Silvia López
Publicada

Hablar de primavera eterna no es sólo invocar una estación, sino un estado mental donde el diseño y la biología se entrelazan para detener el reloj.

En un mundo marcado por la incertidumbre climática, la figura del paisajista ha trascendido la mera jardinería para convertirse en una suerte de alquimista moderno.

Desde el exotismo exuberante del Amazonas hasta el orden bucólico de la campiña inglesa, estos creadores de paisajes no sólo plantan especies; proyectan escenarios de resistencia estética donde la arquitectura se rinde ante lo orgánico, buscando ese equilibrio casi místico entre la mano del hombre y la fuerza indómita de la tierra.

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Las cuatro figuras referentes que hoy ocupan nuestro espacio comparten una visión común: la naturaleza no es un decorado, sino el lenguaje definitivo del lujo y el bienestar.

A través de sus desafíos —enfrentar la sequía, integrar estructuras vanguardistas y preservar la biodiversidad—, descubrimos que el verdadero reto del siglo XXI es domesticar el futuro sin restarle un ápice de su belleza salvaje.

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El viaje hacia el Edén perpetuo comienza aquí.

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    Poética de la luz

    Fernando Pozuelo es uno de los grandes referentes del paisajismo contemporáneo gracias a un trabajo que une sensibilidad artística, rigor técnico y una profunda dimensión emocional.

    Él mismo define su trabajo como "creativo, exclusivo, poético, amoroso, ensoñador, técnico y preciso".

    Desde su estudio, concibe el jardín como un acto conector: "La inspiración es la conexión con el cosmos, con el más allá, para traerlo a la tierra", un proceso que nace en el silencio y se materializa a través de la naturaleza.

    Para Pozuelo, "los elementos de la naturaleza son la paleta de pintor de un jardín". Su mirada experta detecta los errores: "No pensar en el agua es el gran pecado", seguido de la falta de coherencia y funcionalidad.

    Defiende un paisajismo basado en el equilibrio, "desde la ausencia de ego, la humildad y la simpleza", capaz de escuchar al lugar, al cliente y al entorno para crear jardines sublimes, fluidos y verdaderos.

    fernandopozuelo.com
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    Hacia lo salvaje

    Hana Eto Gall, formada en la Universidaad del País Vasco (EHU) y en la Universidad Federal del Amazonas, dirige desde Manaus un estudio especializado en sintonizar selva y arquitectura, a la que escucha para comprender "su lenguaje, sus vacíos, sus sombras, sus silencios".

    No se trata de competir, sino de revelar y completar con sutileza. Cuando la integración es real, "no es posible decir dónde termina la arquitectura y dónde comienza el jardín".

    La luz, el viento y el tiempo construyen una experiencia viva donde el paisaje deja de ser decorativo. La inspiración surge de observar cómo la naturaleza se organiza "con equilibrio, diversidad y sensibilidad" , y de respetar la identidad de cada territorio.

    ¿El mayor error que podemos cometer? "Olvidar que el jardín es un organismo vivo. Diseñarlo es escuchar deseos, aceptar el cambio y hallar belleza en el equilibrio entre intención y espontaneidad".

    Hana Eto Gall
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    La tierra habla

    Vibrante, contenido, atemporal, adaptable y sostenible. Así define el trabajo del estudio portugués Topiaris su paisajista en jefe, Teresa Barão.

    "Buscamos un equilibrio cuidadoso entre expresión y contención; jardines que dialoguen con la luz, el movimiento y el paso de las estaciones, pero que envejezcan con dignidad", explica.

    Para Barão, la inspiración nace siempre del propio terreno: "La tierra habla, sólo hay que saber escucharla: el clima, el viento, la topografía, la memoria del lugar...".

    Su método se basa en traducir los deseos del cliente y las condiciones del territorio en espacios honestos y duraderos.

    Mirando al futuro, apuesta por vergeles resilientes, arraigados y silenciosos, más centrados en la experiencia que en la imagen: "En un mundo acelerado, el jardín será un auténtico spa para el alma".

    topiaris.com
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    El jardín es un lienzo

    La británica Sarah Price debe a su formación en Bellas Artes ese toque pictórico que poseen los jardines que diseña, espacios inmersivos donde cada elemento vegetal dialoga con el entorno y con quien lo contempla.

    Su carrera incluye hitos como codiseñar los jardines de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y otros proyectos, públicos y privados, que han sido galardonados con medallas de oro en el prestigioso RHS Chelsea Flower Show.

    "Con mi trabajo busco elevar los sentidos y crear una conexión más profunda con el mundo natural", asegura, esta artesana que pone siempre las plantas en el centro del proceso creativo.

    "Creo firmemente en que trabajar en colaboración con la naturaleza y los materiales y tradiciones locales es la clave para transformar el diseño".

    sarahpricelandscapes.com