Paloma Ibarra, arquitecta, sobre las reformas de la vivienda.

Paloma Ibarra, arquitecta, sobre las reformas de la vivienda.

Interiorismo

Paloma Ibarra, arquitecta, sobre las reformas: "Tirar una pared encarece la obra y no siempre mejora la vivienda"

Eliminar un tabique puede transformar la vivienda, pero también encarecerla y complicarla si se hace sin un proyecto previo.

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Tirar un tabique se ha convertido en una de las reformas más habituales en las viviendas actuales. La promesa de ganar luz, amplitud y una distribución más fluida, especialmente en casas antiguas muy compartimentadas, resulta lo suficientemente atractiva como para dar el paso.

Sin embargo, abrir espacios no siempre es tan sencillo como parece. Lo que empieza como una intervención aparentemente menor puede terminar afectando a la estructura, las instalaciones, los acabados y el presupuesto de toda la obra.

Así lo advierte la arquitecta e interiorista Paloma Ibarra, de Estudio Ibarra, en una entrevista concedida a la revista ¡HOLA!, donde insiste en que eliminar una pared no debe ser una decisión impulsiva, sino parte de un proyecto bien estudiado desde el inicio.

Principales errores

El primer error es pensar que cualquier pared puede desaparecer sin consecuencias. Una vivienda no es solo una suma de habitaciones, también es una estructura, y algunos muros cumplen una función esencial para sostener cargas.

Ibarra recuerda que un muro de carga suele tener más espesor que un tabique convencional, pero advierte de que esa pista visual no basta. "Ante la duda, es imprescindible hacer catas y contar con un técnico (arquitecto o aparejador)", señala la arquitecta.

Derribar una pared sin saber qué función tiene puede provocar grietas, deformaciones o daños mayores en la vivienda. En los casos más graves, puede comprometer la estabilidad del edificio, especialmente en inmuebles antiguos o con reformas previas mal documentadas.

Por eso, antes de coger la maza, conviene estudiar planos, hacer comprobaciones y valorar si la apertura necesita refuerzos, vigas, pilares o soluciones estructurales específicas. Tirar un simple tabique no tiene nada que ver con intervenir sobre un muro portante.

Además, no siempre la mejor solución es abrirlo todo. La experta defiende que los espacios diáfanos pueden ser muy atractivos visualmente, pero también generar problemas cotidianos si no se diseñan con criterio.

"En mi opinión, los espacios completamente diáfanos pueden resultar visualmente espectaculares, pero a menudo generan dificultades en el uso cotidiano", afirma. Según explica, cuando no hay límites claros, el espacio puede perder jerarquía y resultar más difícil de amueblar y organizar.

Los problemas ocultos

Uno de los grandes riesgos de tirar un tabique está en lo que no se ve. Dentro de una pared puede haber cableado eléctrico, tuberías, conductos, bajantes, sistemas de calefacción o instalaciones que condicionan por completo la reforma.

Algunas pueden desviarse, pero otras no admiten cambios sencillos. Y ahí es donde el presupuesto empieza a moverse. "Si se trata de tuberías o canalizaciones eléctricas, pueden desviarse, pero requieren intervención adicional. Si no se prevé desde el inicio, esto puede complicar la obra, alargar los plazos y aumentar el coste final", advierte Ibarra.

Ese es uno de los puntos clave: lo que no se planifica antes se paga después. Una instalación inesperada puede obligar a modificar el diseño, contratar nuevos trabajos, levantar más superficie de la prevista o retrasar la entrega de la obra.

A ello se suman los acabados. Al eliminar una pared, suelen aparecer diferencias entre los pavimentos de las estancias que antes estaban separadas. Puede faltar suelo justo donde estaba el tabique, existir desniveles o quedar materiales distintos que no encajan entre sí.

La arquitecta también alerta de las marcas en techos y paramentos. "Un problema muy habitual es la falta de continuidad en el pavimento, ya sea por cambios de material o por diferencias de nivel entre estancias. También pueden aparecer marcas en techos donde apoyaba el tabique o pequeñas irregularidades", explica.

En la práctica, tirar un tabique puede obligar a cambiar mucho más que la pared. A veces hay que igualar suelos, reparar techos, redistribuir puntos de luz, mover enchufes, rematar molduras o incluso rehacer parte de la climatización.

No siempre mejora la casa

La idea de unir cocina, comedor y salón funciona en muchas viviendas, pero no en todas. Abrir espacios cambia la forma de vivir la casa: las circulaciones se vuelven más fluidas, pero también se mezclan ruidos, olores, temperaturas y usos.

"Las circulaciones se vuelven más fluidas y las actividades tienden a integrarse", apunta Ibarra. Esa integración puede ser positiva en una zona de día familiar, pero problemática si se elimina la intimidad de un despacho, un dormitorio o un baño.

También puede afectar al confort térmico y acústico. Sin paredes, el ruido se propaga con mayor facilidad y la climatización pierde control por estancias. Por eso, la arquitecta recomienda prever "soluciones como climatización por zonas, buenos cerramientos o elementos intermedios que permitan modular el espacio según el momento".

Entre esas alternativas están las cristaleras, las embocaduras amplias, los muretes bajos, las lamas de madera o los cerramientos ligeros. Permiten ganar luz y conexión visual sin renunciar del todo a la separación funcional.