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Interiorismo

Los ingenieros coinciden: poner el aire acondicionado a 16 °C no enfría tu casa más rápido y dispara el consumo eléctrico

Las estimaciones más utilizadas indican que por cada grado que se baja la temperatura programada, el consumo puede aumentar entre un 7% y un 8%.

Más información: Los arquitectos españoles coinciden: "Usar el ventilador con ventilación cruzada y buena orientación reduce el consumo eléctrico"

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El verano de 2025 quedó marcado como uno de los más extremos que se recuerdan en España. La temperatura media peninsular alcanzó los 24,2 °C y se batieron numerosos récords históricos durante unos meses en los que el calor se convirtió en protagonista absoluto de la vida cotidiana.

En aquel momento muchos pensaron que sería difícil vivir una situación aún más complicada. Sin embargo, diversos expertos en climatología advierten de que los próximos años podrían traer episodios todavía más intensos, con olas de calor más frecuentes, largas y severas en buena parte del país.

Cuando las temperaturas se disparan, llegar a casa y encender el aire acondicionado se convierte en un auténtico alivio. No obstante, incluso con algo tan habitual cometemos errores que pueden salir muy caros, como, por ejemplo, programar el aparato a 16 °C pensando que así enfriará la vivienda más rápido, una creencia que los ingenieros desmontan de forma rotunda.

Poner el aire a 16 grados no acelera el enfriamiento

La escena se repite cada verano: después de pasar varias horas en la calle bajo temperaturas sofocantes, entras en casa y ajustas inmediatamente el aire acondicionado a la temperatura mínima.

La lógica parece sencilla, si hace mucho calor, lo mejor será pedirle al aparato el máximo esfuerzo posible para que la vivienda se enfríe antes.

Sin embargo, la realidad es muy distinta y los especialistas en climatización explican que el termostato no funciona como el acelerador de un coche. Su misión no es indicar al equipo con qué intensidad debe trabajar, sino señalar cuál es la temperatura final que se quiere alcanzar.

La mayoría de los sistemas domésticos de aire acondicionado operan a plena potencia desde el momento en que se encienden hasta aproximarse a la temperatura seleccionada.

Esto significa que, si una vivienda se encuentra a 30 °C y el usuario fija el termostato en 24 °C, el equipo comenzará a funcionar al máximo rendimiento desde el primer segundo.

Exactamente lo mismo ocurrirá si se seleccionan 16 °C. El aparato no expulsará aire más frío ni aumentará su velocidad de enfriamiento, sino que trabajará igual de intensamente que en el caso anterior porque ya estaba utilizando toda su capacidad disponible.

La diferencia aparece más adelante. Mientras que al alcanzar los 24 °C el sistema reducirá su actividad o incluso se detendrá temporalmente, al fijar el objetivo en 16 °C seguirá funcionando durante mucho más tiempo intentando alcanzar una temperatura extremadamente baja para una vivienda en pleno verano.

En otras palabras, la velocidad de enfriamiento inicial es prácticamente la misma. Lo que cambia es el tiempo que el aparato permanece consumiendo energía de manera continua.

El impacto directo en la factura de la luz

Más allá del confort, la principal consecuencia de este hábito aparece en el consumo eléctrico. Los organismos especializados en eficiencia energética llevan años advirtiendo de que cada grado adicional que se reduce en el termostato supone un incremento significativo de la energía necesaria para climatizar una vivienda.

Las estimaciones más utilizadas indican que por cada grado que se baja la temperatura programada, el consumo puede aumentar entre un 7% y un 8%. Aunque la cifra exacta depende de factores como el aislamiento de la vivienda, la potencia del equipo o las condiciones exteriores, la tendencia es clara.

Si se toma como referencia una temperatura de confort de 24 °C y se reduce hasta 16 °C, la diferencia alcanza los ocho grados. Traducido al consumo energético, esto puede representar un incremento aproximado de entre el 56% y el 64%.

La explicación está en el funcionamiento del compresor, considerado el corazón del aire acondicionado y también el componente que más electricidad consume.

Cuando el objetivo fijado es excesivamente bajo, el compresor permanece trabajando durante más tiempo y con una carga mucho mayor.

Mientras tanto, el calor exterior continúa intentando entrar en la vivienda. Las altas temperaturas del verano generan una presión térmica constante que obliga al sistema a seguir funcionando para compensar las ganancias de calor que se producen de forma natural.

Como consecuencia, el aparato permanece durante horas consumiendo electricidad a un ritmo elevado sin que ello se traduzca en una sensación de frescor significativamente superior para los ocupantes de la vivienda.

La temperatura recomendada por los expertos

Con el objetivo de mantener una temperatura agradable en casa sin que la factura eléctrica se dispare, los expertos recomiendan ajustar el aire acondicionado entre 24 °C y 26 °C.

Este rango ofrece un equilibrio óptimo entre confort y eficiencia energética, permitiendo disfrutar de un ambiente fresco sin aumentar innecesariamente el consumo.

Además, si al llegar a casa la sensación de calor es especialmente intensa, resulta más efectivo aumentar temporalmente la velocidad del ventilador o activar los modos de potencia máxima que incorporan muchos equipos modernos. E

l movimiento del aire sobre la piel produce una sensación inmediata de frescor sin necesidad de reducir drásticamente la temperatura programada.

También puede ser de gran ayuda utilizar ventiladores de techo o ventiladores auxiliares. Estos dispositivos consumen una cantidad de electricidad muy inferior a la del aire acondicionado y favorecen una distribución más uniforme del aire frío por toda la estancia.