Carrusel final con las modelos del desfile.

Carrusel final con las modelos del desfile. Reuters

Moda

Valentino y el barroco de Alessandro Michele: una metacolección que habla el idioma de la casa italiana

Roma rinde pleitesía ante la firma, que ha dado una lección de historia de la moda en un repaso a su propio ADN.

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El arte está por doquier. En concreto, el barroco. Las múltiples facetas de la casa italiana van apareciendo junto a los invitados, que desfilan con looks que hablan de la historia de la firma.

El carisma de Domingo Coleman sube por las escaleras, cuyos tonos naturales, marmolados, contrastan con su chaqueta de ante rojiza.

The show is about to start. The show is about to start. The show is about to start, anuncia la pantalla. Interferenze, mejor dicho. Bellezas imperturbables se apostan a la entrada del espectáculo, en el Palazzo Barberini.

La historia se esconde tras cada rincón del espacio que acoge la pasarela, construido bajo la guía de los arquitectos Carlo Maderno, Gian Lorenzo Bernini y Francesco Borromini. Pero también tras cada una de las puntadas de los diseños de los que llegan.

La cultura y las celebrities acuden a la llamada de la casa italiana. Bianca Balti, bellísima, con un look muy lady; Chiara Ferragni, envuelta en encaje; Georgina Rodríguez, con un sensual vestido midi en color negro y terciopelo de aires noventeros.

Los maxi aparta a lo mini. Los accesorios a lo grande y de carácter extra han dotado de personalidad la propuesta de Michele.

Los maxi aparta a lo mini. Los accesorios a lo grande y de carácter extra han dotado de personalidad la propuesta de Michele. Reuters

La sastrería toma protagonismo en las escalinatas la misma que vestía el más francés de los italianos, Valentino que llevan al enclave del show. Los maquillajes ahumados bañan las miradas claras, dándoles profundidad. Una vez más, the show is about to start.

Gwyneth Paltrow aparece con un minivestido verde y una melena ultralisa con las puntas ligeramente peinadas hacia dentro. Muy años 60.

La llegada de las caras conocidas pone en preaviso a los asistentes, y a los que miramos a kilómetros de distancia, sobre lo que va a suceder: una retrospectiva para repasar el ADN del atelier. El Evangelio según San Pablo. Valentino según Alessandro Michele.

La piel, a la vista, sin tapujos. Como en las obras de arte.

La piel, a la vista, sin tapujos. Como en las obras de arte. Reuters

La música clásica suena y suena. Casi con rabia. Con ganas de que la primera modelo abra el espectáculo. Al fondo, en la sala, los flashes saltan apuntando a las primeras filas.

En el interior esperan obras de Caravaggio como Judith y Holofernes; de Rafael, La Fornarina; o Tiziano... Y también las que nacen de la cabeza del actual director creativo de la firma, que se nutren a su vez de lo que Valentino ya es. Ya fue. Y que miran hacia lo que será.

De repente, aparece ella: Roma. Magnánima. Casi pristina a pesar del tiempo. Pero asoma una interferencia. Las modelos no caminan sobre la pasarela, sino que descienden las escaleras para perderse entre los corredores del palacio y las habitaciones.

En primer lugar, un imponente abrigo de pelo, sin nada debajo más que la piel —un detalle que se irá repitiendo en los pases, ya sea mediante la ausencia de prendas o con el recurso de la transparencia—. El escote en pico se pierde conforme la mirada baja por el torso de la modelo.

Imagen del primer segmento.

Imagen del primer segmento. Reuters

El rojo no tarda en aparecer. Y, como elemento recurrente en otros desfiles recientes como el de Saint Laurent, las hombreras y partes superiores potentes toman protagonismo.

El barroco se apodera de Michele y, por ende, de Valentino. Los maxiaccesorios se vuelven un must a medida que la colección se descubre.

El tercer look provoca un wow de la que escribe esta crónica. Las perlas hablan de la historia. De la elegancia. Del arte. De la atemporalidad. El más es más y funciona.

Al igual que entre los invitados, la sastrería aparece también en el desfile con piezas impecables. Una corbata con detalles plisados destaca sobremanera. El encaje es reiterativo y habla de diferentes periodos de la casa. Las medias toman fuerza.

Y el color block. Ese tándem que remite también a diferentes décadas. Y que habla de un tiempo reciente, pasado, que no tuvo por qué ser mejor. Pero que fue muy apetecible. La época de Tumblr, de series como Gossip Girl y demás referencias de los primeros años de los 2000.

Otro detalle que recuerda a entonces son los pitillos, con un acabado de encaje en su ajustado final. Algo tan de street style choca con drapeados que se confunden con las líneas de las columnas y esculturas que habitan en el palacio.

Mientras tanto, los stilettos Rockstud asoman con personalidad pero de forma tímida entre las invitadas. Y también hablan de propuestas de la casa que marcaron un antes y un después.

Entre tanto —aunque siempre sabe a poco— texturas, texturas y más texturas. Volúmenes. Transparencias. Cortes a la cadera... Historia.

El colofón de la colección.

El colofón de la colección. Reuters

Chanel termina sus desfiles de alta costura con una apuesta nupcial. Valentino, Michele, le ha puesto el broche a Interferenze con un modelo rojo, como no podía ser de otro modo, que se desliza y fluye por quien lo viste, acompañándola en cada paso y haciéndola casi levitar.

Y de repente, el show que estaba a punto de comenzar, termina. Ahora queremos más.