Color como herramienta de proyecto.

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Interiorismo

Paulino Domínguez, arquitecto: "Beiges, arenas o verdes apagados en las paredes no cansan con el paso del tiempo"

Elegir el color de una pared no depende solo del gusto. La luz, el uso de la estancia y los materiales influyen más de lo que parece.

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Elegir el color de las paredes es una de las decisiones más visibles cuando se reforma o se decora una vivienda. Muchas personas buscan tonos que estén de moda o que llamen la atención en una muestra, pero no siempre se detienen a pensar cómo funcionarán esos colores en el día a día.

El arquitecto Paulino Domínguez, cofundador de Medio Estudio Arquitectos, explica que en interiorismo no existen realmente colores prohibidos. Lo importante no es tanto el tono elegido como la forma en la que se utiliza dentro del espacio.

"El color es una herramienta muy potente dentro de un proyecto de arquitectura interior", señala. Según explica, puede ayudar a ampliar visualmente una estancia, crear ambientes más acogedores o incluso modificar la forma en que percibimos la luz.

La importancia de entender el espacio

Uno de los errores más frecuentes, según Domínguez, es aplicar colores muy intensos sin analizar primero las características de la habitación. Un tono que parece atractivo en una pequeña muestra puede resultar demasiado dominante cuando ocupa una pared entera o una estancia completa.

Por eso, en los proyectos de arquitectura interior es fundamental estudiar factores como la orientación de la vivienda y la cantidad de luz natural que recibe cada espacio.

Una habitación orientada al norte suele recibir una luz más fría y difusa, lo que puede hacer que determinados colores se perciban de forma más apagada. En cambio, las estancias orientadas al sur reciben una luz más cálida y directa que puede intensificar los tonos elegidos.

Esa diferencia hace que el mismo color pueda cambiar completamente dependiendo del lugar en el que se utilice.

Colores que funcionan con los años

Otro aspecto importante es el uso que se da a cada estancia. En zonas de día como el salón, el comedor o la cocina pueden funcionar bien colores más vivos o con más personalidad, que aporten carácter al espacio.

Sin embargo, en dormitorios o zonas destinadas al descanso suele ser preferible trabajar con tonos más suaves y envolventes, capaces de generar ambientes tranquilos.

En este sentido, Domínguez destaca que los colores naturales suelen ser una apuesta más segura a largo plazo. Tonos como beiges, arenas, tierras o verdes apagados combinan bien con distintos materiales y estilos de decoración.

Además, tienen la ventaja de que no saturan visualmente con el paso del tiempo.

"Beiges, arenas o verdes apagados son colores que no cansan con el paso del tiempo", explica el arquitecto.

Estos tonos permiten que el espacio evolucione con mayor facilidad. Al ser colores neutros y equilibrados, encajan bien con diferentes muebles, textiles o elementos decorativos que puedan cambiar a lo largo de los años.

Domínguez insiste en que el buen interiorismo no consiste únicamente en lograr un resultado llamativo en el momento de terminar la obra. El objetivo es crear espacios que sigan funcionando bien con el paso del tiempo y que se adapten a la forma en que viven las personas.

Al final, elegir bien el color de las paredes no es solo una cuestión estética. También es una decisión que influye en cómo se percibe la vivienda, en la comodidad de quienes la habitan y en la capacidad del espacio para mantenerse equilibrado durante muchos años.