La mujer que dirige las riendas de la Semana Internacional de la Moda Flamenca.

La mujer que dirige las riendas de la Semana Internacional de la Moda Flamenca. Cedido

Moda

Raquel Revuelta, la fundadora de SIMOF que marca el paso de la moda flamenca: "Hemos llegado hasta Nueva York"

La exmodelo y empresaria lleva asumiendo durante más de tres décadas el complejo papel de ir definiendo un sector que nació gracias a su impulso.

Más información: Juan Duyos y Ana Locking, los guardianes de la moda de autor: "En España no hay que compararse con lo de fuera"

Publicada

Cuando el mes de enero entronca con el de febrero, los volantes hacen que la primavera florezca. De repente, Sevilla comienza a inundarse de un olor a azahar de forma anticipada. Una paleta de colores conquistada por el rojo, el blanco, el negro y el albero toma las riendas de una pasarela salpicadas de tendencias que transforman el traje de flamenca.

En este 2026, el Palacio de Congresos de la capital andaluza acoge del jueves 29 al domingo 1 la edición número 31 de la Semana Internacional de la Moda Flamenca, más conocida como SIMOF.

La exmodelo y empresaria Raquel Revuelta lleva desde 1994 dirigiendo las riendas de esta propuesta —de la que fue fundadora y que coorganiza—, con la que ha logrado crear, prácticamente de cero, un sector que ya no sólo vive entre sierra Morena y el Estrecho, sino que no encuentra fronteras en España y que además capta cada vez más atención a nivel internacional.

"Dentro de cinco o 10 años quiero haber dado ese paso. Quiero que nuestros diseñadores sean reconocidos en el extranjero. Me gustaría que Sevilla fuera una de las grandes capitales de la moda", explica.

SIMOF lleva tiempo creciendo en visibilidad. ¿En qué momento sentiste que la internacionalización del evento era un paso natural, casi inevitable?

Creo que ha sido un proceso. Por fin hemos sido muy conscientes del atractivo que despertaba. Nuestro traje regional ha traspasado fronteras y se ha convertido en referencia para diseñadores nacionales e internacionales.

Deseamos, sin duda, ser fuente de inspiración, pero siempre desde la reivindicación. Los andaluces tenemos que aprovechar esta oportunidad porque supone un reflejo de nuestra singularidad, de nuestras particularidades, de nuestra idiosincrasia. Una forma de mostrar la región a la que pertenecemos ante España y el resto del mundo.

¿Cómo definirías el momento que está viviendo el sector?

Hay una evidencia de que está atravesando una etapa dulce. Ya se considera moda y la evidencia del logro es que nos han invitado al circuito en Madrid —donde cada vez encuentran una mejor recepción, hace ya cuatro años que participan— y hemos participado como actores, no como observadores.

Nuestros diseñadores necesitan abrir fronteras, pero queremos hacerlo de forma natural y creemos que nuestra presencia en la capital a través de estas plataformas es fundamental.

Por otro lado, creo que el hartazgo que genera la globalización juega a nuestro favor. Aportamos algo que llama mucho la atención, auténtico. Además, se pone en alza la artesanía, que funciona como sinónimo de la nueva exclusividad, el nuevo lujo. Está de regreso el valor de lo hecho a mano, con mimo.

Cada edición atrae a más compradores y diseñadores de fuera de España. ¿Qué países están mostrando mayor interés y cómo estáis trabajando para consolidar esas relaciones internacionales?

No tenemos datos suficientes para poder hablar desde esa perspectiva, pero sí sabemos que la moda flamenca importa y mucho. De hecho, vamos a llevar a cabo el primer congreso especializado al respecto tras 31 años de SIMOF. Se celebrará en Córdoba. En esta cita es donde vamos a exigir un reconocimiento y que se realicen esos estudios, para tener estadísticas que hablen del estado del sector y las acciones sean más dirigidas.

Por otro lado, sí que somos muy conscientes del interés que suscita lo que hacemos, porque nuestras imágenes han llegado hasta a Nueva York, pero claro, son más impresiones que informaciones contrastadas.

En nuestro paso por Madrid, gracias a la ayuda del gobierno andaluz, que mediante uno de sus organismos promueve los productos de nuestra comunidad fuera de sus fronteras, se han encargado de que hubiera en la cita medios de comunicación procedentes de Estados Unidos —de Miami en concreto— Italia y Alemania.

Mi sensación fue que les atraía mucho toda la artesanía y la moda flamenca en sí. Vi interés real y eso puede ser un signo de que quizás nuestros diseñadores deberían recalar, por ejemplo, en Latinoamérica.

Igualmente, en los países asiáticos sienten adoración por lo nuestro, pero enfocan en unos diseños que tienen que ver mucho más con el baile.

Raquel Revuelta en una imagen de archivo.

Raquel Revuelta en una imagen de archivo. Cedida

La moda flamenca es profundamente cultural y emocional. ¿Cómo se mantiene el equilibrio entre mostrar sus raíces y abrirla a un público global que quizá no conoce su tradición?

Para hablar de esto hay que partir de la idea de que este traje regional es el único que sigue las tendencias. No obstante, siempre tenemos que salvaguardar unos mínimos, que muchas veces se encuentran en las labores de patronaje, en lo más básico, que es lo que nunca se puede perder.

También creo que en Andalucía tenemos muy interiorizado lo que sí y lo que no en cuanto a moda para según qué citas. Cuando llega la Feria de Abril, todo el mundo sabe qué tiene que llevar el día del Pescaíto —jornada de inauguración de la celebración—.

Hay elementos que son irrenunciables dentro de la identidad de SIMOF y de la moda flamenca.

Y con este salto a Madrid, desde hace cuatro años, ¿cómo percibes que el público madrileño y nacional en general recibe vuestra propuesta cuando esta sale de su territorio natural?

Considero que hay una profunda admiración. Y muchas ganas. Hay mujeres que asisten a los desfiles y exposiciones que no tienen la intención de comprarse un traje de flamenca, pero desean verlos. Y es que se trata de un espectáculo que va más allá del vestido. Es una experiencia. Ahora el mundo se mueve además por eso. Ya no se trata tanto de poseer objetos, sino de disfrutar de su valor.

Más allá del traje de flamenca tradicional, los diseñadores están experimentando con nuevos materiales, volúmenes y narrativas. ¿Cómo encaja la innovación dentro de un universo tan ligado a la tradición?

Tenemos que empezar a entender que la innovación es un ingrediente fundamental para que lo nuestro permanezca en el tiempo. De otro modo, todo se volvería mecánico. Aquí entran en juego también las nuevas tecnologías.

SIMOF también funciona como plataforma para jóvenes creadores. ¿Qué papel juegan las nuevas generaciones en la evolución estética y comercial del sector?

Tienen un rol vital de cara a impulsar diseños que representen la evolución y la revolución de la moda flamenca. Ellos son los que se atreven a experimentar en este mundo. Representan un laboratorio. Se lanzan a jugar con tejidos diferentes. Por ejemplo, Juana Martín, en sus inicios, fue la primera en utilizar el denim en estos desfiles.

Hubo otros que apostaron por emplear tejidos nobles, algunos optaron por el tul... Con estas decisiones, los creadores más clásicos aprendieron mucho. Los maestros entendieron que había mucho por hacer y que había que ser más flexibles teniendo en cuenta lo que los nuevos estaban aportando y aportan.

Desde la organización, ¿qué iniciativas estáis impulsando para que la moda flamenca se consolide como industria con impacto global y no solo como fenómeno cultural?

Una de nuestras mayores bazas y logros ha sido que hemos sido los encargados de generar el sector que nos atañe. Lo digo le pese a quien le pese y sin acritud, considero que gracias a SIMOF se le ha dado forma a lo que tenemos hoy.

Gracias a las iniciativas que impulsamos en su momento —que encuentran en la edición número 31 de la Semana Internacional de la Moda Flamenca su continuidad— se empezó a regularizar también la situación de los que se dedican a estos empleos. Es entonces cuando esta economía sumergida comienza a aflorar.

En cualquier caso, por supuesto que el reto, y el resultado, es responsabilidad y obra de todos los implicados. Los diseñadores y artesanos son los que dan sentido a esta industria. Pero es cierto que nosotros proporcionamos las herramientas para que sucediera.

¿Y ahora?, ¿qué está en las manos de SIMOF para seguir creciendo?

Confiamos en la capacitación y en la formación. Queremos profesionalizar más aún si cabe el sector. De ahí también que queramos organizar ese congreso que mencionaba. Nuestro compromiso es claro.

Tenemos que ver dónde y cómo estamos, quiénes somos y la importancia que tiene lo que hacemos. Es la única forma de exigirle a las instituciones lo que es debido. Somos realistas, sabemos que no somos el mercado de la pesca o de la agricultura, pero también hasta dónde podemos llegar.

Está claro en qué punto nos encontramos y hacia dónde queremos ir. Y para ello los primeros que nos tenemos que poner las pilas somos nosotros.

Si miras cinco o 10 años hacia adelante, ¿cómo imaginas SIMOF y qué sueñas conseguir para la moda flamenca en el ámbito internacional?

Desde luego visualizo esa internacionalización. Me gustaría, entonces, haber dado eso paso y que nuestros diseñadores fueran reconocidos de forma generalizada también fuera de las fronteras españolas.

Igualmente, me gustaría que Sevilla fuese una de las grandes capitales de la moda. No digo esta ciudad al azar, sino porque es la que tiene mayor número de productores de moda flamenca. Creo que esta sería una máxima a tener en cuenta y que es algo que el ayuntamiento de la ciudad tiene en mente.

Si tuvieses que dar un mensaje a quienes hoy empiezan en el mundo de la moda flamenca —tanto creadores como artesanos—, ¿qué les dirías sobre el valor de la formación, el oficio y la paciencia en un sector tan exigente?

Que esta industria, en general, es muy compleja, pero que yo entiendo que cuando uno ha tomado la decisión de meterse en ello ya se ha informado previamente. Y pienso que es esencial tener claro que la costura a medida, la de flamenca, es algo digno de estudio. Por eso es muy importante empaparse bien de los que ya están. Y en Andalucía eso lo tienen muy fácil.

También, para sobrevivir y salir adelante, hacen falta propuestas distintas y para ello es imprescindible la formación. Desde lo más básico. Para ser diseñador también tendrías que saber hacer un patrón, coser un dobladillo o un botón. En nuestra región, por suerte, tenemos muchos centros especializados que juegan un papel esencial.

A partir de esta base, cada cual ha de desarrollar su esencia, porque como en cualquier ámbito de la moda, has de diferenciarte. Cuando estás en este sector, sabes bien qué traje es de quién. Luego llega el buen marketing.

¿Qué se puede esperar de este 2026?

Nuestra apuesta siempre es por la exigencia y, por ende, la excelencia. No sólo miramos las novedades, porque hay algunas que no encajan si falla lo primero. En cuanto a tendencias, no me atrevo a decir nada.