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Interiorismo

Los expertos coinciden: "No puedes dejar el aire acondicionado apagado horas y luego llegar a casa y ponerlo a 16 grados"

Los expertos sitúan en 26 ºC o más la temperatura que puede resultar suficiente para mantener el confort en una vivienda con una vestimenta adecuada.

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En pleno agosto, el aire acondicionado se ha convertido para muchos hogares en un elemento casi imprescindible para sobrellevar las temperaturas, especialmente tras las sucesivas olas de calor que han marcado el verano. Durante las horas centrales del día, mantener una estancia cómoda puede resultar complicado.

El problema llega cuando el intento de ahorrar en la factura eléctrica lleva a cambiar constantemente la forma de utilizar estos equipos. Apagar el aire cada vez que se sale de casa y tratar de recuperar después el confort perdido bajando el termostato al mínimo es una de las prácticas más habituales durante el verano.

Sin embargo, estos pequeños gestos que hacemos para intentar ahorrar pueden acabar teniendo justo el efecto contrario. Alejandro Hellín, profesional especializado en climatización, explica qué hace él mismo en su vivienda y por qué considera que determinados hábitos muy extendidos no son la mejor estrategia.

La temperatura no hace que el aire enfríe más rápido

Una de las primeras ideas que conviene tener claras es que poner el aire acondicionado a 16 ºC no significa que la vivienda vaya a alcanzar antes una temperatura agradable.

El termostato establece la temperatura de consigna, es decir, el objetivo que debe intentar alcanzar el sistema, pero no convierte al aparato en un mecanismo de enfriamiento más potente.

La velocidad con la que una habitación pierde calor depende principalmente de la capacidad frigorífica del equipo, de las características de la vivienda y de las condiciones que existen en ese momento.

Influyen, entre otros factores, los metros cuadrados que hay que refrigerar, el aislamiento de paredes y ventanas, la orientación, la radiación solar que recibe el inmueble y la temperatura exterior.

Por eso, si una persona llega a casa después de varias horas de ausencia y se encuentra con una temperatura elevada, seleccionar una cifra extremadamente baja no hará que el equipo trabaje como si tuviera una potencia superior.

El propio Alejandro Hellín lo explica de forma muy gráfica durante su participación en el pódcast Sector Oficios, especializado en instalaciones y climatización. "Lo que hay que hacer es dejar trabajar a la máquina en condiciones. No puedes dejarla apagada y llegar a casa y ponerla a 16 ºC porque hace mucho calor", señala.

La recomendación coincide, además, con las indicaciones del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE).

Dos expertos hablan sobre climatización.

El organismo señala que, cuando se enciende el aire acondicionado, no conviene ajustar el termostato a una temperatura más baja de lo habitual porque la vivienda no se enfriará más rápido y el enfriamiento puede terminar siendo excesivo, con el consiguiente gasto innecesario.

El IDAE sitúa en 26 ºC o más la temperatura que puede resultar suficiente para mantener el confort en una vivienda. No se trata de una cifra que deba aplicarse de manera rígida a todas las personas o casas, pero sí sirve como referencia para entender hasta qué punto puede ser contraproducente convertir el termostato en una especie de "botón de turbo".

El problema de dejar que la casa se caliente demasiado

La cuestión, por tanto, no consiste simplemente en decidir entre tener el aire acondicionado encendido o apagarlo durante todo el día. La estrategia más adecuada dependerá de cada vivienda, del tiempo que permanezca vacía, de las temperaturas exteriores y de la eficiencia del sistema.

Cuando una casa permanece muchas horas cerrada durante una jornada de calor intenso, las paredes, los muebles y otros elementos del interior pueden acumular calor.

Las ventanas también pueden convertirse en un punto de entrada de radiación solar, especialmente en viviendas con una orientación muy expuesta durante las horas centrales.

Al regresar, no solo hay que reducir la temperatura del aire, sino que el propio inmueble necesita tiempo para recuperar unas condiciones cómodas.

De ahí que Hellín defienda que el sistema trabaje de una manera más estable y no convertir cada regreso a casa en una carrera para bajar varios grados en el menor tiempo posible.

Eso tampoco significa que mantener un aire acondicionado encendido durante muchas horas vaya a resultar automáticamente más barato que apagarlo. El consumo depende de numerosos factores y no puede calcularse únicamente contando las horas que permanece conectado.

Un aparato moderno puede reducir su potencia cuando se aproxima a la temperatura seleccionada, especialmente cuando se trata de un sistema con tecnología inverter. En lugar de funcionar siempre a máxima capacidad, puede adaptar su rendimiento a las necesidades de la estancia.

Por eso, las características concretas del equipo tienen una importancia considerable a la hora de valorar su consumo.

Así utiliza el aire acondicionado el propio experto

Alejandro Hellín pone como ejemplo su propia vivienda para explicar cómo organiza el uso de la climatización durante los meses de calor. Su rutina no consiste en tener el equipo funcionando sin interrupción durante todo el día, sino en concentrar su utilización en las horas en las que considera que realmente necesita mantener el confort.

"Mi máquina está desde la 1 de la tarde hasta las 5:30 de la madrugada, que me voy a trabajar. Tengo ese rango en el que la apago para ventilar y tal, pero luego vuelvo a encenderla", explica.

De hecho, Hellín cuenta que en su casa dispone de una instalación de aire acondicionado por conductos, un sistema que permite distribuir el aire refrigerado por diferentes estancias de la vivienda.

El profesional compara esta solución con la instalación de varios equipos independientes y destaca la homogeneidad térmica que puede proporcionar.

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"Tres equipos con sus tres instalaciones te valen más o menos lo mismo que montar una máquina de conductos", explica. En su caso, además, asegura que el uso de esta instalación no se traduce en una factura eléctrica especialmente elevada: "La verdad es que no pago una factura de luz disparatada".

Evidentemente, su experiencia personal no significa que cualquier vivienda vaya a consumir lo mismo.

Dos hogares con el mismo número de horas de aire acondicionado pueden presentar facturas muy diferentes debido al tamaño, el aislamiento, la eficiencia energética del aparato, la temperatura exterior o incluso la ubicación de las unidades interiores y exteriores.