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La doctora Pilar Llamas Sillero (54 años) hubiera sido capaz de hacer cualquier cosa que pudiera leer en un libro. Cualquier cosa cabía en su cabecita, al ritmo de las horas de luz, de los veranos calurosos de su Rute (Córdoba) natal, al ritmo de las teclas del piano. "Estudiar era mi punto fuerte", reconoce con una inocente modestia que sólo pueden conjugar los grandes.

Por suerte para la medicina, Pilar decidió que lo suyo era el laboratorio y los pacientes y la hematología aparecía como el terreno perfecto donde poder desarrollar sus habilidades y conocimientos. Así que después de licenciarse con el Premio Extraordinario de Medicina en Córdoba se sacó el MIR en dos meses (han leído bien) para convertirse en la residente más joven en su especialidad en el Hospital Puerta de Hierro.

"Terminé a primeros de julio. Ese año se adelantó la convocatoria del MIR a septiembre y yo no podía dejar pasar la ocasión. Me fui al pueblo con mis padres, me preparé una habitación donde no me molestaran y me dediqué a estudiar desde las 8 de la mañana a las 12 de la noche. Me la pasaba encerrada como si fuera una clausura y mis amigas me saludaban por la ventana o me traían alguna chuche... Un verano larguísimo", recuerda.

Carmen Suárez

Sin embargo, a ella que nunca le supuso "ningún sacrificio estudiar". Reconoce que la clave de su éxito es que "tenía buenísimos apuntes de la carrera" y hasta le dio tiempo a prepararse preguntas de cada tema tipo test para practicar un examen MIR casi real.

"Mi hijo me dice que no quiere tener una vida encerrada y malhumorada todo el tiempo estudiando y yo le digo que se equivoca porque yo era muy feliz estudiando y sacando buenas notas". Las mejores, le falta decir.

Y con ese expediente sus profesores lo tenían claro: "Tenía que venirme a Madrid. Uno de ellos me dijo que tenía que salir fuera y vivir la experiencia", en lo que supuso la decisión más dura de su vida: dejar Córdoba. 

Pero pronto confiaron en el talento de una mujer que sabe que los méritos no aparecen en el currículo de un día para el otro sino que hay que trabajárselos muy duro, aunque no más si eres mujer. "Como mujer ni me planteé que yo no pudiera hacer una carrera menos brillante ni tampoco no sacar el MIR en ese tiempo. Yo siempre he confiado en mí".

Ahora es la jefa de Hematología de cuatro hospitales universitarios madrileños del grupo Quirón: la Fundación Jiménez Díaz, el Infanta Elena de Valdemoro, el Rey Juan Carlos I y el Hospital General de Villalba. "El truco, en este caso, está en la gente que forma mi equipo. Cuando llegué tuve un jefe que confió en mí y eso es lo más bonito del mundo. Yo era la menor del equipo pero creía que podía hacerlo bien y no me atrevía mucho, pero creo he sabido bien qué gente podía integrarse y formar equipo".

Carmen Suárez

Y eso que ella ya siendo jefa también ha tenido que sufrir que la confundieran con una enfermera por el hecho de ser mujer: "Me han confundido con todo: enfermeras, personal de información, estudiantes... pero siempre me lo he tomado muy deportivamente, incluso como un halago. Sin embargo, lo que más me impactó fue que cuando comencé la jefatura me uní a médicos más mayores y tradicionales y me molestaba que me llamaran todo el tiempo 'señorita'. Gente, además, con la que me tenía que armar de valor para decir lo que pensaba porque no coincidíamos mucho. Y me pasé toda la reunión diciendo: 'Señorita no. Doctora, por favor'".

Trombosis

Pilar Llamas lleva muchos años estudiando una enfermedad que ahora parece estar en boca de todos por los efectos secundarios que pudieran provocar tanto la vacuna de AstraZeneca como la de Janssen: la trombosis. Esta experta médica es autora de varios libros, ha dirigido varias tesis doctorales en este sentido y es vicepresidenta de la SETH (Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia).

Reconoce que, a diferencia del ictus o de otras enfermedades de este tipo, la trombosis venosa no es muy conocida entre la población en general. "La tratamos muchos colectivos y hace unos años, en cada hospital se derivaban a un departamento distinto. Están los hematólogos, los internistas, los neumólogos, cardiólogos... lo que ha hecho que estuviera más difuminado el interés".

Esta cordobesa no cree que en es falta de información haya tenido mucho que ver que sea una enfermedad que sufren más las mujeres que los hombres, aunque es consciente de que ni siquiera las personas con más riesgo muchas veces saben cómo prevenirla.

Carmen Suárez

"Ahora hay un impulso por conocerla mejor, motivado por los pacientes con cáncer que desarrollan trombosis venosas y por las asociadas con la Covid-19, y se sabe cada vez más los factores de riesgo que la produce. Pero hay que dar más formación e información todavía".

Es evidente que la mujer tiene más riesgo, pero Pilar Llamas Sillero advierte de que en los hombres el problema es que tienen más posibilidades de volver a sufrir una trombosis cuando ya han sufrido una. 

"Hay una clara diferencia entre el hombre y la mujer sobre todo en la edad fértil y hasta que llega la menopausia y es el componente hormonal. Hay situaciones fisiológicas como la gestación y el postparto, que se asocian a cambios hormonales y a una activación del sistema de la coagulación. Los factores que ayudan a que se produzca una trombosis están bien identificados, su seguimiento a lo largo del embarazo puede evitar que se desarrolle una trombosis".

Sobre la píldora, aclara que la cantidad de estrógenos que tenga es el que va a marcar su riesgo. "Cada vez han ido evolucionando más a tener menos cantidades de estrógenos. Además, se está haciendo enseñanza en que la píldora anticonceptiva tiene un riesgo de trombosis, y que este riesgo es menor si no le sumas otros factores, como el tabaco, obesidad, antecedentes familiares o personales de problemas trombóticos... Si no hay estos factores, el riesgo absoluto es bajo".

¿Y qué pasa con algunas vacunas de la Covid-19? "Los hematólogos podemos estudiar poco esta complicación a nivel de laboratorio ya que es muy poco frecuente. La complicación trombótica se puede dar en menos de un caso por 100.000 vacunados y que el desenlace sea fatal es en el 0.07 por 100.000. Bajísimo".

Pilar Llamas Sillero, en un pasillo del hospital Fundación Jiménez Díaz.

Pilar Llamas Sillero, en un pasillo del hospital Fundación Jiménez Díaz. Carmen Suárez

Esta experta médica recuerda que la EMA (Agencia Europa del Medicamento) ya establecido un link entre la trombosis venosa y la vacuna de AstraZeneca, que es más frecuente en mujeres jóvenes, ocurre alrededor de las dos semanas de haberla puesto y se localizan en lugares poco habituales como son los senos venosos cerebrales acompañándose de plaquetas bajas.

"No se sabe bien el mecanismo pero parece ser que sí es inmunomediado, se produce una respuesta inmune frente a las plaquetas que hace que se activen y tiendan a 'agregarse' lo que hace que el individuo sea más propenso a formar trombos".

Pero como buena científica acostumbrada toda su vida a regirse por ensayos y números, ahora lo tiene claro: "Yo me pondría la vacuna de AstraZeneca si me la ofrecen como sanitario. Además, estoy de acuerdo en que a las personas de menos de 60 años se les dé la opción de ponérsela porque en realidad el beneficio supera al riesgo".

Lista Forbes

Y no lo dice una doctora más sino que la que habla es Pilar Llamas Sillero, una de las mejores hematólogas del país según las listas que recogen el ranking de sanitarios en España y que se publican en medios como Forbes o EL ESPAÑOL.

"Cuando veo esas listas, lo primero que hago es mandárselas a mis padres, mi hermana y mi familia porque les alegra. Y me acuerdo de un tío muy querido para mí, que ha muerto en esta época Covid, que me decía siempre "Eso está muy bien pero ante todo tienes que continuar con los pies en la tierra, seguir tratando igual a tus compañeros y a tus pacientes. Y eso es lo que hago".

De hecho, aún recuerda que la primera lección que aprendió en un hospital no fue de ninguna eminencia médica, sino del hijo de una paciente a la que ella trató y que acababa de morir. "No pude evitar que se me cayeran las lágrimas y su hijo me dijo que no llorara, que había hecho lo que había podido y que tenía que estar segura de mis decisiones. Que tenía que ser fuerte".

Después de casi 30 años entrando y saliendo de los hospitales, Pilar reconoce que se sigue implicando en cada caso y emocionándose con ellos cada día. "No tengo opción de no hacerlo, no sabría. Además, si te involucras, ganas más de lo que pierdes porque los pacientes te enseñan mucho".

En ese ir y venir de batas blancas en mitad de un pasillo de la Fundación Jiménez Díaz se ve, aún más, la alargada sombra de esta médica pequeña, suave en las formas y sonrisa permanente que ahora tiene que ocultar tras una mascarilla. "Lo paso mal porque me gusta expresar mi cariño".

Carmen Suárez

En cada episodio de su vida profesional a través de esas tres décadas de dedicación profunda, Pilar no sólo conserva de su tierra el acento cordobés, sino que también guarda orgullosa el sentimiento de "madraza andaluza", como ella misma se define: "Una auténtica madraza".

"Para mí la cosa más importante en mi vida es mi vida personal y mi vida profesional. Y las he combinado bien porque estoy enamorada de las dos. Tengo el instinto de la madre andaluza muy metido y, con mis dos hijos, siempre he querido estar allí a la hora de recogerlos cuando venían de la ruta, con los deberes... Aunque después tocaba quedarme a estudiar por las noches".

Y es que ni siquiera con su talento y preparación ha sorteado los baches que supone crecer profesionalmente al mismo tiempo que lo hace tu vida familiar: "Lo he tenido difícil en algunos momentos. Justo cuando nació mi segundo hijo, me tocó ese verano que él tenía tres meses, hacer la memoria para presentarme a la jefatura. Y pude hacerlo gracias a mi marido y mi familia".

Pandemia

En la agenda de los sacrificios, Pilar anota, como muchas mujeres, el tiempo personal y las horas de sueño que se han caído por el camino, pero asegura que siempre lo ha hecho todo "con la misma ilusión que el primer día".

Pilar Llamas Sillero, en una puerta de la Fundación Jiménez Díaz.

Pilar Llamas Sillero, en una puerta de la Fundación Jiménez Díaz. Carmen Suárez

Estos últimos meses han sido muy duros para todos los sanitarios, pero la responsabilidad para los jefes de departamento era doble: el control y la organización. "Mi marido y mis hijos se fueron al pueblo antes del cierre porque podían estar conectados y me sentí un poco liberada porque no iba a estar pendientes de si entraban o salían y porque, en esos momentos necesitaba, dedicarme al 100% a esto".

Desde que se abrió un poco la situación, Pilar Llamas ha seguido con sus consultas vía telefónica y online pero reconoce que el sistema es agotador. "La medicina digitalizada me parece un avance pero te cansas más porque es un esfuerzo continuo sin ver al paciente, lo que resulta frustrante para los que nos gusta el trato personal".

Quizá también es porque si algo le gusta a esta experta es hacerlo todo bien, desde que era una estudiante hasta ahora que dirige cuatro equipos en cuatro hospitales diferentes, "líderes en distintos aspectos cada uno".

"Cuando empecé la carrera, le dije a mis padres que si el primer año no lo saco de forma brillante, yo lo dejo. Siempre he vivido el reto conmigo misma de querer ser el número 1, una cosa que ahora en los adolescentes se da menos. Yo estudiaba para sabérmelo todo, hasta el final", bromea.

La pandemia también ha venido a aparcar su segunda afición después de la medicina, la música. "Con 6 o 7 años empecé solfeo y luego piano en el conservatorio. Era una válvula de escape importante. Con 12 años formé un coro y me lo pasaba pipa. Hace dos años me enganché al coro de la Fundación Jiménez Díaz que inauguramos y hemos estado un año sin cantar", se lamenta.

Por si alguien lo dudaba, Pilar acabó la carrera de piano al mismo tiempo que se licenciaba en Medicina con los mejores exámenes de una clase de más de 200 alumnos. "Yo no me lo creía", sonríe.