La directora de la delegación en el país, durante su entrevista para Magas.

La directora de la delegación en el país, durante su entrevista para Magas. Esteban Palazuelos

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Eva D. Castro, al frente de ONU Mujeres en España: "Sería muy simbólico que Naciones Unidas tuviera una secretaria general"

La presidenta del comité desde 2025 alerta de que el mundo no vivirá en igualdad total hasta dentro de tres siglos.

Más información: Isel Rivero, la poeta de la ONU sobre el feminismo: “Hay que ir a la política, trabajar desde dentro”

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No son pocas las veces en las que esta redacción ha recurrido al equipo de ONU Mujeres para seguir lo que ocurre con la mitad de la población en el país. La brecha salarial, el auge de discursos negacionistas entre la juventud o el impacto de los cuidados no remunerados sobre sus carreras se reflejan en informes que ponen cifras y contexto a los debates del momento.

La institución también funciona como puente con escenarios tan lejanos como Irán o México, donde realidades como la pena capital o los femicidios están a la orden del día. Uno podría imaginar que esta opera desde una gran sede en uno de esos edificios acristalados de la Castellana, o tal vez en una oficina discreta donde celebrar encuentros y presentar balances anuales.

Pero no. Las personas que sostienen UN Women en España trabajan coordinándose a kilómetros de distancia y sin oficina fija. De hecho, aunque este país fue uno de los grandes valedores financieros en la creación de la entidad global en 2010 —aportó un tercio del capital fundacional—, el comité nacional no se creó hasta 2022 tras años de espera y burocracia.

"Somos una organización pequeña con un nombre muy grande", resume Eva D. Castro, su máxima representante. Junto a ella, siete mujeres forman parte de la junta directiva, renovada el año pasado. El equipo técnico lo integran cuatro personas. El resto depende de una red de voluntarias que encajan reuniones y proyectos fuera de sus trabajos diarios.

"Trabajamos de forma muy horizontal", explica, y corrige al ser preguntada por el legado que quiere dejar —"no el mío, el nuestro"— sin dar mayor importancia a su cargo. "¿Cara visible? Bueno, soy la presidenta pero mis funciones podría suplirlas cualquier otra persona si hiciera falta. Nuestro gran reto en este mandato es profesionalizarnos", asegura.

Eva D. Castro, presidenta de ONU Mujeres España desde el año pasado.

Eva D. Castro, presidenta de ONU Mujeres España desde el año pasado. Esteban Palazuelos

La entrevista se produce en un momento de transición para la ONU. El 31 de diciembre, António Guterres dejará su cargo como secretario general y la organización ya ha comenzado a debatir quién ocupará uno de los puestos más complejos de la diplomacia internacional en un escenario marcado por conflictos abiertos, polarización política y crisis humanitarias.

Varios nombres femeninos aparecen entre las candidaturas favoritas. La expresidenta chilena Michelle Bachelet o la costarricense Rebeca Grynspan figuran entre los aspirantes a convertirse en el nuevo rostro al frente del gran árbitro del orden mundial nacido al calor de las vergüenzas de la Segunda Guerra Mundial.

"Sería muy simbólico que una mujer liderara por primera vez la ONU. Las grandes instituciones han estado siempre en manos masculinas", afirma la presidenta del comité nacional. Para ella, esto no es un detalle menor, y es que la propia historia de la organización muestra que el camino por la igualdad ha sido largo.

Desde que en 1947 se reunieran por primera vez las 15 representantes de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW) en Lake Success, el objetivo ha sido codificar derechos que antes ni existían. Ellas, por ejemplo, lograron que la Declaración Universal de Derechos Humanos no hablara sólo de "hombres" como sinónimo de humanidad.

Sin embargo, al ritmo actual, la paridad plena sigue siendo un horizonte lejano, con estudios recientes que alertan de que será necesario esperar 286 años para alcanzarla en su totalidad y eliminar leyes discriminatorias. "Ni mis hijos ni los tuyos lo verán", lamenta.

Radiografía de la desigualdad

Esta proyección de casi tres siglos no es una estimación al azar. Las mujeres en el mundo aún cuentan con sólo alrededor del 64% de los derechos legales que tienen ellos. Esto se traduce en barreras como la económica, que no ha conseguido cerrarse a pesar de que ya en 1951 la OIT redactó un convenio clave sobre remuneración justa.

Para ella, la brecha es "un melón con muchas capas". En lo salarial, los datos son claros: de cada tres españoles que perciben el Salario Mínimo Interprofesional, dos son mujeres. La precariedad, alerta, tiene nombre femenino, y la inversión también da la espalda: en el sector de las startups, el 3% del capital riesgo llega a las empresas lideradas por ellas.

A esta inercia se suma ahora otro riesgo tecnológico: la configuración de modelos de inteligencia artificial carentes de perspectiva de género, capaces de perpetuar los sesgos del pasado en el código del futuro: "El movimiento feminista vive un momento histórico en el que, tras tantos años de progreso, vuelve a tener que defenderse; es increíble que nos veamos así".

La principal representante del comité nacional de UN Women en el país atiende a esta revista durante su visita a Madrid.

La principal representante del comité nacional de UN Women en el país atiende a esta revista durante su visita a Madrid. Esteban Palazuelos

Pese a que la comunidad internacional ha dedicado crecientes esfuerzos a poner coto a la tecnología generativa —la Unión Europea ha acordado prohibir los modelos de IA que permitan deepfakes sexuales tras el escándalo de Grok—, D. Castro, madre de dos hijos, lamenta que "el algoritmo premie ciertos contenidos que dañan a las mujeres".

Es tajante sobre quienes promueven discursos reaccionarios o que equiparan los conceptos de 'feminismo' y 'machismo': "Que haya otras opiniones es lógico, pero las que van contra la dignidad humana no son asimilables. No podemos permitir que a los jóvenes les lleguen mensajes que están interpretando la igualdad de una manera que no es la correcta".

Reto generacional y aliados

Como resultado de lo que se difunde en el entorno digital, otro de los puntos que más preocupa a la mandataria es la deriva ideológica de parte de las nuevas generaciones. El Barómetro Juventud y Género 2025 de Fad Juventud revela que el porcentaje de jóvenes que se identifican como feministas ha caído del 50% al 38,4% en apenas cuatro años.

Contra este retroceso, ONU Mujeres ha desplegado en España el movimiento HeForShe, una iniciativa que busca implicar a los hombres como agentes activos del cambio. El programa global, con más de una década de recorrido en otros países, llega para visibilizar a más figuras públicas como referentes de una masculinidad comprometida con los derechos de sus iguales.

A través de sus Changemakers, el proyecto reúne a grandes empresarios, figuras de la cultura, el deporte y otros ámbitos para que usen su influencia para visibilizar el compromiso con la igualdad. El 16 de junio, el Comité celebrará una gala para presentar y premiar a estos líderes que están dando un paso al frente para movilizar a otros que aún no están convencidos.

Ser mujer en la España rural

Según datos de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género y estudios de la propia organización, el 60% de los casos de agresiones machistas ocurren fuera de las capitales, en entornos donde la falta de servicios y transporte puede llegar a actuar como una barrera insalvable, algo que bien ha observado la directiva en su Ourense natal.

"Resulta sorprendente pensar que hoy, en muchos pueblos, la propiedad de la tierra o la cuenta bancaria ni siquiera están a nombre de la mujer. Hay víctimas que todavía dependen de que alguien las lleve en coche para poder ir a denunciar. Esa falta de autonomía es intolerable", denuncia.

Reivindica el papel de las "grandes matriarcas" rurales y recuerda a su abuela: "Ella lavaba la ropa a mano, cultivaba y nos cuidaba. Era una de esas mujeres que hacen que todo funcione, pero que son invisibles para las estadísticas".

Su meta es que la España que hace de "pulmones del país" tenga servicios dignos para que sea un entorno en el que poder quedarse.

Eva D. Castro retratada en las instalaciones de Área Comunicación.

Eva D. Castro retratada en las instalaciones de Área Comunicación. Esteban Palazuelos

Propone una filosofía más "glocal": trabajar desde el microecosistema local para proyectar un impacto internacional. "No tenemos sede, pero eso no significa que no tengamos estructura", dice, y subraya que su intención es "poder trabajar con todas las administraciones para ofrecer apoyo en los proyectos que hagan avanzar a la sociedad más rápido; de eso se trata".

Desde que en 2011 se fusionaran las cuatro entidades previas (UNIFEM, INSTRAW, DAW y OSAGI) para crear la actual UN Women, la misión ha sido unificar esfuerzos para que el impacto sea global. En España, ese mandato se traduce en crear una red fuerte entre lo público, lo privado y la sociedad civil.

Sin embargo, la crisis financiera pone en riesgo proyectos vitales. El Comité nacional no cuenta con patrocinios privados y depende de fondos públicos y donaciones individuales, pero el mayor riesgo lo enfrentan las oenegés en el terreno: "Hay algunas que, si no canalizamos fondos pronto, podrían cerrar en menos de un año. Y eso resultaría en una desprotección absoluta".

Eva D. Castro pone en valor la "increíble solidaridad" de la sociedad española, pero hace un llamamiento a recuperar la fe en el movimiento asociativo. Su prioridad hoy es clara: en un escenario de polarización extrema, la protección de los derechos es tan importante como su conquista. "Evitar el retroceso es ahora tan urgente como seguir avanzando", dice.

Con sólo uno de cada siete países presididos por una mujer en el mundo, la tarea iniciada hace casi 80 años en Lake Success sigue estando pendiente. "Nosotras no somos un colectivo, somos más del 50% de la población. No estamos pidiendo un favor, reclamamos la mitad del mundo que nos corresponde por derecho humano", concluye.