María Trabuchi, arquitecta, sobre la reforma de una casa construida el siglo pasado.

María Trabuchi, arquitecta, sobre la reforma de una casa construida el siglo pasado.

Interiorismo

María Trabuchi, arquitecta: "Compré un piso de 42 m2 de 1876, tiré todos los tabiques y empecé la obra desde cero"

Creatividad, planificación y gusto han hecho de un pequeño apartamento de más de un siglo un hogar contemporáneo.

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Comprar una vivienda antigua y transformarla por completo puede ser una de las aventuras más apasionantes para un arquitecto.

Eso es exactamente lo que vivió la arquitecta argentina María Trabuchi cuando encontró un pequeño apartamento de 42 metros cuadrados en Barcelona.

Era el año 2023 y, tras una larga búsqueda, decidió apostar por un piso situado en el barrio de El Clot. La vivienda estaba ubicada en un edificio histórico construido en 1876 y necesitaba una reforma integral.

Lejos de asustarse, la arquitecta vio en aquel espacio una oportunidad creativa. "Compré este piso, tiré todos los tabiques y empecé la obra desde cero", explica sobre el proyecto que bautizó como Carpe Diem, su primera vivienda en propiedad en la ciudad.

El resultado es un ejemplo de cómo un piso pequeño y antiguo puede convertirse en un hogar luminoso, funcional y lleno de personalidad.

Derribar para empezar

Cuando Trabuchi visitó por primera vez el apartamento, el interior no tenía nada que ver con el encanto que hoy desprende. El piso había sufrido reformas anteriores que habían ocultado parte de su estructura original.

Los suelos estaban cubiertos con baldosas de porcelana modernas, había un falso techo instalado y las divisiones interiores reducían la entrada de luz natural.

Para la arquitecta, aquello era justo lo contrario de lo que buscaba. Por eso decidió intervenir de forma radical junto a su socia, Eugenia Gatti, con quien dirige el estudio de arquitectura Estudio Dott.

La primera decisión fue derribar todos los tabiques y liberar la estructura original del piso. Al eliminar las divisiones, las arquitectas descubrieron elementos arquitectónicos con gran valor, como las vigas de madera y la bóveda catalana del techo, que aportan carácter histórico al espacio.

Sin embargo, la reforma también exigía reforzar la estructura. Para ello incorporaron cuatro vigas de hierro que permiten sostener el edificio tras la demolición de los muros interiores.

Con esta intervención se consiguió crear un gran espacio abierto que sirve como base para toda la vivienda. "Para mí era un laboratorio personal", explica Trabuchi. "Quería experimentar con materiales y soluciones que normalmente no podemos probar en los proyectos de nuestros clientes".

Piso pequeño, espacio abierto

Cuando una vivienda apenas supera los 40 metros cuadrados, cada centímetro cuenta. Por eso la distribución se diseñó pensando en la flexibilidad y la sensación de amplitud.

El resultado es un espacio open concept donde cocina, comedor y salón comparten un mismo ambiente.

Esta solución no solo amplía visualmente la vivienda, sino que permite aprovechar mejor la luz natural que entra por las ventanas.

Para reforzar la continuidad del espacio, las arquitectas optaron por un suelo de microcemento que recorre toda la casa sin interrupciones.

Las carpinterías combinan madera de roble con acabados lacados en blanco roto, creando un ambiente luminoso y equilibrado.

En el centro de la zona de día se encuentra la cocina, que para Trabuchi es uno de los espacios más importantes del hogar. La arquitecta, de origen argentino, siempre ha considerado que la cocina debe ser el corazón de la casa.

El diseño incluye una isla central con placa de inducción, horno y amplios cajones de almacenaje. La encimera está realizada en piedra Calacatta Paonazzo, mientras que los muebles lacados en tonos claros ayudan a mantener una estética limpia.

Para evitar sobrecargar visualmente el espacio, se prescindió de los muebles altos y se optó por estanterías abiertas.

El comedor también refleja esa búsqueda de funcionalidad. En lugar de colocar varias sillas que ocuparían demasiado espacio, se diseñó un banco de madera empotrado en la pared con almacenaje integrado.

Un hogar con personalidad

Más allá de la arquitectura, el proyecto también refleja el universo personal de su propietaria. El salón está presidido por una gran obra de arte de la artista Marina Dorgan, amiga de Trabuchi, que aporta un estallido de color al espacio.

La pieza está inspirada en los paisajes de Uruguay y se convierte en el punto focal de la estancia. "Esta zona es mi lugar favorito de la casa", reconoce la arquitecta. "La luz natural lo llena todo y crea un ambiente muy cálido".

El dormitorio principal, en cambio, busca transmitir calma. Para ello se ha utilizado una paleta de colores neutros y formas suaves que ayudan a crear un ambiente relajante. La cama incluye almacenaje oculto, una solución imprescindible para optimizar el espacio en una vivienda pequeña.

El baño, aunque compacto, introduce una nota más atrevida. Las paredes están revestidas con azulejos artesanales elaborados por un artesano local de Barcelona en tonos blanco roto y marrón rojizo.

La combinación con elementos de madera, griferías negras y un gran espejo aporta personalidad sin renunciar a la funcionalidad.

Por último, el pasillo demuestra cómo cada rincón puede aprovecharse al máximo. Ambas paredes están cubiertas por armarios que llegan hasta el techo, creando un sistema de almacenamiento discreto y muy eficiente.