protección social y servicios públicos. Para ciertos sectores conservadores, eso convierte al sufragio femenino en un problema estratégico, no sólo moral.

Nostalgia... y negocio

Tanto Jiménez como Arco insisten en que, detrás del auge de las wife schools y de la campaña contra el voto femenino, hay mucha frustración económica y generacional. "Hay muchos hombres jóvenes muy enfadados con un sistema que no les garantiza empleo estable ni vivienda asequible", explica Jiménez.

Sin embargo, "en lugar de señalar a los grandes beneficiarios del capitalismo actual, es mucho más fácil culpar a las mujeres y al feminismo de todos sus males", expone.

Esa rabia encuentra un canal perfecto en la denominada manosfera: pódcasts, directos en streaming y canales de vídeo donde se repite que ellas han estropeado la sociedad, que el feminismo ha ido demasiado lejos y que la solución pasa por poner orden devolviéndolas a la cocina.

La nostalgia por una supuesta familia tradicional —un hombre proveedor, una mujer dedicada en exclusiva a la casa— se presenta como una receta de estabilidad frente al caos contemporáneo. El problema, recuerda Jiménez, es que esa fórmula no siempre fue la norma para la mayoría.

"Históricamente, las mujeres han trabajado para las minas, han sido costureras, filósofas, escritoras... Otra cosa es que el mercado haya reconocido o regulado ese trabajo. Ese modelo exclusivo de familias llenas de riqueza en las clases populares no ha existido y ahora pretenden implementarlo, pero es completamente insostenible", valora Jiménez.

A juicio de la socióloga, lo que hoy se ofrece como refugio frente a la precariedad es, paradójicamente, una fórmula que aumenta la dependencia económica y la vulnerabilidad ante el abuso.

¿Hasta dónde puede llegar?

¿Estamos ante una amenaza real de pérdida de derechos o sólo es click fácil en redes? Ninguna de las expertas cree que la derogación sea un escenario inmediato o realmente posible —aunque el pastor Dale Partridge asegura que 'si pudimos acabar con la Roe v. Wade, podremos revocar la Decimonovena'—, pero ambas coinciden en que el riesgo está en otro plano.

"Esto no es nada nuevo: no están inventando la pólvora ni son discursos inéditos", recuerda Jiménez. "Ya existían hace 100 años, con la diferencia de que entonces estaban mucho más normalizados, institucionalizados y extendidos. Lo que pasa es que ahora nos escandalizan más porque venimos de un avance brutal del movimiento feminista".

Para ella, esa perspectiva histórica es clave: "Si miramos un siglo atrás, estamos hoy mejor que nunca. Eso no significa que podamos subestimar estos mensajes, pero sí que hay que colocarlos en su lugar cuantitativo: tienen un altavoz enorme, muy bien financiado y con algoritmos a favor, pero democráticamente no representan a la mayoría de la sociedad".

La socióloga insiste en que el peligro no está solo en los perfiles ultra que piden abiertamente derogar el sufragio femenino: "Lo verdaderamente peligroso es la gente que tiene ideas conservadoras y machistas profundas y no lo dice. Estos al menos nos dicen claramente lo que piensan".

"El movimiento no es sólo antigénero, tiene grandes implicaciones políticas. El argumento de fondo es que las mujeres tienden a votar de forma más liberal. Por eso muchas de las que lo defienden dicen estar dispuestas a sacrificarse si eso asegura una agenda conservadora, cristiana, contra los derechos LGTBI y contra el aborto", añade Arco.

¿Puede extenderse más allá de Estados Unidos? De momento, Arco lo ve concentrado allí, "pero estos movimientos operan de forma transnacional a través de financiación e intercambio de ideas entre actores religiosos y think tanks".

Cita el caso de Corea del Sur como posible terreno fértil por su polarización de género y advierte de que, aunque en Europa no se esté planteando abiertamente retirar el voto femenino, no habría que descartar que discursos parecidos "cojan carrerilla" en contextos donde la brecha de posicionamiento político entre hombres y mujeres jóvenes es muy grande.

Los datos que maneja la investigadora ayudan a dimensionar mejor el fenómeno. "Las últimas estadísticas señalan que uno de cada 10 estadounidenses adopta estas ideologías fundamentalistas cristianas como base. Es decir, el apoyo máximo se situaría en torno al 10% y probablemente sea menor", explica.

Lo que sí considera preocupante es que una agenda "que era muy de nicho haya llegado a Washington": el ejemplo que pone es el del secretario de Defensa de la administración Trump, Pete Hegseth, que ha retuiteado contenidos que abogan por eliminar el sufragio femenino y mantiene vínculos con pastores como Doug Wilson.

En paralelo a este frente institucional, Miriam Jiménez propone mirar también el comportamiento electoral real de las mujeres para desmontar el relato del peligro irracional. "La ciencia política siempre ha demostrado que ellas no se van a los extremos", señala.

"Tienden a elegir a la socialdemocracia o a la izquierda moderada, pero no se van ni a la extrema derecha ni a la extrema izquierda. Entonces, ¿a qué se refieren cuando dicen que somos un peligro? Los datos muestran justo lo contrario: un voto bastante neutral y estabilizador".

Para la socióloga, es significativo que toda esta campaña recobre fuerza precisamente en un momento en que las mujeres han accedido, aunque a veces en minoría, a puestos de poder en prácticamente todos los sectores: "Se han enfurruñado por la pérdida de privilegios históricos y siguen agarrándose a ideas del pasado como a un clavo ardiendo".