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Yaiza Canosa, empresaria española: "Conozco a más fontaneros bajándose de un cochazo que a desarrolladores"

Yaiza Canosa fundó su primera empresa con 20 años y desde entonces ha desarrollado su trayectoria como emprendedora.

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Durante años en España, estudiar una carrera universitaria se presentaba como uno de los caminos más seguros para conseguir un buen empleo y mejorar profesionalmente.

Al mismo tiempo, muchos oficios tradicionales quedaron asociados a quienes no querían continuar estudiando o buscaban incorporarse cuanto antes al mercado laboral.

Sin embargo, la falta de profesionales cualificados está cambiando esta percepción. La fontanería, la electricidad, mecánica, albañilería o carpintería son profesiones cada vez más demandadas, mientras encontrar trabajadores y trabajadoras especializadas en algunos de estos ámbitos se ha convertido en un problema para empresas y particulares.

Esta escasez también tiene otra cara: cuando aumenta la demanda y existen menos profesionales capaces de cubrirla, determinados oficios pueden ofrecer buenas oportunidades laborales, posibilidades de emprender e incluso ingresos que rompen con la imagen tradicionalmente asociada a estos trabajos.

Es precisamente una realidad sobre la que reflexionaba hace unos meses Yaiza Canosa, empresaria gallega y fundadora de GOI, durante su participación en el pódcast Actitud Constante, donde hablaba sobre el futuro del empleo, la tecnología y las cualidades que busca a la hora de incorporar trabajadores.

Oficios que necesitan profesionales

Para la empresaria, parte del problema comienza en la forma en la que durante años se ha hablado de determinadas profesiones. Trabajos como la fontanería, la mecánica o la construcción no siempre han contado con el mismo reconocimiento social que otras salidas profesionales.

La empresaria considera que todavía existe cierta percepción de que estos empleos "no están socialmente súper bien vistos, no son cools o no soy guais"

Una imagen que, a su juicio, no se corresponde con las oportunidades que pueden ofrecer actualmente. Canosa los define como "sectores maravillosos donde se gana dinero, se puede crecer y puedes ser empresario".

La emprendedora pone un ejemplo muy gráfico para explicar esta transformación. "A día de hoy conozco más fontaneros bajándose de un Land Rover que a desarrolladores", asegura.

Más allá del vehículo en concreto, su reflexión apunta a que dedicarse a un oficio técnico no implica necesariamente tener menos posibilidades económicas o profesionales que quien opta por empleos tradicionalmente asociados a una mayor formación académica.

Trabajos a los que no llega la tecnología

La llegada de la inteligencia artificial ha abierto además un debate sobre qué profesiones cambiarán o incluso desaparecerán durante los próximos años. Para Canosa, precisamente aquí existe otra ventaja para determinados trabajos manuales y técnicos.

"Hay un mensaje que no se le está dando a los jóvenes, que es que hay un montón de cosas a las que la tecnología no llega y ni va a llegar nunca, que son trabajos hiperdignos y que a la gente a lo mejor le encanta hacerlos", explica.

Una avería eléctrica, una tubería rota o determinados trabajos de reparación requieren todavía de profesionales capaces de desplazarse hasta el lugar, detectar el problema y resolverlo físicamente.

Sin embargo, Canosa cree que estas profesiones tienen además un problema de visibilidad. Mientras las redes sociales muestran continuamente determinadas formas de éxito profesional, los trabajadores de oficios tradicionales aparecen con mucha menos frecuencia.

"Lo que pasa es que los jóvenes, cuando tú te metes en redes sociales y ves gente con un cochazo, no salen, porque no tienen visibilidad, pero hay que dignificar muchísimo", reivindica.

Más allá de los títulos

La empresaria también cuestiona la importancia que se concede únicamente a los estudios o a haber trabajado en grandes proyectos a la hora de valorar a un candidato. Según explica, vivimos en un momento "en el que la 'titulitis', el decir que se han hecho cosas grandes o pequeñas, es muy relativo".

Para Canosa, resulta mucho más interesante comprender cómo trabaja una persona y qué papel ha desempeñado realmente en los proyectos que aparecen en su currículum.

"No necesito que me cuentes tus logros, necesito que me los dibujes, que me digas cómo trabaja tu mente y cómo lo aterrizas para saber si tu forma de trabajar y traducir las cosas a mí me sirve", señala.

Por ejemplo, si tuviera que incorporar a un director de marketing, explica que no se limitaría a preguntarle por una gran campaña. Preferiría conocer cómo organizó el equipo, cómo distribuyó las tareas o qué procedimientos siguió para sacarla adelante.

La razón es sencilla: "Del que dice que ha hecho un procedimiento al que lo ha hecho, hay un abismo".

Lo que busca en un trabajador

Su propia manera de seleccionar profesionales también ha cambiado con los años. Al comienzo de su trayectoria empresarial, Canosa daba especial importancia a características como la capacidad de trabajo, la perseverancia, la resiliencia o el compromiso.

La responsabilidad, explica, forma parte de lo que se espera de cualquier profesional porque "al final la responsabilidad se paga en la nómina".

El compromiso representa para ella algo diferente. Surge "de que la gente quiera trabajar contigo porque quiera creer en ti, en tu proyecto, porque te quiera seguir".

Sin embargo, con la experiencia ha comenzado a conceder todavía más importancia a otro tipo de cualidades. Al analizar a las personas que más han contribuido a transformar empresas o determinados momentos de su carrera, asegura haber encontrado características que van mucho más allá de la experiencia profesional.

Entre ellas están precisamente las habilidades sociales. Para Canosa, en un mercado cada vez más condicionado por la tecnología, la forma en la que una persona se relaciona con quienes tiene alrededor puede convertirse en un elemento diferencial.

"Hay dos motores que cambian a un perfil empresarial y son ser amable y ser alegre", concluye.