Almudena Martorell, en el exterior de la Fundación A LA PAR.

Almudena Martorell, en el exterior de la Fundación A LA PAR. Esteban Palazuelos

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Almudena Martorell, voz clave frente al abuso sexual a las personas con discapacidad: "Son la víctima perfecta"

La presidenta de la Fundación A LA PAR, que tiene 78 años de historia, hace un repaso de todo lo que se ha conseguido desde que su bisabuela comenzase.

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Son cuatro generaciones de mujeres al frente de una historia de solidaridad que en más de siete décadas han transformado la sociedad en favor de la inclusión. Traspasar las puertas de la Fundación A LA PAR sirve para empezar a derribar estigmas sobre la discapacidad intelectual.

Es un bullir de personas, de todas las edades: niños y adolescentes que estudian en el colegio, adultos que trabajan en los talleres, deportistas que entrenan y se forman en su club... Todos forman una gran familia capitaneada por Almudena Martorell Cafranga, presidenta y patrona familiar de la institución.

Su bisabuela puso la primera piedra en 1948, pero lo más importante no fue el edificio, sino el legado humano que les dejó. Se llamaba Carmen Pardo‑Valcarce y fue una pionera en muchos sentidos. "Trajo UNICEF a España, porque siempre estuvo muy preocupada por los derechos de la infancia", recuerda su bisnieta.

La presidenta de la Fundación, en su despacho con retratos de su madre, su abuela y su bisabuela.

La presidenta de la Fundación, en su despacho con retratos de su madre, su abuela y su bisabuela. Esteban Palazuelos

En una España en la que la lepra seguía siendo un gran problema de salud pública, fueron los propios enfermos quienes le pidieron que se ocupara de sus hijos, obligados a vivir separados de ellos por miedo al contagio.

"Imagínate una mujer, en los años 40, constituyendo un patronato, comprando terrenos, levantando un espacio así y saliendo a buscar fondos para sostenerlo. Por aquí pasaron cientos de niños y no hubo ni un caso de contagio, por lo que cumplió su función de maravilla", dice orgullosa.

Allí empezó a germinar una visión distinta de la vulnerabilidad y la exclusión. "Ella era muy visionaria: no quería que aquello fuera un gueto donde sólo vivieran los hijos de los enfermos y también se atendía a pequeños en riesgo de exclusión. Puso la semilla de lo que luego sería nuestra misión principal", añade.

A la muerte de Carmen, tomó el relevo su hija, Rosario Cavestany; después, sería su nieta, Carmen Cafranga, quien fijaría el foco en el acompañamiento a personas con discapacidad intelectual y crearía un pequeño colegio de educación especial, talleres ocupacionales y las primeras empresas de inclusión. Es la madre de Almudena, que sigue en activo como presidenta fundadora: "No para, está todo el día haciendo cosas".

La incorporación de Martorell a la Fundación parecía escrita de antemano y comenzó a trabajar allí con 20 años. "Siempre lo viví como algo natural, como una herencia maravillosa", admite.

Había estudiado Psicología, pero pronto comprendió que eso no bastaba y se formó en el plano empresarial: "Me di cuenta de que necesitábamos mucha gestión: profesionalizar, ordenar, asegurar que pudiéramos seguir cumpliendo la misión".

Uno de los rasgos más singulares de A LA PAR está en su modelo económico, tal y como explica Almudena. "Somos una entidad muy curiosa, porque aproximadamente la mitad del presupuesto lo generamos nosotros mismos", detalla.

La clave está en los terrenos que su bisabuela compró "en mitad de la nada" y que hoy se encuentran en una de las zonas más cotizadas de Madrid.

Allí se alza un club de pádel, cuyos ingresos ayudan a sostener el resto de los proyectos, un parque de ocio infantil donde se celebran cumpleaños sin parar, un bloque de viviendas y varios locales alquilados, los talleres de donde salen diferentes productos para la venta...

"Hemos ido creando un patrimonio que nos permite generar recursos, y eso no es habitual en el mundo de las ONG", asegura. El resto llega a través de subvenciones y contratos con la Administración, y en torno a un 10 % procede de donativos de particulares y empresas.

Su máxima es clara: "Nuestra misión es que nuestros mundos se junten". Y ese cruce de mundos se traduce hoy en iniciativas de gran calado social, como procurar a las personas con discapacidad intelectual una vida independiente.

Durante años, el itinerario estándar consistía en permanecer con los padres y, tras su fallecimiento, pasar a una residencia u otras opciones similares.

La presidenta empezó a trabajar en la Fundación con 20 años.

La presidenta empezó a trabajar en la Fundación con 20 años. Esteban Palazuelos

Independencia y justicia

Pero el modelo ya no sirve: "Ellos ya no quieren eso. De ahí que pusiéramos en marcha un programa en el que pasan antes por una casa de entrenamiento: en ese lugar aprenden las destrezas necesarias para desenvolverse en el futuro". Actualmente, más de 80 personas de la comunidad A LA PAR residen ya de manera autónoma, con apoyos a medida.

Otro punto de relevante en la trayectoria de la Fundación llegó cuando se dieron de bruces con una realidad tan cruda como incómoda: la especial vulnerabilidad de aquellos con discapacidad intelectual frente al abuso sexual.

"Todos sabíamos que era un tema que estaba ahí. Lo veías en los alumnos del colegio, en los compañeros de trabajo, en los casos que nos llegaban... La mayoría no sabía defenderse; su sexualidad había sido sistemáticamente infantilizada y, en muchos contextos, se les había enseñado a decir que sí a todo", asegura Almudena.

Además, "el acceso a la justicia es muy lejano para ellos, así que se convierten en la víctima perfecta. Hace un tiempo, el director de la Sección de Análisis del Comportamiento Delictivo nos comentó que le había llegado mucha gente con discapacidad que no sabía cómo pasar un interrogatorio, cómo enfrentarse a una rueda de reconocimiento o cómo prestar testimonio".

De esa preocupación nació la Unidad de Atención a Víctimas con Discapacidad Intelectual (UAVDI), un recurso pionero en España especializado en delitos de abuso sexual y maltrato.

"Al principio fueron cuatro casos en un año, porque las familias tenían muchísimo miedo a enfrentarse a un juicio. Hoy, la cifra anual se sitúa en torno a 300 personas, y la unidad ha acompañado ya a más de 2.000", explica.

La pieza clave del proyecto es la figura del facilitador. "Es un profesional que acompaña a la víctima a lo largo de todo el procedimiento policial y judicial y adapta el lenguaje, las preguntas y los tiempos, para que pueda ser escuchada de verdad", comenta.

El impacto se refleja en los datos: "Antes, sin este perfil, el 80% de los casos se sobreseía; ahora esa cifra se ha reducido al 20%. Se condena mucho más", añade.

En el camino, la UAVDI ha detectado también numerosos casos de trata, en los que algunas migrantes que acaban siendo explotadas sexualmente tienen discapacidad y están completamente desprotegidas.

Madres con discapacidad

Resulta casi inevitable a lo largo de la conversación el tema de la maternidad en esta parte de la población. "Que puedan o no tener hijos y formar una familia sigue siendo casi un tema tabú", admite Martorell. Para ellas, A LA PAR ha creado otro programa llamado 'Madres Capaces'.

"Nosotros las acompañamos durante el proceso. Suelen ser mujeres en riesgo de exclusión, muy machacadas, con mucha problemática. Empiezan con nosotros en una vivienda, protegidas y con apoyo, y a medida que vemos que hemos puesto los cimientos necesarios se les busca una casa que puedan pagar, se hace un plan individualizado y se realizan visitas mientras sea necesario", explica.

Mientras tanto, el proyecto de empleo, que es una de las piedras angulares de la entidad para lograr la inclusión, no deja de crecer. "Antes llamábamos a las empresas pidiendo favores a amigos para que contrataran a alguno de nuestros usuarios", dice la presidenta.

Martorell se muestra orgullosa de los grandes logros de la entidad.

Martorell se muestra orgullosa de los grandes logros de la entidad. Esteban Palazuelos

Hoy, la Fundación calcula que unas 200 personas con discapacidad intelectual salen cada año hacia un puesto laboral ordinario, además de quienes trabajan en los centros especiales de empleabilidad y en las iniciativas propias de A LA PAR: el FunBar, la fábrica de muebles, el huerto, la preparación de bodas…

Ponemos sobre la mesa de Almudena Martorell el debate sobre las cuotas en las empresas. "Si no favoreces la inclusión, esta no va a llegar nunca. El problema es que la ley marca que el 2% de la plantilla debe ser ocupado por gente con discapacidad, pero no se dice qué tipo. Entonces la intelectual y la enfermedad mental lo tienen más difícil", explica.

En paralelo, se han abierto cupos específicos en oposiciones públicas, pero el resultado no siempre es el esperado: "Hay casos en los que, cuando consiguen la plaza, los sientan en un banco y no hacen nada. Es un pasito, pero todavía falta mucho para aprovechar ese talento".

De fondo, late una crítica clara: "La sociedad también impone la incapacidad, porque se les repite que no pueden. Hay que mirar con otros ojos".​

Más allá de los datos, trabajar aquí también transforma a quienes lo hacen. "Te cambia porque estás al servicio del otro y te enseña que no eres mejor que nadie. El aprendizaje es diario y te ayuda a ver lo que la persona tiene y no sólo sus límites. Soy yo la que tiene que adaptarse a lo que ellos necesitan", confiesa la presidenta de la entidad.

Aunque reconoce que todavía faltan retos por conseguir, durante las últimas décadas es mucho lo que se ha avanzado. En el plano de derechos, menciona hitos como que puedan votar y el cuestionamiento, aún insuficiente, de la esterilización forzosa de mujeres con discapacidad intelectual: "Durante años, el abecé era incapacitarlas y esterilizarlas. Es terrorífico que se haya normalizado algo así y siga pasando".

¿Qué pensaría hoy Carmen Pardo‑Valcarce si viera lo que ocurre en esos terrenos que un día compró a las afueras de Madrid? Almudena sonríe: "Le divertiría mucho ver la que tenemos aquí liada, seguro".

Hoy, A LA PAR atiende a más de 3.000 personas al año en todos sus servicios, tiene alrededor de 200 alumnos en el colegio y da empleo directo a unos 200 perfiles con discapacidad intelectual, "con su sueldo y su seguridad social". Más de 80 viven ya de forma independiente, y la cifra no deja de crecer.

"Este es un lugar superfeliz y eso se ha mantenido en las cuatro generaciones", dice Martorell. La mayor satisfacción es ver que quienes han pasado por la Fundación han podido construir su propio proyecto de vida y que, poco a poco, el camino hacia una inclusión más real y efectiva va sumando hitos en su recorrido.